Querido hijo:
Ya llega la Navidad; no sé si querrás leer estas líneas, no sé si me querrás escuchar… Aquí está tu madre, lejos, pero aquí está tu hogar. No sé si querrás leerme, ni verme, ni hablar… Necesito tanto una conversación, necesito tanto alguien con quien hablar… No sé si recuerdas nuestros paseos, nuestros momentos, nuestras risas; no sé si recuerdas nuestro hogar… Ya eres mayor y hay que respetar, pero sigo añorando momentos, recuerdos, viajes, ese “¿papá, cuánto falta?”, ese poder andar juntos, ese querer estar… Quiero volver a ver esa cara… esa sonrisa… ese bonito pelo que ya cuesta hasta recordar… Créete que nos quedan momentos juntos… Nos queda mucho aún por pasar… Tú ya estás en otro momento… Tú ya estás en una gran ciudad… Quizá nos veamos o no, pero ya sabes que aquí está tu hogar… Es duro verse solo, es duro exponerse en estas líneas… No sabes si acertar… La vida nos ha dado duro y lo tenemos que aceptar…
Por eso te dejo esta carta, con entereza, fuerte y sin llorar, con espíritu de lucha y ganas de marchar… Ya el nido está vacío y hay que luchar… Con el corazón en la mano te mando un abrazo, un te quiero y un “¿cómo estás?”.
Marta Cascado García.






























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