12 de septiembre de 2012 | Antonio Luis Merino Pérez

Historia de la Danza (10ª parte)

San Agustín de Hipona
San Agustín de Hipona, o San Agustín (Hijo de Santa Mónica) nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste y murió el 28 de agosto del año 430. Del sermón Nº 311, citamos estas palabras: “¿Puede alguien bailar en este lugar, aunque se canten salmos? Había una vez, hace muchos años, unos bailarines insolentes que se metieron a la fuerza en lugares similares. Como muchos de nuestros mayores pueden recordar, trajeron su suciedad y su insolencia incluso al lugar sagrado donde yace el cuerpo del Mártir. Durante toda la noche cantaron canciones desvergonzadas acompañadas de danzas. Cuando el Señor ordenó vigilias sagradas para nuestro santo hermano, vuestro obispo (Cipriano), entonces esta peste añadió algo de lustre a la fiesta, pero más tarde esta costumbre cayó en desuso a causa de un cuidado más estricto y por vergüenza de las enseñanzas del saber. Aquí celebramos la santidad y la fiesta de los mártires –aquí no habrá danzas. Y a pesar del hecho de que no había danzas, leemos en el Evangelio: hemos cantado para vosotros y no habéis bailado. Aquellos que no han bailado son reprochados, criticados, acusados, y desterrados. Aunque desvanecido hasta ahora, este descaro empieza a reaparecer: escucha lo que la sabiduría proclama- Deja que aquél que empieza a cantar, cante; deja que aquél que danza, dance- Porque ¿cuál es el significado de bailar si no armonizar los movimientos físicos con canciones? Escuchemos la canción; oigamos a los que danzan. Sed armoniosos en vuestras costumbres como lo son los bailarines en los movimientos de sus miembros. Procurad en vuestro interior armonizar con acciones virtuosas”. (Backman, L, 2009: pg.33).
San Agustín se posiciona claramente en contra de las danzas insolentes ejecutadas en lugares erróneos, a pesar de contar con salmos en sus cantos. Ya que estas danzas confunde el significado original y espiritual. Él censura la danza, pero sin embargo nos cita unas palabras del Evangelio: “hemos cantado para vosotros y no habéis bailado”. Por lo que advertimos que para él son necesarias y hace una clara diferencia entre los tipos de danzas. Según el Santo, se hace necesario festejar la fiesta de la santidad y de los Mártires con cánticos y danzas. Ya que aquéllos que no bailen serán reprochados, criticados, acusados y desterrados. Considera que bailar es conjugar los armoniosos movimientos corporales con bellos salmos. Por lo que hace un paralelismo entre los bailarines y demás gentes: reflexionando sobre la armonía con la que cuentan los bailares en sus movimientos, para que las gentes se miren en ellos e intenten armonizar el interior de sus almas con buenas acciones, y lleven una vida virtuosa, al igual que los bailares intentan armonizan su cuerpo al danzar. Sin duda es una deslumbrante comparación.
Para finalizar este sermón, San Agustín lo hace con unas escalofriantes palabras referidas a San Cipriano, ya que las fiestas que se estaban celebrando eran en su nombre: “Él oyó la canción, él se manifestó, danzando, no en cuerpo, sino en espíritu”. (Backman, L, 2009: pg.33).
El Santo Mártir Cipriano, se apareció danzando en espíritu, el mismo día que las gentes estaban celebrando su festividad. Este hecho tiene una relación directa con las danzas celestiales de los ángeles y también nos revela el estado de bienaventuranza del propio santo. Por lo que esta danza celestial de los ángeles, ejecutada por el mártir, se convierte en un baile eterno, que conecta el cielo y la tierra.
Honorio
Cristiano ermitaño que vivió en el XII. Fue un distinguido escolástico, que representaba a un cristianismo influenciado por la filosofía Platónica y puede que también Neoplatónica. Citamos una reflexión que el mismo hace sobre las danzas religiosas: “El coro de músicos tuvo su origen en la danza circular de la antigüedad ante los falsos dioses, de manera que se podía creer que ellos, atrapados por su alucinaciones, adoraban a sus dioses con sus voces y les servían con sus cuerpos. Pero en sus danzas circulares, ello pensaban en la rotación del firmamento; al estrechar sus manos pensaban en la unión de los elementos; en los sonidos de sus canciones rememoraban la armonía de los planetas; en los gestos de su cuerpo, los movimientos de los cuerpos celestiales; en el resonar de sus palmas y golpeo de sus pies contra el suelo, el sonido del trueno, algo que los fieles imitaban, convirtiéndolo todo al servicio de Dios. Porque podemos leer como la gente pasaba a través del Mar Rojo y luego bailaban danzas circulares, mientras María tocaba el tambor para ellos; como David bailó ante el arca con toda su fuerza y cantó salmos con la cítara. Y se cuenta que Salomón introdujo cantantes alrededor del altar que, con sus voces, trompetas, salmos, panderetas y citaras hacían que las canciones resonaran. Desde ese momento hasta ahora las danzas circulares se han ejecutado acompañadas de música. Mientras se dice que los cuerpos celestes giran al compás de la dulce música”. (Backman, L, 2009: pg.36).
Para Honorio, el bailarín al danzar, entra en conexión con el firmamento junto con la unión de los 4 elementos. Todo ello armonizado con el sonido de sus lindos cánticos, en imitación de los planetas. Donde los movimientos corporales del danzante son semejantes a los movimientos que realizan los cuerpos celestes. Y los zapateados son igualados al mismísimo trueno. Todo ello en armonía con Dios Padre. La reflexión que nos ofrece Honorio sobre el simbolismo de la danza, está completamente en consonancia con el carácter de la danza ritual de la antigüedad, con la danza religiosa sobre la que escribiesen los Padres de Iglesia y con la antigua danza de los tiempos.
El mismo simbolismo que utilizó el hermano Honorio, lo encontramos en los sermones del monje dominicano Rafael de la Colombe en 1622. Encontrándose por tanto en consonancia con las opiniones de los Padres de la Iglesia, pero más substancialmente con los pensamientos y sentires de Honorio y Luciano.
A continuación citamos algunas de las sorprendentes y magistrales reflexiones del monje dominico Rafael de la Colombe: “La danza es, un símbolo del orden universal y puede compararse con la danza de las estrellas. Porque la oración es una danza espiritual, que coge de la mano a los santos y al mismo Dios, según las palabras de Filón. Dios dirige la danza circular de los cuerpos celestes. Dios dirige dentro del círculo, el baila con el alma que reza y la agarra de la mano mientras salta, bailando. Porque la oración no es más que una danza en la medida en que nos libera de la tierra y nos lleva al cielo”. (Backman, L, 2009: pg.37).
Como hemos podido observar, lo primeros Padres de la Iglesia nos remiten tanto a las danzas sagradas judías como a determinadas citas de los evangelios, haciendo referencia constante a la danza de David ante el Arca de la Alianza (II Samuel 6, 14-16), o a la danza de María después de que los judíos pasasen ilesos por el Mar rojo (Éxodo 15, 19-20). De esta manera mostramos la existencia e importancia de la danza en la Iglesia, llevándonos a una serie de reflexiones que abordaremos en el apartado conclusiones.

 

 
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