Hay sustantivos como estabilidad y felicidad. Si a esos dos sustantivos les unes el verbo amar y el adjetivo grande, así es como vamos a calificar a nuestro homenajeado de hoy martes. Antonio Gómez Rayego pasa esta tarde por nuestra sección, y le rendimos el tributo que su figura se merece y representa para la historia de un municipio que no se anda por las ramas y que no conoce más mandamientos que los de aquellos que no han tirado la toalla y han dedicado horas y horas de su tiempo de ocio —como Antonio— a hacer un poquito más grande a nuestro pueblo, que roza ya casi el centenario desde su fusión.
Y aquí estamos, metida en mi sangre. No entiende más luces Antonio Gómez que la de dejar grabado su nombre con letras de oro, a pesar de que el ruido de la turba sea casi indolente cuando critican su sano y enriquecedor trabajo solidario y sin remite en el sobre.
Aunque no lo sepáis, Antonio Gómez ha pasado de apostar por la mendicidad del cariño que algunos le negaban, a recibir sin costes una marea escondida de besos y abrazos del mar de los labios de su familia.
Deportista nato, jugó al fútbol en el equipo de su pueblo y en los alrededores. Después entraría a trabajar en la minería, formó su afamada familia, se casó con Ana y tuvo tres hijas preciosas —Ana Rosa, Rocío e Isabel—, cada una más guapa que la anterior. Una familia sin ambages, con la exégesis de una vida idílica, a la que supo poner ese punto y seguido a su nueva vida.
En esos dos impases, le dio tiempo para ser presidente del club que llevaba tatuado a fuego en su piel: el Peñarroya Pueblonuevo C.F.. Un club que le dio la oportunidad de ser aún más popular y con el que cosechó muchos triunfos y logros, como varios ascensos de categoría. Dejó el listón muy alto y con la cabeza bien alta, a pesar de esas voces que, desde lejos, quisieron poner palos en la rueda. En silencio, Antonio Gómez supo espantar a todos esos fantasmas.
Hijo de Antonio Gómez y Antonia Rayego, son ocho hermanos: Rafa, Carlos, Mari Carmen, Antonia, Manolo, Encarni, el propio Antonio y un hermano tristemente fallecido bien joven, Rica. Una familia extensa, muy querida, de la que Gómez se siente orgulloso por haber nacido en un hogar humilde, donde las penas eran alegrías y los amores, tan extraños como verdaderos, venían y se iban. No hay mejor prisión ni cárcel que el paso del tiempo, que nos hace darnos cuenta de que cualquier pasado fue mejor que este que vivimos hoy.
Un hombre correcto, con las palabras precisas y mágicas, que te ofrece su amistad para siempre y con la voz siempre dispuesta a ayudarte a superar los miedos. Seguirá dándonos esas lecciones de vida de un hombre que nunca se va a debilitar, porque, en su sano juicio, es capaz de superar los baches y los malos temporales. Tanto en la verdad como en la mentira, levita Antonio Gómez hacia la indiferencia de los pasos perdidos.
Sus cinco nietos son la determinación de que sabe por quién jugarse la vida. Y no vamos a darle ni quitarle la razón: su conciencia está tranquila, con los deberes hechos y con el saber de que el tiempo pone a cada uno en su lugar. Ese entusiasmo y sus ganas de vivir se los quiere trasladar a sus cinco nietos que, junto a sus tres hijas y sus tres yernos, hacen girar esa bola que cada vez se hace menos pesada si todo se hace con amor.
Sus sobrinos y primos son partícipes de que esta estirpe de los Gómez Rayego nunca se acabará ni extinguirá, porque los latidos del corazón y esa mezcla de genes de buena gente se esparcirán por toda Peñarroya Pueblonuevo. Y sé de buena tinta que Antonio Gómez muere, e incluso mata, en defensa de nuestro municipio. Este tributo es bien poco para lo que se merece nuestro vecino y amigo, y su familia, a la que estamos muy agradecidos desde Infoguadiato, y a la que le rendimos este emotivo homenaje para decirle: “Gracias por todo, Gómez.”
Para finalizar este artículo novelado en honor a Antonio Gómez, queremos hacerlo con una frase célebre del escritor colombiano y premio Nobel Gabriel García Márquez, que dice lo siguiente:
“No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió.”
Y con esa sonrisa porque sucedió nos quedamos, con la vida de Antonio Gómez, una vida llena de más rosas que espinas.
Te queremos mucho, amigo y vecino.
Te lo mereces, Antonio.
Sergio Delgado Cintas





























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