Ayer pudimos observar perplejos, a través de la televisión, cómo desahuciaban del piso de toda la vida, en el barrio del Retiro, a una mujer de 87 años que tuvo que salir del que había sido su hogar desde 1956.
Este desahucio tiene voz y vida propia: la de Maricarmen. Una anciana que, después de tantos años en su casa, ha tenido que abandonarla porque la empresa propietaria le exigía un alquiler que no podía pagar con su pensión.
Porque Maricarmen podría representar a nuestra más dulce y tierna abuelita. Una mujer que ha pagado toda su vida su alquiler religiosamente, pero a la que ahora le pedían una cantidad muy superior a la que venía pagando. En esa casa vivió con sus padres y guardaba los recuerdos de toda una vida.
La pregunta en cuestión es la siguiente: ¿qué se hace tras el desahucio de Maricarmen? ¿Nos indignamos hoy y mañana seguimos como si nada hubiera pasado? Mientras tanto, se sigue permitiendo que una persona que ha pagado su alquiler durante décadas se encuentre sin una vivienda a la que pueda acceder.
Y, mientras vemos salir a Maricarmen de su casa, conocemos también la compra de un ático por 6,3 millones de euros a través de una empresa pública de la Comunidad de Madrid. El Gobierno de Ayuso reconoció que podía utilizarse para alojar ocasionalmente a autoridades. Son hechos distintos, pero resulta difícil no pensar en las prioridades de quienes nos gobiernan cuando vemos a una mujer de 87 años perder su hogar.
La vivienda es un asunto demasiado serio para crear alarma únicamente con los ocupas. Mientras unos pueden vivir a todo tren, otros viven con el miedo de acabar en la calle o son desahuciados, como Maricarmen. Nuestra clase política debería mirar a esas personas cuando habla de vivienda.
Pero el foco no hay que ponerlo solamente en Maricarmen, que creo que es de suma importancia, sino también en aquellos matrimonios jóvenes y no tan jóvenes que han perdido sus viviendas; y en quienes avalaron las casas de sus hijos, en muchos casos sus padres. Detrás hay familias e historias que también deberían contarse y ponerse en el foco público.
Maricarmen es fiel reflejo de un problema que existe en nuestro país. Un país donde tener una pensión y haber pagado el alquiler toda la vida no siempre basta para conservar el lugar al que llamamos hogar.
Ayer observamos cómo se llevaban a Maricarmen en camilla después del desahucio. Una imagen difícil de olvidar, que ha hecho que muchas personas se pongan en su piel y se pregunten qué va a ser ahora de ella.
El lado solidario no se hizo esperar. Vecinos y otras personas acudieron a apoyarla, aunque no lograron impedir que tuviera que salir de su casa. No hace falta tener muchos bienes ni mucho dinero para saber empatizar y sensibilizarse con estos casos.
Tal vez, queridos lectores y lectoras, no haga falta irse muy lejos para conocer casos de desahucios que ha habido en nuestro pueblo y de los que nadie se ha hecho eco.
Lo más honesto y lo más sensato es ponerse en la piel de Maricarmen y de aquellas personas que han perdido su casa o su piso tras ser desahuciadas.
¿Qué más hay que hacer para que no se vuelvan a repetir casos como el de Maricarmen?
Me solidarizo con Maricarmen y, desde este artículo emocional de MOTIVA-TÉ, le mando todas mis fuerzas y mi apoyo para que siga creyendo en la sociedad y en las personas, pese a haber perdido el piso que fue su hogar durante tantos años.
¡TODOS SOMOS MARICARMEN!
MOTIVA-TÉ CON ESTA HISTORIA SOBRE MARICARMEN, QUE FUE DESAHUCIADA DE SU PISO, PERO NO PERDIÓ SU DIGNIDAD.
Y tú, ¿estás motivado o motivada? ¿Te encuentras motivado o motivada?
MOTIVA-TÉ con estos artículos sobre reflexiones y pensamientos emocionales para los lectores y lectoras de Infoguadiato.
SERGIO DELGADO CINTAS





























0 comentarios