21 de julio de 2022 | Joaquín Rayego Gutiérrez

Los rebuznadores

─ “Con la iglesia hemos dado, Sancho”

Regreso al convento, Eduardo Zamacois
Regreso al convento, Eduardo Zamacois
La historia es real; es uno de esos relatos que a diario suenan en los mentideros, y que a menudo traen “al pairo” a ese señor de la calle, tan festivo y vital, que para nada quiere amargarse con conceptos opacos, tan rentables para algunos como los indicadores económicos, la Economía de Mercado, el Índice de Precios al Consumo, la Globalización, la Inflación, la Agenda 2030, y tal y tal…
Que para dos días que uno vive no es cuestión de vegetar, estirado cual mojama, y pendiente del hombre del tiempo.
Juan Pérez, Operario Máximo, diligente y cumplidor, lleva más de media vida sintiéndose parte importante, y una losa fundamental sobre la que se levanta su empresa.
Cada día nuestro hombre acude puntualmente al trabajo, frecuenta la compañía de sus colegas, conoce a gente interesante, y tramita provechosos contratos en el ámbito de la Radiología.
La economía generada en tan animoso ambiente ha llegado a ser tan boyante que, en un abrir y cerrar de ojos, un “holding” árabe se hizo con el control del negocio.
Desde entonces, y procedentes de la capital, cada semana los trabajadores reciben la visita de dos señores de negro que invitan para tan feliz ocasión a dejar unos puestos vacantes, que serán ocupado a continuación por asalariados de menor sueldo y condición, a quienes se les exige mayor productividad, y más carga de trabajo.
Víctima de esa Gran Araña que exprime a sus víctimas hasta extraer sus jugos vitales, un aciago día, Juan se verá en la disyuntiva de tener que pasear su desesperación por lugares intransitables, de acudir a un gimnasio, de lanzarse sin red a las aguas del río, o de arrellanarse en un sillón, a la espera de un salvavidas.
En " Saludos cordiales", de Andrea Bajani, el director de una empresa despide a su director de ventas, y pone en su lugar a un empleado, que seguirá escribiendo en su nombre emotivas cartas de despido.
Pasado un tiempo de prueba el subalterno, soltero, y con plena dedicación, será promocionado al puesto de director de ventas.
En el ínterin el escribano recibirá una llamada de su predecesor, enfermo del hígado, en solicitud de ayuda en su enfermedad, y para que transitoriamente se haga cargo del cuidado de sus hijos.
Y cuando su antecesor fallece, el joven recibe el encargo por parte del director de escribir un discurso de despedida para ser leído en el transcurso de una ceremonia religiosa.
El escrito, salpicado de expresiones de culpa, constituye todo un muestrario de desahogo moral por parte del confiado director, y una sutil confesión de sus cínicas artimañas.
Y es que hay quien por lucirse no le importa dejar a los demás en la estacada, y a los pies de los caballos.
Aficionados a levantar cenotafios a la gloria de su ombligo, hay tantos, que como diría don Quijote "los historiadores que de mentiras se valen habrían de ser quemados, como los que hacen moneda falsa".
Sería formidable que en esta Gran Empresa en que rebuznadores y nigromantes han convertido la política, salieran a relucir testimonios y confesiones de aplicados funcionarios, de quijotes empecinados en alancear a los Gigantes de la Mentira, de víctimas y defenestrados…

"Tortas y pan pintado" es una frase hecha que también aparece inscrita en El Quijote, como tantas otras que la gente del pueblo tomó como propias. La expresión alude, según el DRAE, “a un trabajo, infortunio, disgusto o desacuerdo mucho menor que otro con el que se compara”.
Es como quien pretende vender un pan festoneado de adornos, pero sin condumio dentro, como el mejor de los bocados.

─ " ¡Oh canalla! - gritó a esta sazón Sancho- ¡Oh encantadores aciagos y mal intencionados, y quién os viera a todos ensartados por las agallas como sardinas en lercha!".

La otra mañana, cuando las primera luces me despertaban del más dulce de los sueño, unos locutores de radio, ufanos de poseer una pulida educación de "coños", "cojones", y otras lindezas, entrevistaban a una señora que con voz débil afirmaba que hay dos cosas que hoy en día nadie niega: el maltrato al que está sometida la mujer; y una radical preferencia del personal por el líder Pedro Sánchez, antes que por el dictador Francisco Franco.
¡Qué nivel...! ¡Y qué afinadísimo análisis!
Una proposición tan evidente es, si no recuerdo mal, un axioma, una de esas verdades que no requieren demostración, y con las que hay que tragar como puños, si no se quiere entrar en contradicción con lo que se predica.
Y si lo dice esta eminencia supongo que habrá una encuesta “Tezanos” entre quienes viven la experiencia de la limpieza impoluta del detergente Sánchez: el "busque, compare, y si encuentra algo mejor, cómprelo”.
Un estudio en diacronía es como entrar en el terreno de la elucubración. Y la ficción de comparar a Franco con Sánchez, a la mujer medieval con la de nuestros días, es un completo absurdo.
Con su habitual prepotencia, y jactancia intelectual, estas izquierdas de hoy hablan y actúan como si fueran de derechas, con la delectación agorera de ese “hombre del casino provinciano” que pintó A. Machado en su día. Y lo peor, con el único estímulo del enemigo, que diría Pablo Escobar, y sin haberse leído un libro.
Si no fuera porque dicen cosas, y al ratito se corrigen, y contradicen, se diría que hablan " ex cátedra" sobre lo que se debe pensar en materia de fe y costumbres.
Las izquierdas de antaño fueron más creíbles que éstas, a pesar de sus fallos; y más listas y creativas que sus rivales, porque sin tener grandes posibilidades de disfrutar de la lectura, se preocuparon de leer.
Tenían ganado "el relato" por diez a cero.
En España, y a partir de Zapatero empezaron a decaer, y a caer en picado en la estimación de la audiencia.
Que no todo va a ser atraer el favor de los artistas, o hacer sentadas contra “el asesino” de Aznar; y no decir ni “mus” contra el Cejas por llevar al país a la ruina, y a los últimos extremos de la demagogia, y la manipulación.
Si todo lo más que hicieron fue darles cancha a los suyos, dejando a los demás en el equipo reserva; gastar un dineral en cursilerías tales como diseñar membretes, y tirar a la basura toneladas de papel, que al menos habrían servido para llevar al día una segunda contabilidad, o presumir de ecologista.
Colocaron en un trono a sus enchufados, que sólo tenían que cruzarse de piernas y mandar al bedel que les trajese un vaso de agua.
Hasta construyeron de la nada currículos ficticios, de los que aúpan a un figurón, por muy bajito que sea.
Hay tanta industria en la mentira, y tan poco provechosa su victoria, que se torna "pan pintado" si no se conquista la voluntad del individuo, y el espíritu de un pueblo confiado e intuitivo.
Cuentan los aficionados a la ópera que en el transcurso de “La Boheme”, el tenor Enrique Caruso recibió un mensaje por señas del barítono valenciano Perelló de Segurola, al que se le había ido la voz. De inmediato el italiano indicó a su colega que gesticulase.
Y así fue que, de espaldas al público, Caruso dio muestras de ingenio, de generosidad, y de adecuar su voz a cualquier otro registro.
Me pregunto cuántos hombres buenos y capacitados hay como el socialista Antonio Machado, el comunista Julio Anguita, el anarquista Fermín Salvochea, el general Moscardó, o los héroes de Baler, capaces de dar su abrigo, su vida, o su hijo, en defensa del prójimo, y por un ideal vivido sin pretensión de hacer daño a nadie, o de endulzarse la vida a costa del trabajo de las abejas obreras.
“Habla, pueblo, habla…” decía la canción; y el pueblo andaluz habló con el voto, sin descomponer el gesto, sin pedradas, y como consecuencia de un cansancio de siglos: el principio aquél de acción y reacción, que ellos mismos provocaron aireando, como Kafka, sus fantasmas personales.
Filosofía de colegio. El chulito de turno, tan cansino en su papel, recibía contestación a su afrenta por parte de un tipo desesperado. Y desde aquel preciso momento hasta la última mosca se atrevía a facturar a tan temible acosador, y a dejar su respuesta en el fiel de una esquina.
Que no hay fórmula magistral, ni arte de brujería, capaz de domar voluntades, y modelar al individuo cual si fuese plastilina:

─ "Los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies, y no solamente conocemos a los enemigos pintados, sino en su mismo ser, y en todo trance y en toda ocasión los acometemos, sin mirar en niñerías ni en las leyes del desafío".

Y no digo yo que los de la acera de enfrente hayan sido, ni sean, unos angelotes de Rúbens, que todo el que haya leído el relato del rebuzno, de “El Quijote”, recordará la leyenda que lucía en la bandera de "los rebuznadores":

─ "No rebuznaron en balde/ el uno y el otro alcalde".

Digo que "el relato", que antaño beneficiaba a las izquierdas por diez a cero, ha cambiado de bando, como apunta el historiador sevillano Alfonso Lazo, y otros destacados socialistas.
Y nada tiene que ver con el libro de Jiménez Losantos, ni con espías de pacotilla, ni con gafes declarados, ni con el rey de Marruecos.
En todo caso es una consecuencia más de la Soberbia, la Prepotencia, la Falsa Caridad, el Hartazgo, la Mentira, y todos aquellos gigantes a los que desafió con su lanza Alonso de Quijano, el bueno.
 
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