Cómo me gustaría contarte que, cada vez, duele menos todo lo que pasa ahí fuera. En un mundo donde la pobreza estalla en las casas más lúgubres, la escala de valores mengua y tus derechos sociales son pisoteados por las leyes de los capitalistas, me centro ahora mismo en tu mediocridad.
Como las palomas vuelan a su nido y los buitres te chupan la sangre, muero, al fin, al lado de los desfavorecidos, de los desvalidos, de los sin voz, de los que no se pueden defender y lloran sin consuelo.
Esta noche me disfrazo de buen ladrón para robarte tu soberbia, para llevarme todo ese veneno que guardas dentro. Y sé que, ofreciéndote la generosidad, habré ganado la partida.
Sólo sé que la luz que alumbra a los despojos de la vida son las luces que alumbrarán el mundo. Ofertas y demandas de mercadeos de vidas ajenas emergen en la superficie del fiel alfil, entre torres adyacentes, que recorren la partida de ajedrez que es esta vida: tan sutil como anárquica.
Toda pereza, como lujuria, es saberte ganador de este juego tan fugaz como efímero: los recuerdos acerca de las palabras vívidas.
Sí, mi devoción fue quererte. Mas amo la trama, aunque me resulte amarga. Eres uno de los pocos elegidos para continuar con tu lucha diaria.
Y estoy seguro de que conseguirás salir vencedor, y seguir creyendo en esta vida que es muy bonita. Porque sé que hemos pasado un largo tiempo juntos, y los fantasmas de los demonios que merodean en el infierno tiemblan ante tu presencia en el reino de los cielos.
Y con tu sonrisa final me basta para sonreírle al mundo y a la vida.
Ahora escucho tu voz a lo lejos, pero tan cerca de mi corazón, que se convierte en el motor de mi vida.
Palabras vívidas, palabras sufridas y palabras ganadas.
Ante la marcha, la ausencia, las desigualdades y las fatalidades: más palabras vívidas.
Y la vida de cada uno no se vende, simplemente se regala a base de buenas voluntades.
Yo no estoy en venta… simplemente estoy de paso.
Contigo me quedaría hasta el final de mis días.
Hoy en día, el pobre es el héroe y el rico el lacayo.
Lo que tú quieras, soy.
Me expreso acerca de las palabras vívidas, aquellas palabras que nunca se olvidan.
¿Y tú, te expresas?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
Sergio Delgado Cintas





























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