22 de noviembre de 2022 | Adalberto García-Donas León

La cara humana de nuestra sanidad

“Todos ellos son merecedores de mi particular reconocimiento por la atención que tuvieron conmigo y con todos los que por ahí pasamos a diario”

La cara humana de nuestra sanidad
La cara humana de nuestra sanidad
Llevamos meses reivindicando una sanidad pública acorde a las necesidades de todos los españoles y aquí en Andalucía, acorde a la que teníamos hace unos años, que éramos la envidia de media España. Por desgracia, por una u otra causa, ese prestigio lo hemos ido perdiendo y con el paso de los años ha ido desapareciendo al mismo ritmo que desaparecían médico, personal de enfermería y demás personal no sanitario, buscando un mejor medio de vida en otras latitudes fuera de nuestra comunidad autónoma e incluso fuera de España. Los motivos básicos son bien conocidos: Contratos con poca duración, sueldos poco llamativos a sus especialidades, desplazamientos sin apenas incentivos para poder fijar residencia, etc., etc.
Frente a todo ello y a pesar de las dificultades y presiones por las que están pasando, debemos valorar de alguna forma la calidad humana de estas personas que día a día nos atienden, sea en Centros de Salud o en Hospitales como el nuestro. No hablo de calidad profesional, que se presupone la tienen al haber estudiado para ello y estar trabajando en dichos centros, cuyo trabajo gustará más o menos, según los resultados y las circunstancias, me estoy refiriendo solamente a la calidad humana que para mi gusto la tienen superando con creces esos posibles fallos que como humanos tenemos todos en nuestras respectivas profesiones y si el fallo se sale fuera de lo normal y es denunciable, para eso está la vía administrativa con las hojas de reclamaciones y si el caso es más grave, también está la vía judicial.
No cabe duda, que estas personas que aguantan la presión de las listas de espera, de la masificación de pacientes en la consultas y demás temas burocráticos, tienen su carácter como lo tenemos todos y un día malo lo puede tener cualquiera, pero llegado el momento, la mayoría lo dejan a un lado y sacan la mejor cara para que el paciente se encuentre a gusto y sabedor que está en las mejores manos.
Al menos eso es lo que me ha pasado a mí en las dos ocasiones que he pasado por quirófano en nuestro hospital, esta última vez, después de intentar derivarme en dos ocasiones al hospital privado San Juan de Dios de Córdoba, al estar en lista de espera desde junio. Afortunadamente, a pesar de ser dos hernias inguinales bilaterales y no dar aún mucha guerra, he podido esperar un poco más, hasta que por fin, el pasado 16 de noviembre llegó el día de operarme aquí en nuestro hospital, que para eso lo tenemos.
Llegado el día, los nervios e incluso la propia incertidumbre de cómo va a salir todo, cada uno lo lleva por dentro como puede, pero nada más entrar, comienzan las atenciones. Una vez dentro te derivan al hospital de día donde esa intranquilidad desaparece de inmediato gracias a la amabilidad con que te reciben, independientemente que algunas caras te sean familiares y las conozcas desde hace años, pero que van en la misma línea que la del resto de personal que no los conoces de nada y te tratan como si te conocieran de toda la vida, eso sí, siempre de usted, aunque insistiera en varias ocasiones que me hablaran de tú.
De inmediato, los nervios, la incertidumbre o lo que cada uno lleve por dentro, desaparece, te relajas y te dejas llevar para que hagan su trabajo lo mejor posible. Cuando entras en quirófano más de lo mismo, en mi caso ni me enteré que me pusieron la anestesia epidural. Finalizada la operación te llevan de nuevo al hospital de día, donde esperas a que se te vaya la anestesia y donde te quitan todo al material que te han colocado antes de pasar por quirófano. La amabilidad y el trato no han variado.
Para terminar quiero recordarlo de la única forma que sé, mencionando sus nombres y apellido y la especialidad que tiene cada uno, animándolos a que esa simpatía y ese carácter amable con los pacientes no lo pierdan nunca, no saben hasta qué punto nos beneficia a todos los que pasamos por sus manos. Por tanto, mil gracias a José Antonio Jiménez Jiménez y José Luis Jiménez Lefler (cirujanos), Eblis Arturo Voglino Torres (anestesista), Marta Rodríguez, Montserrat Díaz y Victoria Leiva (enfermeras), Miguel Ángel Castillejo, Lola Berenjena, Yasmina Izquierdo (en prácticas) y Sara Valenzuela (auxiliares) y María José Redondo (celadora). Todos ellos son merecedores de mi particular reconocimiento por la atención que tuvieron conmigo y con todos los que por ahí pasamos a diario.
 
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