Hay personas que, sin proponérselo, se convierten en ejemplo. Personas que afrontan la vida con entereza, que no se rinden ante las dificultades y que saben transformar cada experiencia —buena o mala— en aprendizaje. Son optimistas sin estridencias, perseverantes sin alardes, y poseen esa capacidad tan valiosa de cuidar las relaciones humanas y mantener viva la esperanza incluso en los momentos más duros.
Hoy ponemos la mirada y la palabra en una de esas personas. En la figura de Francisca Sánchez Ruiz, conocida por todos como Paqui. Una mujer cuya vida ha estado íntimamente ligada a la familia, al comercio y al pulso cotidiano de nuestro pueblo. Una de esas trayectorias silenciosas que, sin hacer ruido, quedan grabadas con letras de oro en la memoria colectiva.
Paqui nació en el distrito de Peñarroya, en la plaza de la Farola, la antigua plaza de abastos. Hija de Manuel Sánchez y Julia Ruiz, creció junto a su hermana mayor, Ana, en un entorno donde el trabajo, la cercanía y el trato directo formaban parte de la educación diaria. Junto a su marido, Bruno Martín —que en paz descanse—, formó una familia numerosa y sólida: cuatro hijos, Ana, Raquel, Olga y José Bruno; seis nietos y una bisnieta que hoy son el reflejo de unas raíces profundas y bien cuidadas.
Tras estudiar en el colegio de las monjas, Presentación de María, Paqui inició su vida laboral en el comercio, primero junto a su madre y su tío Francisco. Más tarde, junto a su marido, levantaría el negocio familiar, cuando Bruno dejó atrás la dura profesión de camionero. El comercio no fue para ella solo un medio de vida, sino una forma de estar en el mundo.
Sus años más intensos llegaron cuando, además de Ultramarinos Paqui, atendía su puesto en la plaza de abastos. Allí no solo vendía productos: repartía conversación, confianza y afecto. Cada artículo tenía detrás una ilusión, un consejo, una sonrisa. Por eso sus clientes no eran solo clientes, sino parte de una relación emocional que aún hoy muchos recuerdan con cariño.
Paqui forma parte de la asociación de mayores “El Jardín” y mantiene vivas sus aficiones, especialmente la cocina, donde sigue expresando su ternura en cada receta que prepara para hijos y nietos, quienes pueden dar buena fe de ello. Le gusta compartir el desayuno diario con su familia en el Bar Porras y recuerda con nostalgia la vida bulliciosa de la Farola, las tardes con los vecinos, y la convivencia con los dueños de la Cafetería y Dulcería Bécquer, a quienes siempre ha tenido en gran estima, al igual que a sus compañeras y compañeros del mercado de abastos.
Ya en su jubilación, más que merecida, echa de menos aquella alegría que llenaba su barrio hasta el puente, los buenos momentos compartidos con la clientela y una forma de vida que hoy parece lejana.
No se puede hablar de Paqui sin mencionar los golpes que la vida le dio. La pérdida de su madre Julia y de su nieto Juan Pablo en 2007, y años después, la marcha de su marido Bruno en 2015. Momentos duros que afrontó con la misma dignidad y fortaleza con la que siempre ha caminado.
Hoy se rinde homenaje a una mujer querida y respetada. Historia viva de Peñarroya Pueblonuevo. Guardiana de una memoria comercial y social que no debe perderse. Hija, esposa, madre y abuela ejemplar. Mujer sensible, cercana y valiosa. Una de esas personas que valen, como se decía antes, un potosí.
Nada mejor que ella para recordarnos que a la vida hay que mirarla de frente, con determinación y sin bajar los brazos.
“Ser.
Como quien no puede ser.
Como quien sabe que esta es su única vez.
Como quien mira la vida de frente.”
Roy Galán
Por todo ello, es una verdadera suerte que seas quien eres, amiga y vecina Paqui.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas





























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