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El centro de almacenamiento de residuos radiactivos de El Cabril, ubicado en Hornachuelos, vuelve a situarse en el centro del debate sobre el futuro de la gestión nuclear en España. La llegada de nuevos residuos procedentes del desmantelamiento de centrales nucleares y los planes previstos para ampliar la capacidad de la instalación han reactivado una controversia histórica en torno al complejo cordobés.
Según una información publicada por Campitur, El Cabril ha recibido ya 16.000 metros cúbicos de residuos procedentes del desmantelamiento de la central nuclear José Cabrera-Zorita, la primera que estuvo operativa en España. El proceso de clausura de esta central ha generado unas 146.000 toneladas de materiales, de las cuales alrededor de 20.000 toneladas corresponden a residuos radiactivos.
La llegada de estos materiales se produce además en un contexto marcado por la progresiva ocupación de la capacidad disponible en las instalaciones. Datos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) indican que, a finales de 2024, la zona destinada al almacenamiento de residuos de baja y media actividad alcanzaba un 83,69% de ocupación, una situación que ha impulsado nuevas autorizaciones para ampliar la capacidad operativa con horizonte en 2028.
Nuevas ampliaciones previstas
La planificación contempla la incorporación de nuevas celdas dentro de la denominada plataforma sureste, destinada a absorber residuos procedentes del cierre y desmantelamiento de centrales nucleares españolas durante las próximas décadas.
A ello se sumará la llegada de materiales derivados del proceso de desmantelamiento de la central burgalesa Santa María de Garoña, desde donde está previsto trasladar unas 2.000 toneladas de residuos radiactivos en una primera fase concentrada principalmente entre 2026 y 2027, aunque con actuaciones prolongadas hasta 2028.
Estos movimientos consolidan a El Cabril como una infraestructura estratégica dentro del sistema español de gestión de residuos nucleares, reforzando su papel más allá del ámbito andaluz.
Reacciones enfrentadas
La ampliación proyectada mantiene abierto un debate que desde hace años divide posiciones. Colectivos ecologistas, entre ellos la Asociación Ecologista de Hornachuelos (Hornasol), han mostrado su rechazo a los planes autorizados por el Ministerio para la Transición Ecológica y han recurrido la ampliación, solicitando su paralización.
Por el contrario, las entidades responsables de la gestión y supervisión insisten en las garantías de seguridad del complejo. Enresa sostiene que la actividad desarrollada en El Cabril se realiza sin incidencias y sin impacto radiológico en el entorno, mientras que el CSN mantiene que la instalación opera bajo condiciones seguras.
Durante 2024, El Cabril recibió 2.722 metros cúbicos de residuos radiactivos distribuidos en 295 expediciones, según datos oficiales.
Un debate que sigue abierto
La ampliación prevista, la llegada continua de nuevos residuos y el calendario de cierre de varias centrales nucleares españolas vuelven a colocar a El Cabril en una posición clave dentro de la política energética nacional.
Para unos, representa una infraestructura necesaria para gestionar el legado nuclear del país. Para otros, supone una carga creciente sobre el territorio y una fuente permanente de inquietud sobre los límites futuros del almacenamiento y su impacto ambienta






























Trabajo para hoy ,despoblación para mañana
El Cabril venga a crecer y la carretera por donde pasan todos esos camiones con residuos no la convierten en autovía porque no les da la gana, pero toda la basura de las centrales para esta zona, en eso sí se ponen de acuerdo, manda narices.
Esto es intolerable que se la coman quienes la producen