Pedro Rozi Gállego
Me llamo Pedro Rozi Gállego, tengo 81 años y soy vecino de Peñarroya-Pueblonuevo. He pasado doce días ingresado en el Hospital de Alta Resolución Valle del Guadiato por una neumonía severa y complicada. Ahora que he vuelto a casa, quiero contar lo que viví y, sobre todo, dar las gracias.
Doce días pueden parecer poco tiempo cuando se miran desde fuera. Cuando uno está enfermo, cada respiración cuesta y la preocupación no le deja tranquilo, se hacen muy largos. Durante mi ingreso hubo momentos delicados, especialmente cuando estuve en la UCI. Recuerdo los controles, las pruebas y a los profesionales pendientes de mi evolución. Allí, cada hora podía ser importante.
Quiero agradecer a los médicos su profesionalidad, las decisiones que tomaron y las explicaciones que me dieron. Les agradezco también que entraran en la habitación y miraran al paciente, no solamente a una historia clínica. Mi reconocimiento va para los profesionales de Medicina Interna, los médicos de guardia y todos los especialistas que participaron en mi atención, incluidos aquellos a quienes quizá no llegué a conocer personalmente.
A los enfermeros y enfermeras quiero darles las gracias por estar siempre ahí. Turno tras turno, de día y de noche, había alguien pendiente de una medicación, una prueba, una constante, una pregunta o una alarma. Y muchas veces, además de hacer su trabajo, me dieron algo que también necesitaba: tranquilidad.
Gracias a los auxiliares y las auxiliares por cada entrada en mi habitación, cada ayuda, cada palabra y cada gesto. A los celadores, que me trasladaron y me acompañaron cuando tenía que hacerme una prueba. Al personal de limpieza, cuyo trabajo es fundamental para cuidar a quienes estamos ingresados. Y gracias también a administrativos, técnicos, personal de admisión, cocina, mantenimiento y servicios de apoyo. Hay muchas personas trabajando en un hospital a las que el paciente apenas ve, pero que hacen posible que todo funcione.
No quiero olvidarme de quienes estuvieron conmigo en la UCI. Estar allí impresiona. Uno se encuentra rodeado de aparatos y controles, y agradece saber que hay un equipo preparado, vigilante y pendiente de él. Gracias por cuidarme cuando más lo necesitaba.
Durante estos doce días también estuvo a mi lado mi familia. Vivieron las esperas, las horas de incertidumbre y el miedo a que las cosas no salieran bien. Gracias por acompañarme, por cada visita, cada llamada y cada palabra de ánimo. Mientras yo luchaba contra la enfermedad dentro del hospital, vosotros estabais conmigo.
Hoy puedo decir, como vecino de Peñarroya-Pueblonuevo, que me siento orgulloso de nuestro hospital público. Tener atención sanitaria cerca de casa significa mucho cuando llega un momento complicado. Yo he necesitado esa atención y he conocido de cerca a muchas de las personas que la hacen posible.
Me llevo de estos doce días imágenes, nombres que quizá no recuerde y rostros que quizá no vuelva a encontrar. Pero no olvidaré lo que hicieron por mí ni cómo me trataron.
Con 81 años, después de doce días luchando contra una neumonía severa y complicada, vuelvo a casa con la alegría de haberla superado y con un profundo sentimiento de gratitud. Gracias a todos los que me cuidaron, a todos los que me acompañaron y a todos los que hicieron posible que hoy pueda contarlo.





























Mi enhorabuena a todo el personal del hospital y especialmente a Pedro.