InfoGuadiato
El festival ha celebrado su décimo aniversario regresando a Peñarroya-Pueblonuevo después de varios años. La organización hace balance de una edición que atrajo público de numerosos puntos de España, habla de los momentos más especiales vividos durante los tres días y responde también a las críticas sobre el recinto, las fechas y la implicación del público local.
A Pico y Pala ha cumplido diez años. Lo ha hecho volviendo a casa y afrontando una edición que para la organización suponía algo más que organizar nuevamente un festival. Después de varios años sin celebrar una cita de estas dimensiones en Peñarroya-Pueblonuevo, había que comprobar cómo respondía el público y si aquella maquinaria que comenzó a funcionar hace una década seguía engrasada.
Durante tres días, del 13 al 15 de agosto, por el escenario pasaron nombres como Leo Jiménez, Saratoga, Mojinos Escozíos, Sínkope, Albertucho, Ciclonautas, Malaputa, Kill City, Gato López o Afónica Naranjo, entre otros.
Con el festival terminado y después de unos días para hacer balance, hablamos con la organización de A Pico y Pala.
—Han pasado unos días desde que terminó el festival. ¿Qué balance hacéis de esta décima edición?
—El balance es positivo. Afrontábamos esta edición con prudencia porque regresábamos a Peñarroya-Pueblonuevo después de varios años y queríamos comprobar si el festival seguía teniendo capacidad de convocatoria. Las expectativas de asistencia se han cumplido y, sobre todo, nos quedamos con la sensación de que una maquinaria que podía llegar algo oxidada después de este tiempo volvió a funcionar.
Han sido muchos meses de trabajo y durante el festival hay que coordinar escenario, accesos, taquillas, barras, seguridad, técnicos, artistas, comunicación… Siempre hay cosas que mejorar y ajustes que hacer, pero el balance general que hemos recibido de público, músicos, técnicos y medios ha sido muy bueno.
—Una de las cosas que más os ha llamado la atención ha sido la cantidad de público llegado de fuera.
—Sí. Hemos tenido gente de Galicia, Asturias, Guipúzcoa, Barcelona, Tarragona, Castellón, Valencia, Zaragoza, Salamanca, Madrid, Toledo y, por supuesto, de muchos puntos de Andalucía, Extremadura y Córdoba.
Eso para nosotros es importante porque no hablamos únicamente de personas que vienen al recinto, ven un concierto y se marchan. Durante esos días hemos visto gente desayunando y comiendo en Peñarroya-Pueblonuevo, comprando en supermercados, utilizando alojamientos y moviéndose por el pueblo.
La acampada también terminó llena pese a que tuvimos que cambiar su ubicación a última hora. Por las mañanas veías a muchas de esas personas por las calles y eso demuestra que un festival puede tener una repercusión que va bastante más allá de la música.
—¿Qué momentos os lleváis especialmente de esta edición?
—Hay muchos. Musicalmente hemos tenido un cartel del que estamos muy satisfechos. El viernes estuvo más orientado al heavy metal, con Leo Jiménez, Saratoga o Kill City, que además ha sido la primera banda internacional que ha pasado por A Pico y Pala. Y también estuvieron Mojinos Escozíos, que tuvieron una respuesta enorme del público.
El sábado tuvo un carácter más rockero, con Malaputa, Ciclonautas, Sínkope o Albertucho. Después, Gato López y Afónica Naranjo consiguieron que la fiesta continuara prácticamente hasta que llegó el día.
También estamos muy satisfechos con la producción. Tener un escenario de esas dimensiones, pantalla gigante, iluminación, sonido y poder mantener montados simultáneamente hasta cuatro sets de batería nos permitió agilizar mucho los cambios. Los propios músicos y técnicos nos felicitaron por las condiciones que encontraron.
—Pero seguramente uno de los momentos más especiales fue ver a Triana Castillejo cantando junto a Leo Jiménez. ¿Cómo surgió?
—Fue algo que nació apenas unos días antes. Contactamos con la familia de Triana, se lo propusimos a Leo Jiménez y aceptó. Pudieron ensayar pocas horas antes del concierto y luego ocurrió lo que todo el mundo vio.
Triana salió con su camiseta de “Born to Rock”, hizo el gesto de los cuernos y se enfrentó junto a Leo a “Hijo de la Luna”, una canción vocalmente muy exigente.
Para nosotros hubo algo especialmente bonito: cientos de personas comenzaron a corear su nombre y la mayoría no eran familiares, amigos ni vecinos de Peñarroya. Eran personas que habían venido de otros lugares y que reconocieron lo que estaba haciendo aquella niña encima del escenario.
Ese momento representa bastante bien lo que queremos que sea A Pico y Pala. Si desde un festival podemos ayudar a que una joven de nuestro pueblo tenga una oportunidad así, merece la pena.
—El festival también cedió espacio a la Plataforma por la Libertad de Javier y David. ¿Queríais que A Pico y Pala fuese algo más que música?
—Siempre hemos pensado que un festival puede servir también de altavoz. La Plataforma pudo disponer gratuitamente de un espacio dentro del recinto, vender sus pulseras solidarias, informar a la gente y utilizar las pantallas y el equipo de sonido para explicar el caso de Javier Marañón y David Rodríguez ante cientos de personas.
Además, Sergio, que colabora con nosotros desde el puesto de tatuajes, organizó el sorteo de un tatuaje y consiguió recaudar 110 euros que fueron destinados íntegramente a la causa.
Queremos que el festival sea un lugar donde tengan cabida músicos, empresas, artesanos, asociaciones y colectivos que necesiten visibilidad. Si tenemos un escenario y podemos utilizarlo también para ayudar, creemos que debemos hacerlo.
—Antes del festival hubo bastante debate por la utilización de la piscina municipal. Después de haberlo celebrado allí, ¿mantendríais ese recinto?
—Nuestra valoración es muy buena. Entendemos que antes pudiera haber dudas, pero después hemos comprobado las posibilidades que ofrece. Hemos tenido zonas de césped, terrazas, espacios de descanso, zonas reservadas para personas con movilidad reducida y amplitud suficiente para distribuir todos los servicios.
La convivencia con el funcionamiento de la piscina se desarrolló con normalidad y se cuidó el recinto. Además, algunas de las crónicas publicadas después del festival han valorado muy positivamente la ubicación.
Eso no quiere decir que todo sea perfecto ni que no haya cosas que mejorar, pero la experiencia de este año nos demuestra que es un espacio con muchas posibilidades.
—También se criticó que el festival coincidiera con la Feria de Agosto.
—Sí, aunque nosotros también veíamos una oportunidad en esas fechas. Hay muchos vecinos de Peñarroya-Pueblonuevo que viven fuera y regresan durante las fiestas. De hecho, hemos recibido comentarios de personas que precisamente pudieron venir al festival porque estaban aquí esos días.
Y hay otra cuestión. Durante la Feria han venido a Peñarroya cientos de personas que posiblemente no habrían venido si no hubiese existido A Pico y Pala. Personas que han viajado expresamente para asistir al festival. Desde el punto de vista turístico creemos que también hay que valorar eso.
—Habéis señalado que buena parte del público era de fuera. ¿Falta todavía que Peñarroya-Pueblonuevo haga suyo A Pico y Pala?
—Ese es probablemente uno de los retos que tenemos por delante. Nos sorprendía que personas llegadas desde cientos de kilómetros nos preguntaran por qué había menos público de Peñarroya-Pueblonuevo.
El rock y el metal tienen público. Lo hemos comprobado durante años y lo vemos en festivales de otros municipios. Además, no responde al estereotipo que algunas veces todavía existe. Aquí hemos visto familias, niños, trabajadores, estudiantes y personas de todas las edades conviviendo con absoluta normalidad.
A Pico y Pala nació en Peñarroya-Pueblonuevo y lleva diez años llevando el nombre del municipio allí donde se celebra. El reto es conseguir que un proyecto nacido aquí termine de sentirse también como propio aquí.
Y no hablamos solamente de acudir a los conciertos. Hay que intentar que bares, comercios, alojamientos, museos, patrimonio y otros recursos de la localidad puedan aprovechar la llegada de esas personas. Que alguien venga por un concierto y termine descubriendo también Peñarroya-Pueblonuevo.
—En torno al festival también ha habido críticas. ¿Cómo las habéis vivido?
—Aceptamos la crítica. Después de diez años somos los primeros que sabemos que cometemos errores y que hay cosas que pueden hacerse mejor. Escuchar una crítica argumentada puede ayudarte a mejorar.
Lo que no compartimos es el descrédito, las descalificaciones personales, los ataques anónimos o que se utilice partidistamente un proyecto cultural.
No pedimos que nadie deje de criticarnos. Pedimos rigor, respeto y que A Pico y Pala tenga la misma oportunidad de crecer que se le daría a cualquier otro proyecto nacido en Peñarroya-Pueblonuevo.
—Diez años después, ¿y ahora qué?
—Ese es el siguiente reto. Hemos pasado por muchas cosas: distintas localidades, parones, dificultades, decenas de artistas y miles de personas que han asistido a nuestras ediciones.
Cumplir diez años es importante, pero ahora no se trata únicamente de pensar en hacer el undécimo festival.
Hay que pensar qué queremos que sea A Pico y Pala dentro de otros diez años y hasta dónde podría llegar si existe una implicación mayor alrededor del proyecto.
A Pico y Pala nació aquí. Diez años después sigue llevando el nombre de Peñarroya-Pueblonuevo allí donde suena. Ahora toca pensar cuánto más lejos puede llegar.

































0 comentarios