1 de septiembre de 2021 | Miguel Luis Vigara Durán

La vida de un peñarriblense

Capítulo 14. La etapa de mi vida en el Seminario de San Pelagio (V Parte) -Actividades culturales-

La vida de un peñarriblense
La vida de un peñarriblense
La vida de un seminarista durante el curso tiene gran parecido a la de cualquier centro de estudios cuyos estudiantes viven en régimen de internado. Cierto es que en el seminario lo primordial es la preparación y formación del futuro sacerdote, para lo cual todo está programado para tal fin a largo plazo. Además de las actividades de formación religiosa, charlas y ejercicios espirituales, asistencia diaria a los cultos religiosos, misa, meditaciones, rezo del santo rosario, etc. a las que se añadían las propiamente intelectuales, con un variado programa de asignaturas en el que predominaba el Latín y el Griego, junto con Lengua y Literatura, Matemáticas, Geografía e Historia, Religión, Música, que incluía el solfeo y el canto gregoriano, Francés y Urbanidad, aún había tiempo que se sacaba de los recreos o de algunas clases, para dedicarlo a algo que siempre motivaba a todo el curso y que no era otra cosa que preparar una obra de teatro para representarla en el salón de actos del Seminario.
Los profesores, fundamentalmente de Lengua y Literatura Española, nos proponían representar una obra de teatro adaptada a personajes sólo masculinos, como es de natural entendimiento, y la primera que representamos fue “Los cuatro Robinsones”, de Pedro Muñoz Seca, obra escrita en 1917. El argumento: Cuatro amigos mienten a sus esposas diciéndoles que embarcan con rumbo a las islas Columbretes, cuando en realidad van a un cortijo andaluz de juerga. La casualidad hace que el barco en que supuestamente viajaban tenga un accidente y se hunda. Entonces tendrán que simular un falso naufragio con la ayuda del secretario de uno de ellos. Pero el secretario no da cuenta de ello, y quedarán como auténticos náufragos.
Los actores principales de estos cuatro Robinsones fuimos Antonio Nadales Robí, Manuel Serrano Polonio, Guillermo Porras García y yo. Lo pasamos maravillosamente, tanto en los ensayos como el día de la representación.
La segunda obra de teatro que preparó nuestro curso fue “El motín del Caine”. El estricto capitán Queeg (Bogart en la película), un hombre aquejado de fobias neuróticas, asume el mando del Caine, cuya tripulación carece de disciplina. En contra de la opinión de los demás oficiales, introduce cambios y toma medidas tan arbitrarias que la tripulación empieza a considerarlo un neurótico peligroso. Durante una tempestad, Queeg pierde el control de la nave; el segundo oficial lo obliga a dejar el mando y lo releva. Este incidente dará lugar a un consejo de guerra [Argumento tomado de Google] Precisamente la obra de teatro es sencillamente el consejo de guerra que se lleva a cabo.
El personaje principal, el capitán Queeg, lo puso en escena Marcelino Priego Borrallo, que a mí y a todos nos sorprendió cómo bordó el personaje. La réplica se la dio Ángel Nieto Serrano, que actuó de fiscal poniendo entre las cuerdas al propio capitán Queeg. También actuaron Ángel Romero González, Antonio Alba García, Francisco Roldán Montes, Rafael Matilla Aranda, Vicente Casado Jurado, José Luis González Torres, José Córdoba Castillo, Juan Bautista Rubio Palacios, Luis Rodríguez Prieto.
La tercera obra en la que también intervine fue “La barca sin pescador”: Un importante empresario, que acaba de perder toda su fortuna, recibe la visita del diablo, que le propone un trato: le devolverá toda su riqueza y poder a cambio de que mate a un hombre telepáticamente. El empresario decide aceptar la proposición y asesina a un pescador. (Google).
Actores que intervinieron en ella fueron Manuel Pérez Moya, Joaquín Martínez Moya, Juan Manuel Lucena Llamas, Francisco Aroca Moreno y yo. El resto de actores no los he retenido en mi memoria…
La vida estudiantil siempre se acrecentó con la experiencia del teatro en vivo y en directo representado por los mismos compañeros.
 
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