De los mares profundos nace el hombre y de las profundas esencias la mujer. Ellos son los que mueven las mareas altas y bajas.
Sin precedentes por el mundo, va poco a poco revolucionando al compás del 3×4.
Sol, si, la, si, do es la clave de la mujer. Y do, re, mi, fa, sol, el del hombre.
Parece esto raro, pero no lo es. De ellos nace un hijo del fuego que le quema por dentro a él y de la furia que le quema a ella.
Este hijo gesticula muy paulatinamente, embelesado por el mar. Después, casándose con la sirena del mar, atrae a los hijos que nunca tuvieron.
Sin más, no antes decir que su infancia fue una de las etapas más felices de su vida y que ahora mira el mundo desde otra perspectiva, con otros ojos, atraídos por el profundo, largo y ancho mar.
Arriba las manos, fuera puñales e inconvenientes inoportunos. El que se quiera ir, que se vaya, pero el villano se queda en casa.
Más a saber del hijo de los individuos fugaces del mar. Fue algo irrisorio, porque tal vez siempre terminan gastándole bromas absurdas para ponerle aún más nervioso, para que se eche al mar y lo arrastre en los corales silvestres de sus profundidades.
Pero sí, señor, ya se va con las olas del mar. Con el sombrero de pico y traje de chaqué, diciéndole chapó al padre y rezando un ave maría a la madre.
Hasta siempre, con cariño de tu hijo mártir, pero imbécil por creerlo todo, se fue por sus propios fueros.
Y con esto y algo más se despide ya el mar, que, lleno de peces, se enriquece, y si uno quiere, hasta puede perderse en ese cristalino y transparente mar donde beben los vástagos que se hicieron a la vida, como marineros a la mar con trajes de luces esperando el lucero del alba.
El mar incendió mi pasado para alumbrar mi presente y allanar mi futuro. Seguro que el mar atestiguará mis próximos destinos, al alcance de unos pocos privilegiados que les guste echarse a la mar.
Y en este mar de canciones me evoco a recordarte que fuimos héroes de una guerra donde nos gustaba idolatrar al dictador. En aquellos confines fratricidas de encuentros solitarios y de espaldas al paredón, apretar el gatillo para ensimismar y desafiar al mar.
Doy por hecho que los hijos de los mares, como yo, ostentamos una Odisea como Ulises, y como en las guerras médicas y en las púnicas de la Antigua Grecia, congraciar con los filósofos y leguleyos que nos llevan hoy en día, con los políticos felones, a una guerra sin cuartel.
Y sin que sirva de precedente, hoy me echo a la mar para no volver, para hacer mi cruzada contra este horrendo mundo, lleno de tanta desazón y desidia.
Solo el mar sabe tranquilizarme y asesorarme para ir por el buen camino. Ese camino que contemplo con los ojos abiertos y con la vista y la mente puesta en un punto fijo: el mar.
Y, sobre todo, en ese faro de la vida donde echarse a la mar está infravalorado.
Que se lo pregunten a Neptuno y a Poseidón, poseedores ambos de ser los guardianes del mar más fuerte y de convicciones extremas para amar el mar.
Y contra la ceguera y el cólera de exterminar la vida marina, me contemplo a vivir y a morir en el mar, donde se reproducen las escenas más maravillosas del ser humano y de la historia.
Echando pelillos a la mar. Gracias a mis padres marinos, hoy puedo permanecer en ese territorio todavía aún virgen y todavía por explorar y explotar.
El mar. Mi casa. Mi refugio.
EL MAR
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SERGIO DELGADO CINTAS
ARTÍCULO TOTALMENTE REMASTERIZADO Y MEJORADO QUE ESCRIBIRÍA EN MI ADOLESCENCIA Y QUE HE RESCATADO DE UNA LIBRETA CON APUNTES, ARTÍCULOS Y UN DIARIO PERSONAL






























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