13 de febrero de 2020 | Joaquín Rayego Gutiérrez

Pie de foto

(A Manuel Montes, devoto de su pueblo, y coleccionista de afectos)

Pie de foto
Pie de foto
─“Canción llena de horas/ perdidas en la sombra.”

La santificación de la palabra en tertulia amistosa es la mejor manera de expresar libremente nuestra comunión con la vida, sin necesidad de acotar el pensamiento, ni tener que tragar sapos y culebras por un silencio cómplice:

─ “In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum.”

En este punto siempre creí loable la amistad entre personas de distintas ideologías, como la del santanderino Menéndez y Pelayo y el canario Pérez Galdós, por poner un ejemplo de hombres sabios. Y es que los sabios, como las moscas, tienen distinta visión, y son difíciles de atrapar en vuelo.
En nuestro país, en cambio, la enemistad entre hermanos responde a una política “de tierra quemada”, que impide la foto de familia, y que sólo beneficia la confrontación entre iguales, y la Fiera Corrupia de la corrupción, del egoísmo, del racismo, y de la injusticia…
El andaluz siempre fue un individuo tremendamente condescendiente con los demás, que como expresión de desacuerdo prefirió el silencio, o una simple nota de humor a pie de foto.
El andaluz es cordial y no hace ascos a saludarse con desconocidos, y a regalar un “¡Buenas tardes!”, “¡Buenos días!”, o “¡Buenas noches!”; tal vez por cuestión de estilo, por su naturaleza desprendida y generosa, o para que el foráneo sepa que se le acepta como uno más.

─ “Si sobre estas calidades ─ escribió Estébanez Calderón en su “Escenas Andaluzas” ─ no tuvieran infundida en el pecho más de una razonable prudencia, y el diestro y siniestro brazo no los hubieran como atados a un fino bramante que les tira, modera y detiene en el mejor punto de su cólera, no hay más tus tus, sino que el mundo sería a estas horas más yermo que la Tebaida...”.

En el paso de peatones tres individuos esperan para cruzar la calle, con su ofrenda de pan bajo el brazo. Como niños en su primer día de colegio cada cual rompe el hielo con una aproximación: el uno pateando el suelo a la manera de bailaor de flamenco, el otro frotándose las manos con entusiasta dedicación, y el tercero sacando a flote una amplia sonrisa, y dando pie a un diálogo entre vecinos:

─ “Lo bueno del frío es que conserva el cutis terso, ¿verdad usted?…”

Como si de un sorteo de la ONCE se tratara en los informativos de la mañana saltó la noticia de un primer premio de consolación: en el Parque Alcosa, y gracias a la desinteresada dedicación de unos cuantos, se había logrado el objetivo de convertir un vertedero de basuras en un saludable pinar, para disfrute de todos:

─ “Somos la luz que alumbra con ardor lo más oscuro”.

Entre retazos de niebla el día se espeja de luces; y de mantenerse los pronósticos es probable que esas vibraciones crezcan en intensidad con la fuerza de un tsunami: que un ascua de luz inunde los corazones de ilusión y de esperanza; o que la voz de un muecín nos alegre el oído por esas callejas de Santa Cruz:

─ “We are the Word. We are the children”

Desde que el mundo es mundo el yin y el yang, lo consciente y lo inconsciente, la alegría y la tristeza, la vida y la muerte, lo celestial y lo terreno, las tinieblas y la luz, constituyen a partes iguales nuestro inevitable plan de vida.
Hace unas semanas era un retrato de los abuelos lo que nos sugería un emotivo pie de foto.
Otro día fue el ruido de un choque de trenes lo que nos hacía sonreír; un papel escrito a mano, pegado al espejo del ascensor:

─ “La persona que fuma en el ascensor debe dejar de hacerlo, yo sufro de fuerte asma y me afecta mucho el humo. En el caso de reincidir, como me encuentre al maleducado emprenderé medidas legales”.

Y anteayer fue un lector de periódicos ─ de esos que acostumbran a disfrutar del panorama de actualidad tras las ventanas de un Casino─ quien me refirió que el Gobierno holandés pretendía la libre prescripción de una pastilla letal que ayudase a morir a los ancianos, y a los desmotivados que lo deseen:

─ ¡Lagarto, lagarto…! Qué avinagrados están, y qué poco gusto tienen... Me recuerdan la estomagante charla sobre educación sexual de un ex Consejero de la Junta, o la llamada “Guerra de los Huesos”, que llevó a dos paleontólogos a disputar sobre el precio de los huesos de dinosaurio, a fin de obtener el título de “sabio” oficial.
Por mí que se queden con los huesos, con la gallina, y con el cortijo…! ¡Y que los aguante su tía!

─ ¡Fácil lo pones…! ¿“Y vas a dejar que te desplumen, como el Gallo de Morón”…? ¡Si lo más probable es que sea una broma…! ¡Si van a subir la pensión…!
Que no está la economía para prescindir de los viejos, que tantos rotos tapan; ni de los viajes del “Imserso”, que con los ojos cerrados, e incluso ciegos, aún nos queda mucho paisaje humano que ver, como dice el mejicano Manuel Gutiérrez Nájera: “¡Qué cosas ven los ojos cuando están cerrados! Parece imposible que tengamos tanta gente y tantas cosas dentro (…) Jesús ¡qué de cosas han de ver los ciegos!”.

─ Pues lleva usted razón, que aún quedan asignaturas pendientes a las que puso en valor la imaginación: tal que bailar un pasodoble junto al quiosco de El Llano, peregrinar al pasado en un renqueante vagón de tercera, o pasear con tu gente por esa patria chica “del buen recuerdo”.

─ Para quien tuvo la suerte de nacer allí, de tener un pantalón de diario y otro de vestir, una familia que llevarse a los labios , y un plato en la mesa…, todo se podría resumir en un álbum de fotos, iluminado de momentos vividos: retratos de estudio del fotógrafo “Molina”, postales de Basilio Alcañiz, ilustraciones y grabados, escenas de películas, melodías de juventud, idas y venidas por el paseo de El Llano, domingos de fútbol y de futbolín, la arquitectura “colonial” , la buena sombra del Peñón, y una mirada de fiesta a las puertas del Casino, …

─ Atrapar el instante en un segundo es un vuelo tan sólo al alcance de una abubilla, de un niño─ dios, o de un fotógrafo, que diría un poeta romántico: “¿Qué hay más delicioso que el bello colibrí que se detiene un momento en una flor abierta?”.
En una obra dramática de D. Antonio Buero Vallejo, “El Tragaluz”, un anciano padre de familia se entretiene en recortar fotos de revistas, como si buscara a alguien.
Para quien no acostumbra a soñar con nada, ni nadie, existe la posibilidad de contemplar una instantánea en blanco y negro, de analizar el pasado, de reflexionar sobre el paso del tiempo, de observar cómo afectó a nuestras vidas, y el poso que nos dejó…

─ ¿Y si nos largaran un virus; y si nos dieran “la pastilla”; y si nos abocaran a un suicidio colectivo… quién escribiría la memoria “histórica”? ¿Y quién la memoria “democrática”? ¿Y qué juez se molestaría en buscar a Wally, y su jersey de rayas rojas, con tantas pistas falsas?

─ ¡Malos tiempos para la lírica!, tiempos de cuarentenas, de prohibiciones y represalias, de ladrones consentidos, de gasas para la boca, de “soy el novio de la muerte…” y de trivialización de la vida, de salidas de pata de banco, de decretazos…
Propongo que nos encerremos en una casa de campo para huir de la necedad; que busquemos cosas que hacer, y abordemos proyectos imaginativos, como aquellos florentinos que para escapar de la peste bubónica imaginaron hermosas historias.
Propongo reunir una buena colección de fotos, aunque haya que ir a por ellas a la calle Feria, o al Rastro; o pedirlas prestadas a mi paisano Manuel Montes; por si la fuerza de la propaganda nos llevara a olvidar quiénes somos.

─ Los rifeños, dicen, suelen llevar siempre encima un amuleto protector. Es un pedacito de papel, en el que está escrita una Sura, que tiene por receptáculo un trozo de piel de cordero cosido por las puntas, y anudado a la cintura por una cuerda, a modo de cinturón.
En el fondo un talismán como el que todos llevamos en nuestra cartera: una fotografía, con su correspondiente pie de foto:

─ “Para el niño enamorado de láminas y mapas,
el universo es igual que su hambre ilimitada.
¡Ah, qué grande es el mundo a la luz de la lámpara!
¡Y qué pequeño el mundo para los ojos de la memoria! (…)
Pero los verdaderos viajeros sólo parten
por partir; corazones livianos, como globos,
jamás escapan de su fatalidad,
y, sin saber por qué, siempre dicen: ¡Vamos!”

P.D.: Fotografía de la Comisión Organizadora de la Velada literaria que tuvo lugar en el Casino del Terrible, el 5 de mayo de 1905, con motivo del III Centenario de la Publicación del Quijote. Todo un hito cultural sobre el que reflexionar.
 
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