Sergio Delgado Cintas
Una novela que narra la vida de una generación de amigos que se reencuentran para llevar a cabo una misión llena de amistad y lealtad.
¿Te atreves a unirte a ellos?
CAPÍTULO 1 — LA SANGRE DE LOS INOCENTES
Radio Nacional de España suena en el vehículo de la Guardia Civil. Dos agentes patrullan durante el servicio de noche y proceden de la Comandancia de Baracaldo (Vizcaya).
—Tarde de transistores para un Athletic Club de Bilbao que queda en tercera posición de la liga doméstica tras una temporada llena de altibajos, donde han destacado los hermanos Salinas y en la que veteranos como Goikoetxea y Liceranzu no han podido llevar a los bilbaínos a conseguir el título liguero.
De pronto, la programación se interrumpe:
—Y noticia de última hora. Atentado en la casa cuartel de la Guardia Civil de Baracaldo (Vizcaya). Las primeras informaciones apuntan a que ha sido obra de un comando del grupo terrorista ETA. Las primeras pesquisas comienzan a esclarecer lo sucedido y, según fuentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, hay decenas de muertos, entre ellos menores y mujeres, aunque también se han localizado supervivientes.
La detonación ha tenido lugar sobre las once de la noche. Según las primeras informaciones, los terroristas habrían colocado explosivos en un coche patrulla de la Guardia Civil y otro artefacto en las inmediaciones de la casa cuartel.
Las primeras imágenes muestran a un bebé recién nacido siendo trasladado de urgencia a un hospital de Bilbao, envuelto en una manta sanitaria. Según fuentes médicas, su vida no corre peligro, pero su madre y dos de sus hermanos han fallecido. Pertenecen a la familia Sánchez Almagro.
El padre del pequeño, el cabo Sebastián Sánchez, se encontraba fuera del cuartel patrullando junto a otro compañero, el capitán Manuel Martínez. Este último no ha sufrido pérdidas familiares, ya que su novia se encuentra trabajando como profesora en un pueblo de Sevilla y no tienen hijos en común.
—En los próximos minutos les ofreceremos más información. Buenas noches. Les dejamos con el programa El Último Gato, con Andrés Aberasturi.
Transmisor del coche patrulla de la Guardia Civil
—Capitán Martínez, ¿me escucha? Llamamos desde el centro de operaciones de la Comandancia de Bilbao. Tenemos que comunicarles que se ha producido un atentado en su casa cuartel. La comandancia ha quedado convertida en un amasijo de hierro. Ha sido un atentado terrorista y, desgraciadamente, tenemos que informarles de que hay decenas de muertos.
Se produce un silencio al otro lado de la emisora.
—Cabo Sánchez, entre los fallecidos se encuentran su esposa y dos de sus hijos. El más pequeño está con vida. Lo siento muchísimo. Todos los que formamos parte del cuerpo le acompañamos en su dolor y quiero transmitirle personalmente mi más sentido pésame. Les habla el brigada Izaguirre desde la Comandancia de Bilbao.
El cabo permanece paralizado.
—Los cuerpos de sus familiares han sido trasladados al Anatómico Forense de Bilbao, donde se están realizando las correspondientes autopsias. También conocemos nuevos datos sobre el comando terrorista. Estaría dirigido por Josu Azpíroz, alias “el Pintxo”.
—No puede ser, mi capitán. No puede ser real. ¡Menudos hijos de puta! Pagarán por todo el terror y todos los asesinatos que están causando. Ese maldito asesino de Josu Azpíroz… Qué pena que no pueda pegarle dos tiros y tirarlo a una cuneta. Los años de plomo que estamos viviendo nos pasarán factura en el futuro. A mí ya me la están pasando. Me han condenado de por vida. Pero pagarán. Cuando coja a ese perro y a sus secuaces, pagarán.
—Tranquilo, cabo Sánchez. Vamos a Bilbao y veremos cómo está tu pequeño Javier. Por lo menos ha sobrevivido a esta tragedia, al igual que una veintena de personas que han conseguido salvarse de esta brutalidad. Conduzco yo. Tú no estás en condiciones de llevar el vehículo.
HOSPITAL UNIVERSITARIO DE BASURTO
—¿Es usted el cabo Sebastián Sánchez, padre del bebé Javier Sánchez Almagro?
—Sí, soy yo.
—Soy la doctora Arantxa Pérez Cubero. Quiero comunicarle que el pequeño no corre peligro.
Sebastián respira profundamente.
—Sin embargo, tendremos que realizarle distintas pruebas y seguir su evolución durante los próximos años. Hemos observado algunos indicadores que aconsejan un seguimiento especializado de su desarrollo.
—Doctora, mi hijo es lo único que me queda de mi familia. Esos hijos de puta me han destrozado la vida entera y todos mis sueños.
—Sebastián, dentro de esta tragedia, que su hijo esté fuera de peligro es una buena noticia.
Manuel Martínez se acerca a su compañero.
—Sebastián, ahora que sabemos que Javier está estable, tenemos que ir al tanatorio para despedir a tu mujer y a tus hijos.
—De acuerdo, Manuel. Nos iremos para allá, pero no antes de darle un beso a mi pequeño tesoro.
El cabo se acerca al bebé y lo besa.
—Gracias, doctora Pérez Cubero, por todo. Tenemos que marcharnos.
—Cabo Sánchez, recibirá puntualmente todas las novedades sobre la evolución de su hijo. Se queda en buenas manos, atendido por los profesionales sanitarios de este hospital.
TANATORIO DE BASURTO
En una de las salas se escucha la voz llena de rabia de un familiar de las víctimas del atentado:
—¡No se les puede perdonar! Que les caiga todo el peso de la ley cuando los cojan. Mi tío y mi tía no tenían culpa de nada. Ellos no son responsables de lo que esa banda terrorista reclama y reivindica. Todo esto es una quimera, el sueño de unos fanáticos con las manos manchadas de sangre. No tienen escrúpulos ni piedad.
Tras unos segundos de silencio, vuelve a escucharse:
—Ojo por ojo y diente por diente. ¿No reza así la ley del talión?
Un empleado del tanatorio se aproxima.
—¿Familiares de los Sánchez Almagro?
—Sí, soy yo. Cabo Sebastián Sánchez.
—Soy Andrés Cuenca, empleado del Tanatorio de Basurto. Su mujer y sus dos hijos se encuentran en un salón preparado especialmente para los fallecidos en el atentado.
Sebastián entra en la sala.
—Dios santo… No me lo puedo creer. A pesar de las heridas y de apenas poder reconocerlos por la metralla, siguen siendo mi mujer y mis dos hijos.
—Lo siento muchísimo, cabo Sánchez. Le transmito todas mis condolencias.
—¿Cabo Sánchez?
—Dígame, mi capitán Martínez.
—Sus familiares están de camino hacia el tanatorio desde León y Madrid.
—Muchas gracias, mi capitán.
Sebastián permanece unos segundos en silencio.
—Voy a ir a casa de un amigo para darme una ducha. Como la casa cuartel está destrozada, le pediré el favor a un amigo de la Ertzaintza, compañero del gimnasio.
IGLESIA DE SAN VICENTE MÁRTIR (BILBAO) — DÍA DEL ENTIERRO
Suenan las campanas anunciando el funeral de la mujer y los dos hijos del cabo de la Guardia Civil Sebastián Sánchez.
—Jamás imaginé que algún día tendría que vivir algo así, capitán Martínez.
—Lo sé, cabo Sánchez. Es imposible controlar las emociones cuando tienes que despedirte de algunas de las personas más importantes de tu vida: tu mujer y dos de tus hijos. Ahora tienes que encontrar fuerzas para cuidar y proteger al pequeño Javier.
Sebastián aprieta los puños.
—Esos desgraciados pagarán por esto. Te aseguro que pagarán. Ese cabecilla, Josu Azpíroz, alias “el Pintxo”, pagará por ello. No dejaré de mover cielo y tierra hasta dar con él.
DOS DÍAS DESPUÉS DEL ATENTADO
Se aproxima la hora del sepelio. Llega el momento de bendecir los cuerpos y trasladarlos al cementerio.
—Lo sentimos mucho, Sebastián. Te acompañamos en el sentimiento.
Las palabras se repiten una y otra vez en el interior de la iglesia, pronunciadas por numerosos vecinos, amigos y conocidos del agente.
Cuando todo termina, el capitán Martínez se acerca a Sebastián.
—Ya es hora de que descanses, cabo Sánchez. Tienes que irte a casa, darte una ducha e intentar dormir. Poco a poco tendrás que volver a la realidad. Ahora mismo estás en una nube y de esa nube tendrás que bajar. Tienes que luchar y seguir viviendo por lo que más quieres en esta vida.
—Es imposible dejar de pensar en la atrocidad que ocurrió hace dos días, pero tengo que ser fuerte. Tengo que intentar pensar en positivo antes de que mi cabeza se llene de malos pensamientos.
—Así me gusta, cabo Sánchez. Esa es la actitud. Después de una tragedia como esta no se puede recuperar uno de un día para otro. Tendrás que hacerlo poco a poco, buscando cada día algún motivo para seguir adelante.
Sebastián guarda silencio.
En su cabeza permanece una sola imagen: la de su hijo Javier.
Y también un nombre que difícilmente podrá olvidar.
Josu Azpíroz, “el Pintxo”.
SEIS MESES DESPUÉS DE LA TRAGEDIA…
CONTINUARÁ
El próximo mes llegará el segundo capítulo de esta nueva novela de ficción, pero con altas dosis de realidad, del escritor peñarriblense Sergio Delgado Cintas, habitual colaborador de Infoguadiato y del periódico Peñarroya-Pueblonuevo Valle del Guadiato.





























Ya ves Sergio lo que le interesa a la población nadie ha puesto ni un misero comentario, aunque sea una novela eso ha sido la realidad que muchos hemos vivido y que ya se nos ha olvidado.
Gracias SERGIO adelante con los que el recuerdo no les importa.
No te rindas bajo ningun comentario,oh presion, somos muy pocos los que aunque sea en forma de novela, esa misma novela hera el pan de cada dia y que ya se nos ha olvidado.
Grande Sergio