“No vivimos solo del aire: vivimos de emociones.” Somos, en gran medida, el reflejo de lo que nos ocurre cada día, del bien y del mal que nos atraviesa, de las ilusiones que guardamos como provisiones para seguir caminando. Mirar al ayer, sostener el presente y no perder de vista el futuro forma parte de esa manera digna de estar en el mundo.
La vida nace también de los buenos pensamientos, de sabernos vasallos de la felicidad y fieles servidores de la sonrisa. Porque en la cocina de las emociones no todo es improvisación: hay recetas hechas con vivencias, con afectos cocinados a fuego lento y con una dulzura sincera que se comparte sin medida.
Así se enciende un pueblo, a través de sus vecinos, de su compromiso cotidiano y de esas personas cuya labor deja huella. Hoy Peñarroya-Pueblonuevo se ilumina para rendir homenaje a uno de los suyos, a un amigo y vecino querido: José Manuel Marín Ortiz, para todos, Chupi.
Si la sonrisa tuviera nombre propio, bien podría llevar el suyo. Chupi ha sabido tejer lazos, sumar voluntades y dejar una estela de cercanía allí por donde ha pasado. Su vida, marcada por la generosidad y el buen humor, es hoy motivo de un tributo sentido y sincero: un reconocimiento que no pretende abarcarlo todo, pero sí agradecer lo esencial.
Porque hay personas que no necesitan grandes discursos para ser recordadas: basta con pronunciar su nombre y dejar que la alegría haga el resto.
En Peñarroya casi nadie dice José Manuel. Aquí es Chupi. Y con eso basta. Chupi es el que llega y cambia el ambiente, el que convierte cualquier barra, vestuario o esquina en territorio amigo. El apodo no es casual: ligero, cercano, imposible de decir sin una sonrisa.
José Manuel Marín Ortiz nació en Utrera el 16 de junio de 1964, pero su biografía no se entiende sin el movimiento. Hijo de Manuel Marín Martagón y Consolación Ortiz, creció en una familia marcada por el trabajo en las minas a cielo abierto, lo que obligó a ir haciendo hogar en muchos lugares: Gines, Cala, Sitges, San Vicente de la Barquera, Villablino… Cada pueblo fue una escuela de vida y cada mudanza una forma de aprender a adaptarse, a hacer amigos rápido y a no perder nunca la sonrisa.
A los 14 años llegó a Peñarroya-Pueblonuevo, el lugar que acabaría convirtiéndose en su pueblo de adopción y en parte esencial de su identidad. Desde entonces, Chupi ha sido muchas vidas en una sola: niño de mudanzas mineras, currante incansable, jugador de fútbol sala con alma de vestuario, vendedor ambulante con don de gentes, amigo fiel y familiar orgulloso. Siempre Chupi. Siempre el mismo, esté donde esté.
Hermano de Consolación (Chelo) y Fernando, siempre llevó la familia como bandera. Más tarde formó la suya junto a Gloria Guzmán Donoso, con la que tuvo a Macarena y José Manuel, y hoy presume, con emoción sincera, de sus nietos Carlota, Macarena y Jesús. En él la palabra familia no es discurso: es presencia, apoyo y humor compartido.
El deporte fue otra de sus grandes pasiones. En el fútbol sala y en el fútbol defendió camisetas humildes pero intensas: Pub Chaplin FS, Pub Mister Peter FS, Kelme Calzados Merino FS —con una liga ganada que aún se recuerda—, además de Pub Chaplin, Bar Los Morales CF o Mecadicina CF. No era solo competir: era convivir, reír, hacer piña.
Su vida laboral es tan extensa como variada: minería, obras, transportes, ambulancias, administración pública, empresas privadas… y hasta un puesto ambulante de zumos de naranja en Córdoba capital, donde vendía mucho más que zumo: vendía conversación, cercanía y buen ánimo. Chupi ha trabajado de casi todo, y en todo ha dejado huella.
Pero si algo define a Chupi es su forma de estar con los demás. Amigo de sus amigos, chistoso por naturaleza, risueño, siempre dispuesto a ayudar sin pedir nada a cambio. De los que alivian un mal día con una broma y sostienen los momentos difíciles con una palabra justa.
Hoy la vida le exige coraje frente a una enfermedad seria, el cáncer de próstata. Y la enfrenta como ha vivido siempre: con valentía, dignidad y ese humor que nunca abandona, dando ánimo antes de recibirlo y quitando hierro cuando pesa demasiado. Demostrando que la alegría también puede ser una forma de resistencia.
Porque Chupi no es solo una persona: es parte del pulso humano de Peñarroya. Y por eso este homenaje no va solo a José Manuel Marín Ortiz. Va, sobre todo, a Chupi, patrimonio emocional de esos que no salen en los libros, pero que sostienen a los pueblos.
Si alguien quiere entender qué significa ser buena gente, basta con mirar el ejemplo de José Manuel Marín Ortiz, Chupi. Conversaciones sinceras, gestos cotidianos y acciones que han enriquecido a su pueblo de adopción hasta hacerlo suyo, viviendo Peñarroya-Pueblonuevo como un vecino más, con sus tradiciones y costumbres metidas en vena.
Sabemos que atraviesa momentos difíciles. Desde Infoguadiato le enviamos todo nuestro apoyo y fuerza para superar este bache.
“La mayor gloria no es no caer, sino levantarse siempre.”
Confucio
Ánimo, Chupi. Estamos contigo.
Sergio Delgado Cintas






























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