7 de marzo de 2013 | Dulce Revolución Córdoba

El azúcar, veneno dulce

El azúcar, es una sustancia muy adictiva que tarda más que otras drogas en hacer mella en el cuerpo humano, algo que antes no se sabía, pero hoy en día sí. De ahí que sea tan importante no adquirir el hábito adictivo del azúcar, que siempre empieza en la infancia.
Tras años de abuso del azúcar, el sistema endocrino resulta alterado completamente debido al “efecto estímulo efímero” que produce. Provoca estrés, cambios de humor, pereza, fatiga crónica, descontento general, así como una conducta adictiva que busca de nuevo el “subidón” del azúcar. Con el tiempo, el sistema endrocrino no consigue funcionar con eficacia y la sensación de pesadez y cansancio es constante.
El azúcar, es el mayor mal que la civilización moderna ha llevado a los países del Lejano Oriente y África. Para la medicina oriental, las enfermedades son síntomas de un desequilibrio entre el cuerpo y la mente. El azúcar es un alimento yin y su exceso produce enfermedades yin, como el cáncer y la esquizofrenia. La hiperactividad en los niños y el cansancio crónico en adultos se deben al exceso de azúcar en sus dietas; de ahí la importancia de llevar una dieta libre de azúcares.
En 1940, el doctor John Tintera descubrió la importancia del sistema endocrino y de las glándulas adrenales y habló de un solo tipo de alergia relacionada con unas glándulas adrenales enfermas por los efectos de azúcar. Además, para el tratamiento de la esquizofrenia dijo que era necesario ver los niveles de tolerancia del azúcar del paciente antes de cualquier tratamiento.
La evolución y la modernización de la producción de azúcar fueron las causantes de convertirlo en un alimento que no alimenta. El proceso de elaboración tritura los granos integrales hasta convertirlos en polvo refinado sin nutrientes de ningún tipo, excepto calorías.
A finales del siglo XIX, hubo una inexplicable epidemia, la pelagra, una enfermedad que producía úlceras cutáneas, diarrea y demencia. Se creía que era infecciosa y mortal. Los médicos estaban tan ocupados buscando desesperadamente una vacuna que ignoraron la sabia observación de los campesinos: “Alimenta bien a un afectado de pelagra y se curará”. Efectivamente, la pelagra era una enfermedad causada por una dieta basada en cereales refinados y azúcar, y el doctor Joe Goldberger lo demostró saliendo del laboratorio para tratar directamente a los enfermos. Fue así como demostró que la pelagra no era contagiosa. Sus teorías no fueron aplaudidas, ni siquiera escuchadas: su descubrimiento no era lucrativo para la comunidad médica.
Por ese motivo, en la década de 1930, se inició la investigación para conseguir una sustancia milagrosa que evitara contraer la pelagra, y así nació la vitamina B1, comercializada a un precio apto para cualquier bolsillo rico (400 dólares el gramo). Lo que los médicos callaron era que esa vitamina se encontraba de forma natural en el arroz moreno o sin refinar.
El azúcar puede considerarse un antinutriente, no sólo porque aporta calorías vacías, sino también porque a la hora de ser digerido arrastra con él las vitaminas y minerales del cuerpo evitando que permanezcan en el organismo.
Y es que el azúcar no se digiere en la boca o en el estómago, sino que es transportado directamente al intestino y de allí a la sangre, algo que hace más mal que bien.
El paso del tiempo no ha hecho más que reforzar y demostrar, gracias a científicos y médicos comprometidos con la salud de las personas, que el azúcar que hay actualmente en el mercado no es ni bueno, ni saludable y mucho menos recomendable. La stevia supone, y debería ser, el sustitutivo definitivo para esta invasión del veneno dulce.
¿ES ADICTIVO EL AZÚCAR?
Cuando ingerimos cosas dulces, aumenta nuestros niveles de glucosa y eso nos provoca euforia, energía o sencillamente calma. El efecto es casi inmediato, pero también desaparece con rapidez.
El proceso de digestión convierte los alimentos en glucosa. Cuando nuestro cuerpo procesa el azúcar, aumenta la glucosa en sangre gracias a la insulina segregada por el páncreas, para posteriormente quemarlo o almacenarlo en forma de grasa. Si comemos mucho dulce, el páncreas segrega mucha insulina, más de la necesaria, y cuando esto ocurre, el azúcar se procesa más rápidamente, lo que provoca sensación de cansancio. El cuerpo lo “identifica” como una deficiencia de azúcar y nos pide más, con lo que se crea un círculo de dependencia.
Los estados de ánimo afectan a nuestro organismo y, por tanto, a nuestro peso. Dependiendo de las personas, un estado de ánimo determinado puede conducir a comer compulsivamente o al revés. Así, la mente puede confundir las ansias de azúcar como una auténtica necesidad sin realmente serlo. La adicción al azúcar puede llegar a compararse con la de la nicotina. La industria tabacalera conoce el efecto adictivo del azúcar refinado y por eso no es de extrañar que se use azúcar en la elaboración de tabaco para darle “mejor sabor”.
Los nervios, la ansiedad, la alegría y el mal humor son sentimientos que nos alteran y que pueden conducir a comportamientos compulsivos con la comida. Por eso, muchas personas comen sin parar cuando están nerviosas, sobre todo cosas dulces.
La stevia ayuda a evitar caer en esta dinámica de dependencia y adicción al azúcar, sin renunciar al sabor dulce. La stevia no contiene calorías sin nutrientes, que lo único que provocan es aumento de peso. La stevia es un gran sustitutivo del azúcar porque consigue calmar la necesidad de comer dulce sin engordar, simplemente masticando sus hojas, un método fácil y sano.
Para saber más, consultar “Stevia” de Ediciones Obelisco.
www.dulcerevolucióncordoba.org
 
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