26 de septiembre de 2017 | Joaquín Rayego Gutiérrez

Un magnífico anfitrión

─ “El disimulo de Antequera: la cabeza tapada, y el culo fuera”. (Dicho popular)

Agustina de Aragón, defensa de Zaragoza
Agustina de Aragón, defensa de Zaragoza
Con relación al tema de los independentistas catalanes, y vascos, la actual situación del país viene de lejos, como todos sabemos. Concretamente se remonta a la última etapa de la Democracia, y se complica de nuevo a partir de la Transición.
Desde el inicio de ésta, y una vez acabado el periodo Constituyente, se les concede a los partidos nacionalistas unas atribuciones que ahora estamos pagando.

Para elegir a un diputado a Cortes del separatismo vasco, o catalán, se necesitan muchos menos votos que para elegir a un diputado de cualquier otro partido.
De ahí las continuadas quejas del Partido Comunista, donde un diputado suyo equivalía a un número de votos muy superior al de un grupo separatista.
Por tanto, el primer punto a reparar en la reforma constitucional sería el de eliminar tan señaladas diferencias entre regiones y partidos, y no dar más pábulo a los abusones.
Por esa razón se hacía imprescindible para los gobiernos de la democracia la obtención de unas mayorías absolutas.
En esta última legislatura, por ejemplo, los vascos se llevaron hasta el manso, y además seguían quejándose.
¿Por qué entonces los veintitantos diputados andaluces del PSOE no apoyan los presupuestos, y negociamos también nosotros para poder sacar una buena tajada?
Mataríamos así dos pájaros: ayudar a la gobernabilidad del país, y quitar de en medio al señor Sánchez, partidario ferviente del “diálogo” con los independentistas.
Sánchez, e Iglesias: dos grandes impresentables; que lo primero de todo es la unidad del país, y todo lo demás se podría hablar con tiempo.
¿Qué es lo que sucede, entonces? ¿Que no se podría tratar acerca de la corrupción de los individuos, y de los partidos, se llamen éstos como se llamen? ¿Que no sería posible sacar una ley para quitarle las manos a los sinvergüenzas, sean del color que fuesen…?
Todo es posible en Granada; todo, menos romper un País, como quien tira de la cadena del water.
Sois precisamente vosotros, los descerebrados, los Otegis de las bombas de mano, y el diablo en el culo, los Rufianes del insulto, los Iglesias incendiarios de los cócteles Molotov, los que impedís que se tome en serio, y con la debida justicia, los casos de corrupción extraordinarios.
¿Se puede permitir que en la sede de un partido político se rompan a martillazos las pruebas de la corrupción, como pasa en Cataluña?
“El disimulo de Antequera: la cabeza tapada, y el culo fuera”.
Que no hablamos tan sólo de culos, y de figurar o no; que lo primero de todo es la Unidad de España, y después ya vendrá todo lo demás. Y salga el sol Antequera, por donde Lenin, por donde Castro, por donde Chaves, por donde Pol Pot, o por donde más apetezca de mamar de las ubres de la vaca.
O mejor, leche de higuera, que es irritante; y es el árbol donde Buda alcanzó la “iluminación”.

En segundo lugar, las atribuciones en Educación fueron tales que, desde la época de Suarez, los independentistas ya empezaron a tender puentes de plata a los altos funcionarios de tan exclusiva administración; léase catedráticos de universidad, magistrados, médicos, etc., …llegando a cuerpos tan dignos como fue el de los maestros.
Numerosos catalanes, y opositores, se tenían que ir de allí, caso de no superar el examen de catalán, de nivel C. Sin tal requisito nada se podía hacer.
Y sigue igual hoy en día. Sin el nivel C de catalán no se puede opositar, pero un catalano─ parlante sí que puede acceder a las catorce restantes, de un total de diecisiete:

─ ¡Pero qué es esto, por Dios..!

─ Ah, amigo, estamos es España, sí, pero eso qué importa. Ya sabe: o tiene usted el nivel C, o se vuelve a su comunidad, a pie, o en el AVE. Así de clarito.
Yo, en cambio, sí que puedo hacerlo en la suya, y procurarme una plaza en su pueblo. Ja.

Luego, y a renglón seguido, tras las competencias educativas vendría el adoctrinamiento de la juventud, como actualmente se está viendo en las calles.

─ “Mi nieto ─ me dice un amigo íntimo ─ nació en Barcelona, y habla perfectamente el catalán. Este verano me comentó que el pasado curso le quitaron un punto en un examen de Historia porque había escrito que el condado de Cataluña, y tal, y tal… Le corrigió el profesor, incidiendo en aquel lugar común tan socorrido del Reino de Cataluña.
Por prudencia, y tal vez por miedo, el joven no respondió sabiendo lo que se jugaba; pero él, que ya había estudiado el tema a través de varias fuentes, sabía bien lo que se hablaba, pero que no admitía discusión, en modo alguno.
Lo último que le ha pasado al chico lo he visto con mis propios ojos: es la deducción de un impuesto de su libreta de ahorros, correspondiente al día 14 de septiembre, de 7,90 euros, por parte de la Generalitat de Cataluña, y sin dar razón de este hurto.
Tengo el importe del cobro en mis manos, y no es la primera vez que lo observo.
Y no dejo de revinar ofuscado: Si a todas las cuentas le hacen esa deducción, o bien de forma proporcional, ¿Cuánto dinero podrían quedarse estas urracas, para así disfrutar de un buen nido?”

Solución dos, como resultado a pie de calle de una experiencia real: eliminar las competencias en Educación, para volver a formar ciudadanos libres, y capaces de una respuesta a toda clase de manipulación.

─ “¿Sabes que, según mi nieto, en las clases normales de Educación Primaria, e igualmente en Institutos, hay más horas de clases de cualquier idioma ─ inglés, francés, etc…─ que de español?
Pues así lo verás más clarito.
Y poco a poco, sin ningún tipo de protección contra estas vacas sagradas que lloran, se van formando los nidos de separatistas que estamos viendo estos días en algaradas callejeras. Chicos normales sacados de sus aulas para ir a manifestarse.
¡Ah! Y de las clases, nada. Ahí es imposible. No hay fuerzas del orden capaz de acabar con esto.
Se acabaría, tal vez, eliminando todas esas competencias, y sus mil y una triquiñuelas, después de muchísimo tiempo, … desmantelando unas estrategias que fraguaron esos enanitos “mandilones” hace ya la friolera de más de 40 años.
Razón de más por la que los independentistas vascos, a pesar de sus más de mil muertos, prefirieron dejar las armas, y aprender euskera, que resulta más rentable.
En resumidas cuentas que más competencias todavía, como proponen algunos, nada de nada.
Escuché decir a un profesor emérito de Historia, hace tan solo unos días, que en tiempo de la segunda República tuvieron la cuarta parte de las actuales; que ni si quiera un Estado Federal podría dar más atribuciones que las que ahora mismo tienen.
Entonces qué hacer: según estos de la politiquería ─ que yo en mi lenguaje llano traduzco por otros términos─ que le den más competencias, más cava, y más dinerito para gastar…
En fin, señores, que o se coge el toro por los cuernos y nos la jugamos de una vez, o volvemos en un santiamén a los Reinos de Taifas.
Que no es cuestión de competencias, sino de todo lo contrario.
Que el Idioma oficial en España es el castellano; y el que quiera hablar el euskera, o el catalán que lo haga, pero sin “machacar” a nadie, ni marginar a las cloacas a quien lo desconoce.
Reforma Constitucional, sí; pero no para hacer más daño: para reparar los daños causados por tan trasnochado rencor, y por tan torpe entreguismo.
Que cada voto valga igual en cualquier parte de España. Que todo lo demás es un fraude.
E introducir, así mismo, el rasgo de “ilegalidad” en aquellos partidos que definen en sus estatutos la separación de España como objetivo.
Como sucedió con Tejero a quien, por un intento de golpe de estado se le aplicaron 30 años de prisión.
Y quien no desee vivir en España que se vaya a vivir a otra parte, que “el mundo es ancho y ajeno”; por ejemplo a Venezuela. Allí se presenta la política con esa altura de miras en la que necesitan algunos espíritus luminosos.
Que en este país llamado España todos somos buena gente, y magníficos anfitriones; pero eso no implica ejercer de “cornudos”, que es el deshonroso papel que asumió Anfitrión; que hay libertad de volar, y nadie retiene a nadie.
Seguro…
 
Un magnífico anfitrión
                     
 
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