1.- ¿Qué te llevó a dedicarte a la enseñanza y a elegir Educación Física?
—Soy maestro de vocación, como lo fue mi padre. Creo que soy un afortunado por tener la mejor profesión del mundo. Es un privilegio poder contribuir a la formación de los niños en las primeras etapas de sus vidas.
Siempre me ha encantado el deporte en general, por eso elegí esta especialidad, aunque he estado muchos años siendo maestro de Educación Primaria y me he sentido muy cómodo.
2.- ¿Cómo es un día de trabajo en el CEIP Bilingüe San José de Calasanz?
—Nunca hay dos días iguales… Siempre trato de sorprender a los niños de una forma u otra. Además de maestro, me considero bastante bueno como payaso, jajajajajajaja. A los niños les encanta reír y pasarlo bien, evidentemente dentro de unos límites. Solo cuando un niño o una niña está feliz en un entorno cómodo y relajado es cuando se consigue una base idónea para el aprendizaje.
El San José de Calasanz cuenta con unas instalaciones espectaculares, un equipo directivo experimentado que te permite trabajar con mucha flexibilidad y el mejor equipo de Educación Infantil con el que he trabajado nunca, de verdad. El compromiso de Natalia, Nieves y Marga no entiende de horarios y su implicación va mucho más allá del horario escolar. Aun así, por encima de su excelencia profesional, lo que las hace verdaderamente únicas es su extraordinaria calidad humana. También tengo compañeras con una gran experiencia y otras, más jóvenes, con unas ganas de trabajar tremendas y muy buenas ideas. Luego está Paqui, nuestra única PTIS, que se multiplica para hacer ella sola el trabajo que tendrían que hacer varias personas. Trabajar con ellas es muy fácil.
3.- ¿Qué es lo que más disfrutas de tus clases y qué te resulta más difícil?
—Para mí, enseñar es mucho más que un trabajo. Es una experiencia única de ayudar a construir personitas seguras y luchadoras, capaces de creer en sus propios sueños. Es muy gratificante ver cómo los niños más inseguros te muestran cada vez más confianza y empiezan a creer en su propio potencial.
Quizás lo más difícil sea buscar diariamente ese punto de innovación y sorpresa para que la motivación de los niños y niñas siempre se mantenga en lo más alto.
4.- ¿Cómo son tus alumnos y alumnas? ¿Qué consiguen enseñarte ellos a ti?
—Son encantadores, de verdad. Cada uno es único y especial a su manera. Estar con ellos es estar en constante aprendizaje. Te puedo asegurar que diariamente recibo lecciones de resiliencia, perdón y cariño sincero, lecciones que te hacen más humano. Los niños te enseñan que, a veces, no tienes que mirar el mundo tal y como es, sino tal y como lo verían ellos a través de sus ojos. Aprendo todos los días a aferrarme a ese trocito de niño que queda dentro de mí para que no se vaya nunca.
5.- Antes de llegar a este colegio, ¿en qué otros centros has trabajado? ¿Qué recuerdos guardas de aquellas etapas?
—He estado en muchos colegios y ciudades, pero hay dos de los que guardo unos recuerdos muy especiales: uno es el CEIP Peralías Panduro, de Corteconcepción, al lado de Aracena. Gran parte del alumnado de este colegio procede de un centro de menores que está en el mismo pueblo, creando un entorno con unas oportunidades humanas y pedagógicas espectaculares. Desarrollas una sensibilidad especial hacia las dificultades de los demás y, al normalizarse la diversidad, se crea una gran comunidad libre de prejuicios. De esta etapa recuerdo con mucho cariño a Esther y Joaquina, dos personas excepcionales.
Algo parecido, pero a mayor escala, me ocurrió en Algeciras. Allí estuve tres años que me han marcado para siempre en mi profesión. Ser maestro en Algeciras ofrece una experiencia personal y humana única en España debido, sobre todo, a la multiculturalidad. Tienes todos los días la oportunidad de trabajar los valores de una forma real y práctica, viendo cómo se integran diariamente niños y niñas de diversas culturas con total naturalidad. El enriquecimiento lingüístico y metodológico te desborda, es espectacular. En Algeciras no tuve compañeras de profesión, tuve una familia: Virginia, Tay y Vero son mis hermanitas adoptivas.
Recuerdo, cómo no, muy especialmente a Toñi Pineda, paisana de Peñarroya, a la que seguro conoces. Era directora del CEIP Andalucía. Toñi es una persona con unos valores inquebrantables y una capacidad de trabajo espectacular, una súper heroína.
6.- ¿Crees que se reconoce suficientemente el trabajo de los maestros? ¿Qué parte de vuestra labor pasa más desapercibida fuera del colegio?
—Me siento valorado y reconocido por mis niños y niñas y, para mí, eso es más que suficiente. La parte emocional de nuestro trabajo creo que es la que pasa más desapercibida para la gente que lo ve desde fuera.
7.- Desde tu experiencia, ¿qué necesita mejorar la educación? ¿Qué cambios os ayudarían de verdad en el día a día del aula?
—Tienen que mejorar muchas cosas, empezando por los recursos humanos, cada vez más insuficientes, para que todos los niños y niñas puedan ser atendidos como merecen y siempre en base a las características y capacidades de cada uno. Recuerda que antes te hablaba de Paqui, única PTIS del San José de Calasanz.
Sin embargo, aquí me gustaría detenerme un momento en otro aspecto que es fundamental: como te he dicho antes, primero hay que educar el corazón y luego la cabeza. Un niño que no se siente seguro y querido emocionalmente no puede aprender. Para que la educación sea eficaz, hay que priorizar el bienestar emocional a la rigidez burocrática. Cada vez más nos perdemos en papeleo repetitivo y absurdo, desatendiendo la faceta más humana de nuestro trabajo.
8.- A menudo se discute sobre las leyes educativas. ¿Cómo se viven esos cambios desde un colegio? ¿Hay suficiente tiempo y medios para llevarlos a la práctica?
—Cada vez que un gobierno cambia, hay un cambio de leyes, aunque en realidad no haga ninguna falta. Es una especie de norma no escrita que, más que ayudar, entorpece nuestra labor. Es un poco lo que te hablaba antes: perdemos demasiado tiempo en aspectos burocráticos y en incorporar leyes nuevas que, en la mayoría de los casos, no son nuevas, sino una copia de las que ya existían a las que les han cambiado los nombres o algún que otro matiz muy puntual. Al final, nos quedamos sin margen de maniobra para lo más importante: el aspecto emocional del alumno y el trato humano del día a día.
9.- En Educación Física, ¿cómo animas a participar a un niño al que no le gusta el deporte o que cree que se le da mal?
—En Educación Primaria, la Educación Física gira en torno a los hábitos saludables, a la participación y al desarrollo de valores fundamentales como el respeto, la tolerancia y la aceptación de normas. Todo se desarrolla a través del juego, que es la herramienta inclusiva por excelencia. En el cole importa muy poco el más rápido o el más hábil; aquí no seleccionamos deportistas. Hay que desarrollar la competencia motriz, pero lo más importante es fomentar la salud y el bienestar, y promover la socialización y los valores de los que he hablado antes. Tienes que ganarte la confianza de los niños que, por timidez o por confiar poco en sus posibilidades, son más reacios a participar, haciéndoles ver que no te importa lo bien que lo hagan, sino verlos relacionarse y jugar con sus compañeros respetándose los unos a los otros.
10.- Fuera del colegio también dedicas tiempo al atletismo. ¿Cuándo empezaste a correr y qué te hizo seguir?
—Hay gente que piensa que llevo corriendo toda la vida y no es así. Empecé a correr de una forma un poco más habitual hace tan solo nueve años, en Algeciras. Al principio era pura diversión: salía a correr un rato por la playa para desconectar y poco más. A los pocos meses y, sobre todo, después de mi primera carrera, la Popular de Peñarroya de 2017, me lo fui tomando un poco más en serio. Me motivaba ver cómo iba progresando y cómo, poco a poco, iba mejorando y era capaz de correr más distancia mejorando mis tiempos.
11.- ¿Qué te aporta salir a correr después de una jornada de trabajo?
—En realidad, suelo salir a entrenar antes de la jornada de trabajo; me acostumbré a levantarme a las 5 de la mañana para salir a correr antes de ir al colegio. Me tomo tres vasos de agua, medio plátano y una pastilla de sales, y me voy a correr. No soy el único loco, ¿eh? A esas horas ya hay gente en marcha: Ángel Martínez, Javier Orozco, Rafa Chacón… Es algo habitual cruzarme con ellos y darnos los buenos días bien temprano. Salir a correr a esa hora, de noche y cuando apenas hay gente por las calles, me aporta un beneficio emocional muy grande. Te aseguraría que influye directamente en mi buen humor habitual durante el resto del día. Uno llega al colegio con la paciencia y la energía renovadas. Aunque, si te soy totalmente sincero, hay días en los que, después del recreo, estoy pidiendo a gritos una cama. Actualmente intento alternar las mañanas con alguna tarde. A mi edad no creo que madrugar tanto sea bueno…
12.- ¿Cómo organizas los entrenamientos para compaginarlos con el colegio y la familia?
—Como salgo tan temprano a entrenar, no tengo ningún problema de organización con las demás actividades. A las 5 de la mañana no hay mucho que hacer… Cuando llego a casa, Ana y Álvaro todavía están dormidos y me da tiempo de ducharme para desayunar luego los tres juntos. Uno de los motivos por los que me acostumbré a salir a correr tan temprano es porque, muchas tardes, necesito tiempo para planificar y organizar actividades del colegio. La jornada lectiva con los niños es solo una parte de mi trabajo. Soy de los que creen que la calidad de las clases depende del tiempo que inviertas en prepararlas; la improvisación es una buena aliada para un maestro.
13.- De todas las carreras en las que has participado, ¿cuáles recuerdas con más cariño? ¿Hay alguna marca o algún puesto del que estés especialmente satisfecho?
—Recuerdo tres carreras con especial cariño:
- La Popular de Peñarroya de 2017, por ser la primera vez que participé en una carrera.
- La XXXVI Media Maratón de Córdoba, en 2022, por conseguir el objetivo de correr la media maratón por debajo de los 4:00/km. La hice a un ritmo medio de 3:57/km en menos de 1 hora y 24 minutos.
- La I Maratón Belmez-Espiel-Belmez, in 2023. Fue la primera vez que la Rompepiernas incluyó la modalidad de maratón. Probablemente sea la maratón más dura sobre asfalto que se pueda correr en España. La acabé en 3 horas y 17 minutos, logrando la primera posición en mi categoría.
14.- ¿Qué ambiente encuentras entre los corredores de Peñarroya-Pueblonuevo? ¿Qué importancia tiene entrenar y compartir carreras con otros compañeros?
—Mira, no te voy a engañar… Yo soy de los que prefieren entrenar solos. A veces he salido con gente y lo he pasado muy bien, pero lo cierto es que prefiero ir en solitario pensando en mis cosas. Otro tema distinto es el de las carreras; aquí sí que me gusta ir con gente conocida, compartir los momentos previos, el calentamiento, los nervios… Y, como no puede ser de otra manera, compartir también la cerveza de después.
Peñarroya-Pueblonuevo goza actualmente de una salud excepcional en lo que al atletismo se refiere y el ambiente entre los que corremos es inmejorable. Como sabes, formo parte de la junta directiva del CD Promoción Atlética del Guadiato, club en el que se integra la Escuela Municipal de Atletismo de Peñarroya-Pueblonuevo. El incremento, no solo de niños en la Escuela Municipal, sino de atletas de categoría Máster en el club, ha sido espectacular en los últimos años.
También formo parte del club A 8.000 Metros, que preside Víctor Revaliente. Creo que es un complemento excepcional al PAG Peñarroya y una opción más para todo el que esté interesado en pertenecer a un grupo en el que compartir la afición por el atletismo.
15.- También has estado vinculado al baloncesto local. ¿Qué recuerdos guardas de aquellos años y qué te llevaste de ese deporte?
—Así es, estuve jugando en el Club Polideportivo Peñarroya desde Minibasket hasta Infantil. Guardo muy buenos recuerdos de esa época. En Minibasket teníamos un equipo bastante competitivo; disfruté mucho aquellos años. El mejor recuerdo de esta etapa me lo llevo, sin duda, de Jesús Orozco. No era nuestro entrenador, él estaba enfocado en las categorías superiores por aquel entonces, pero tuvo que venir con nosotros a un desplazamiento. Íbamos con lo justo, creo recordar que solo estábamos siete para jugar y, además, íbamos al campo de los Salesianos. Se juntaban todos los ingredientes para recibir una paliza épica. Pues bien, con solo un par de indicaciones de Jesús antes del partido, conseguimos desesperar al rival y perder con un marcador ajustadísimo. Aquello me marcó y lo recordaré siempre. No soy ningún experto, pero creo que Jesús Orozco era el que más sabía de baloncesto en este pueblo.
16.- Antes de conseguir tu plaza como maestro trabajaste en Distribuciones Orozco Murillo y en el Bar Los Morales. ¿Cómo recuerdas aquella época?
—Acabé la carrera de Magisterio y al año siguiente oposité en Cáceres. Esas oposiciones fueron un absoluto fracaso. No iba muy bien preparado, pero no creía que el batacazo iba a ser tan grande. Me desesperé tanto y vi un sistema de oposiciones tan tremendamente injusto que decidí dejar todo de lado y hacer otra cosa.
Javier Orozco me dio una de las primeras oportunidades de trabajo que tuve y siempre le estaré muy agradecido. Por aquel entonces éramos muy amigos y hoy en día somos prácticamente como de la familia. Javier, además de ser una gran persona, es un trabajador excepcional que sacó adelante con mucho esfuerzo una pequeña empresa, convirtiéndola actualmente en un monstruo de la distribución. Es un ejemplo para todo aquel que quiera empezar un negocio.
De camarero trabajé en muchos sitios: hice ferias, bodas y todo tipo de eventos. Tengo muy buenos recuerdos del Bar Marcelo, en Peñarroya, en el que compartí muy buenos momentos con Roberto; pero fue en el Bar Los Morales donde pasé los mejores momentos. Rafael, además de mi jefe, era mi amigo y, en general, toda su familia era (y es) excepcional.
Creo que trabajando de camarero he realizado un aprendizaje perfectamente válido y aplicable a mi etapa de maestro en muchos aspectos. Un buen camarero necesita ser una persona empática y humilde, que respete la diversidad a la que atiende. Además, acabas desarrollando mucha paciencia y control emocional, y aprendes a ser resolutivo bajo presión.
Estoy muy orgulloso de todos mis trabajos anteriores a la etapa de maestro.
17.- ¿Cómo compaginabas el trabajo con los estudios y la preparación de las oposiciones? ¿Hubo momentos en los que pensaste en dejarlo?
—Sí, pensé en dejarlo definitivamente varias veces. De hecho, cuando decidí que tenía que luchar por mi sueño y no dejar de creer, fue en la última etapa en la que trabajaba en la distribución con José Ruiz Estepa. Ese último año fue duro. Además de trabajar y estudiar, fui padre unos meses antes del examen. En julio de 2011 me fui a opositar a Málaga con el convencimiento de que esta vez sí iba a abrir la puerta de la enseñanza. En aquel viaje me acompañó mi amigo Javier Orozco, que, aun sabiendo de mi escepticismo católico, me dio una foto del Cautivo diciéndome que me iba a ayudar… Unos meses después ya estaba trabajando de maestro y aquí sigo.
18.- ¿Qué aprendiste de aquellos empleos que te siga sirviendo hoy?
—Bueno, creo que ya respondí antes. Estoy muy orgulloso de todos mis trabajos anteriores; todos han contribuido de una manera decisiva a mi crecimiento como persona y me han aportado habilidades que hoy hacen mejor mi labor como maestro.
19.- ¿Cómo fue tu etapa de estudiante y de universitario? ¿Qué le dirías ahora al David de aquellos años?
—Fue bastante divertida… Un universitario que no se divierte no es un universitario.
Creo que no me atrevería a darle un consejo a mi yo del pasado. Todos, en determinados momentos, nos equivocamos, pero esos errores son parte esencial del aprendizaje de la vida y te acaban haciendo mejor persona con el paso de los años.
20.- A los jóvenes que están estudiando, preparando unas oposiciones o buscando su primer trabajo, ¿qué consejo les darías desde tu experiencia?
—Que crean en ellos mismos, que no desprecien ningún trabajo y que no tengan prisa por conseguir el objetivo por el que están luchando.
21.- Tu padre, Álvaro Muñoz, fue alcalde de Peñarroya-Pueblonuevo. ¿Cómo viviste en casa aquella etapa?
—Sinceramente, no muy bien. Nunca me gustó que mi padre fuese alcalde. Aquello de oír “el hijo del alcalde” me incomodaba muchísimo. Ser alcalde es una gran responsabilidad. Mi padre quería mucho a su pueblo y, habitualmente, se llevaba a casa los problemas del ayuntamiento, que no eran pocos. Recuerdo bastantes momentos difíciles, como varias ocasiones en las que tuvo que coger el coche de improviso para plantarse en Madrid porque llegaba el día de pagar a los trabajadores y no había un duro.
Tampoco ayudaba mucho el tener que oír críticas y ciertos comentarios de mal gusto. Mi padre era una persona muy querida, pero cuando uno ostenta un cargo público de esta magnitud siempre está expuesto, más aún si la política está de por medio. Se generan situaciones que inevitablemente tienen su reflejo en casa.
No sé si es por aquella época, pero odio la política. No creo en la política, creo en las buenas personas, y mi padre era una buena persona.
22.- ¿Qué enseñanza de tu padre te ha acompañado más a lo largo de los años?
—Te puedo asegurar que la vida con mi padre era una lección continua de humildad y honestidad. Tengo muchas anécdotas sobre eso… A mi casa llegaban por carta los bonos familiares de la Piscina Municipal cada verano y mi padre se encargaba de tirarlos a la basura. “Cuando vayas a ir a la piscina, pagas tu entrada”, me decía.
Durante la época en la que ejerció como alcalde, mi padre jamás pidió ningún favor para nadie de la familia. La gente, a veces, le solía decir que miraba más por la gente de la calle que por su propia familia. Es algo que puede sonar duro, pero tiene su explicación: él nunca quiso que ninguno de nosotros fuera señalado como alguien a quien le habían regalado algo, por eso te decía antes que era un hombre extremadamente honesto y humilde. Al mismo tiempo, era una persona íntegra: se rebelaba contra las injusticias y jamás ahorraba esfuerzos para ayudar a quien lo necesitara.
23.- ¿Cómo valoras el recuerdo y el reconocimiento que ha recibido en el pueblo?
—Lo valoro con un agradecimiento inmenso. Estoy muy orgulloso de que más de 30 años después la gente se siga acordando de él. A menudo me paran por la calle para hablarme de mi padre, no solo de su gestión como alcalde, sino, sobre todo, de su calidad humana. Este es el mejor legado que nos ha podido dejar a la familia: ser recordado como un hombre que se entregó de corazón a los demás.
24.- ¿Qué lugar ocupa tu madre en tu vida? ¿Qué has aprendido de ella?
—Una madre suele ser el eje central de toda familia y la mía no es una excepción. Ella ha sacrificado muchos aspectos de su vida para que tanto mis hermanos como yo tuviéramos lo mejor. Hizo un esfuerzo tremendo durante los años que estuve estudiando en Córdoba para que no me faltara de nada.
Cuando mi padre murió yo tenía solo 20 años y, al mirar atrás, soy muy crítico conmigo mismo. Siempre he pensado que no supe gestionar bien todo lo que se me vino encima en aquel momento; creo que no fui verdaderamente consciente de lo que significaba haberme quedado sin mi padre hasta varios meses después. Tenía muchas cosas por organizar en mi vida y algunas decisiones muy importantes que tomar. Gracias a mi madre y a mi mujer, Ana (que entonces era mi novia), tomé las decisiones correctas y hoy soy la persona que soy.
Todavía hoy en día, pese a no poder hablar debido a una enfermedad cardiovascular, mi madre me sigue dando consejos casi a diario. Con solo mirarme sé si aprueba o no cualquier cosa que hago. Estoy acostumbrado a llevarme la bronca cuando me corto demasiado el pelo o cuando salgo a correr varios días seguidos…
25.- Entre el trabajo, los entrenamientos y las carreras, ¿cómo encuentras tiempo para estar con tu familia? ¿Cómo viven ellos tu afición al deporte?
—Hay tiempo para todo. Salir a correr por la mañana temprano tiene sus ventajas: cuando todo el mundo se está levantando, yo ya he acabado de entrenar, lo que me permite tener durante el resto del día tiempo suficiente para dedicar al trabajo y a mi familia.
Hace algunos años iba a muchas carreras, pero con el paso del tiempo me he visto obligado a ser más selectivo. Con 51 años hay que aprender que no se puede correr todo, hay que saber disfrutar y dosificar el esfuerzo.
Tanto mi mujer como mi hijo me animan constantemente y me acompañan siempre que pueden. La primera vez que corrí una maratón, en Sevilla, llevé unas zapatillas personalizadas con el nombre de mi mujer y de mi hijo. Les hizo mucha ilusión, aunque mi mujer todavía no sabe lo que me costaron…
26.- Hablemos de amistad. ¿Qué valoras más en un amigo? ¿Conservas amistades de la infancia?
—A mi edad ya no se busca tanto al compañero de fiesta, sino a alguien con quien compartir momentos especiales. La perspectiva de la amistad cambia con el tiempo: uno valora más la honestidad, que te sepan escuchar y, sobre todo, poder seguir siendo uno mismo, con total naturalidad y sin filtros.
De mi infancia conservo muchas amistades. Aunque algunos viven fuera desde hace años, seguimos en contacto y con casi todos mantengo una relación estupenda, tanto con los amigos con los que creció en el colegio desde Infantil, como con los que conocí después en el instituto.
27.- ¿Cómo afrontas una decepción con alguien cercano? ¿Te resulta fácil recuperar la confianza?
—Soy una persona muy impulsiva y poco calculadora, pero, afortunadamente, para lo malo la efusividad me dura poco. No te voy a engañar, las decepciones me afectan, pero suelo olvidar relativamente pronto porque no soy nada rencoroso. Quizás por ello he puesto la otra mejilla más de una vez casi sin darme cuenta y, claro, me he terminado llevando dos por el precio de una…
28.- ¿Qué valores intentas transmitir a tus alumnos y a tus hijos?
—Siempre he creído que un ejemplo vale más que mil palabras, tanto en las aulas como en casa. Intento transmitir honestidad, sinceridad y humildad, porque considero que son la base para cimentar una buena relación de confianza. Una vez afianzada esta relación, siempre me centro en trabajar la autoestima.
Es fundamental que un niño crea en sí mismo, que se sienta capaz de hacer cosas, sea lo que sea, que luche por sus sueños y nunca deje de creer que puede conseguirlos a pesar de las adversidades. Uno tiene que defender con firmeza aquello en lo que cree, pero es muy importante hacerlo desde el respeto hacia los demás, por eso la tolerancia es básica también en la educación. Un niño tiene que comprender que luchar por sus ideales no significa aferrarse a ellos por encima de los de cualquier otro. El diálogo, siempre desde el respeto, es constructivo porque te ayuda a conocer otros puntos de vista y a enriquecerte, aunque, desgraciadamente, hoy en día estemos acostumbrados a usarlo como un arma destructiva.
29.- Los jóvenes tienen dificultades para acceder a una vivienda y empezar una vida independiente. ¿Cómo ves esta situación y qué crees que debería cambiar?
—Lo que te voy a responder se suele entender desde un punto de vista político, por eso te comentaba antes que odio la política. Me da igual, te quiero contar mi punto de vista.
El encarecimiento de los alquileres y de la vivienda retrasa la emancipación de gente con talento. Un estudiante de clase media se las ve y se las desea para poder estudiar lo que quiere y, a menudo, hay muchos que tienen que renunciar a estudiar una carrera por no poder costearse un alquiler, ya no digo de un piso, sino de una habitación. Es lamentable.
La solución no es fácil… Lo principal sería evitar o limitar que un capital privado pueda invertir con fines especulativos en bienes de primera necesidad que están cercanos a la quiebra. Habría que regular los precios de alquileres para diversos sectores de la población e incentivar fórmulas de colaboración público-privadas. Una tregua entre el sector público y el privado en este tema siempre sería beneficiosa para el sector de la población más perjudicado.
30.- Como maestro y como padre, ¿qué te preocupa más del futuro de las nuevas generaciones? ¿Y qué te da esperanza?
—Me preocupa mucho la desigualdad de oportunidades y la polarización de las ideas, que lo único que hace es dividir a la sociedad. También veo un problema importante en la falta de sentido crítico de las nuevas generaciones, que desemboca en un conformismo que es el peor enemigo de una sociedad eficiente y progresista.
Tengo la esperanza puesta en los maestros y maestras comprometidos en garantizar una base educativa sólida. Antes te hablaba de maravillas de compañeros y compañeras con los que he trabajado y trabajo. Nosotros, como maestros, tenemos la posibilidad de hacer los cambios desde la base, formando a personas luchadoras, tolerantes y honestas.
31.- Mirando a Peñarroya-Pueblonuevo, ¿qué oportunidades te gustaría que tuvieran aquí los jóvenes para poder quedarse?
—Me gustaría que los jóvenes tuvieran oportunidades de desarrollar proyectos que les garantizaran un futuro en el pueblo. Empleo digno (quizás basado en la Formación Profesional), vivienda accesible y servicios públicos fuertes son la base para conseguir esos proyectos.
Tampoco podemos obviar que, por desgracia, los recursos de nuestra comarca cada vez son más escasos, por eso creo que sería interesante invertir in programas que garanticen una oferta cultural y de ocio atractiva para los jóvenes.
32.- ¿Qué te gustaría ver mejorado en nuestro pueblo en los próximos años?
—Aparte de lo que he comentado antes para el futuro de los jóvenes, tengo una propuesta muy clara para el desarrollo de Peñarroya: la regeneración del Cerco Industrial. Tenemos totalmente abandonado un patrimonio con un valor histórico extraordinario, en desuso y deteriorado a pesar de estar en el mismo centro de nuestro pueblo.
Todas esas naves en ruinas son gran parte de nuestra historia y las tenemos olvidadas. Siempre he pensado que habría que destinar recursos a reconstruir toda la zona y convertirla en una especie de parque cultural o centro de turismo industrial en el que se podrían concertar visitas guiadas para difundir y mantener viva la historia de nuestro pueblo.
33.- Para terminar, ¿qué te queda por hacer, tanto en tu profesión como en el deporte? ¿Tienes algún reto en mente?
—En mi profesión, tengo el objetivo de seguir luchando y aportando mi granito de arena para conseguir que la escuela pública sea un verdadero motor de igualdad en las futuras generaciones, donde cada niño, independientemente de sus capacidades, encuentre su máximo potencial.
En cuanto al atletismo, a estas alturas es difícil centrarse en una marca o una distancia en concreto; lo mejor es pensar en disfrutar del camino que queda y con la mejor salud posible.
—David, muchas gracias por compartir este rato con nosotros y por dejarnos conocer un poco más de tu vida dentro y fuera del colegio. Te deseamos lo mejor en las aulas, en las carreras y con los yours.
—Gracias a ti, Sergio, de corazón. Me alegro mucho de que me hayas dado la oportunidad de compartir mis pensamientos, mis sentimientos y mi visión sobre la educación y el entorno de una forma totalmente auténtica. Ha sido un placer.
—Un placer tenerte en «Gente de aquí».
Sergio Delgado Cintas





























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