4 de noviembre de 2021 | Ángel Calle Sánchez

La semilla de la discordia

Desde la noche de los tiempos, la manipulación del vulgo, la radicalización y control de la población ha sido el arma más potente y común que han tenido y tienen las clases dirigentes para tenernos bien amarrados y a su merced.
La operación, tan singular para esto, se repite desde siempre, desde que el mundo es mundo, no es patrimonio de civilizaciones o pueblos modernos.
Es muy simple, se implanta una semillita concreta, con el menú correspondiente, en el cerebro de la población y se la va alimentando sin prisa pero sin pausa, sesgando cualquier apertura, conocimiento o información que no sea la apropiada. Eliminando de la Historia cualquier atisbo de verdad contraria a los intereses creados y sobre todo, el diario adoctrinamiento sin contemplaciones, sin excepciones ni razones. Eso ha sido y es así, unas veces por la fuerza bruta, otras más sutilmente pero con igual efectividad.
Así al cabo de unos años, la población, grupo, acólitos o seguidores de un tal o cual líder, político, religioso, social, deportivo o vaya usted a saber, consigue que esa semilla cuaje y arraigue tan profundamente, que la población queda condicionada a las excelencias de sus líderes, que al fin y al cabo utilizan a todos esos “borreguitos” para sus fines, que lejos de ser adecuados para su pueblo, son más bien adecuados a sus necesidades, a sus conveniencias, a su impunidad, a su continuo poder.
Porque siempre ellos son los intocables, los que tienen la sartén por el mango. Los demás somos los que recibimos los palos, derramamos la sangre, luchamos en las guerras, sufrimos las hambrunas y la miseria.
Una de las frases más contundentes y verdaderas que ellos esgrimen es “divide y vencerás”, contrapuesta a la que por la simple razón entonaron muchos de nuestros congéneres, “la unión hace la fuerza”.
Así llevan procediendo desde la noche de los tiempos, unas veces desde la más estricta dictadura de la ideología que os parezca mejor, o desde supuestos gobiernos del pueblo y para el pueblo, con bases democráticas o sin ellas.
En los tiempos que corren nos parece que estamos viviendo en libertades y derechos, pero como decía antes, esa semilla que nos han plantado, lleva un código perfectamente diseñado para que no veamos más allá de lo que a ellos les interesa. Y sólo desde el saber de las cosas, solo escudriñando la información que tenemos alrededor y muchas veces sólo con el sentido de la razón y sentido común, podemos darnos cuenta del engaño, pero la tara ya la llevábamos impresa desde que nacemos, porque “ellos” se han preocupado de implantarla.
Hoy nos dicen que vivimos en democracia, jajajá, permítanme que me ría al estilo wasap. El que tenga más o menos idea del tema, sabe que lo que tenemos es un estado con representación parlamentaria, o gobierno representativo. Es decir, no elegimos a quien nos gobiernan, elegimos a un aparato político, bien construido y adiestrado que pone a los que le da la gana en el poder, ¡no nos equivoquemos!. La democracia es otra cosa y si quieren saberlo indaguen. Las primeras constituciones mundiales, la americana y la francesa, por ejemplo no contemplan en sus textos la palabra democracia, de hecho, James Madison, cuarto presidente de los Estados Unidos, decía “La democracia es incompatible con la seguridad personal y la propiedad privada”. Indaguen, indaguen…
El Hombre desde que es Hombre, se ha mirado siempre el ombligo, y eso lo han promovido las élites para desconectarnos del Todo y sólo los que “miraban las estrellas” se daban cuenta de lo que somos. Somos un ínfimo accidente en la inmensidad del Cosmos.
"En el espacio no se distinguen fronteras", afirmaba Pedro Duque, astronauta español desde el "Discovery". Desde ese punto de vista, la Tierra es un inmenso globo azul, en la que no se distinguen, lenguas, culturas, religiones o naciones y si seguimos alejándonos de ella, al final solo va quedando constancia de lo que somos, el conjunto de un Todo que no queremos ver, porque nos incomoda saber que no somos tan importantes y únicos como nos pensábamos, que desde allí arriba da igual donde hayas nacido, porque al final solo serás un terrestre más. Siempre se ha dicho que “las ramas de los árboles, no te dejan ver el bosque”, para poder ver el bosque, hay que alejarse lo suficiente para ver su grandeza y descubrir todo lo que hay en él.
Todo lo que te reste oportunidades, por lógica no es lo mejor para nadie, sumar oportunidades es la mejor opción. Abrid la mente y contemplar el bosque desde donde se vea toda su inmensidad.
 
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