España comparte con Italia y Argentina la importancia que damos a la familia y a los amigos. También nos une el temperamento apasionado, lo que nos hace sentirnos “hermanos” de ambos países. Del primero compartimos el mar Mediterráneo; del segundo, el idioma, pues Argentina es heredera de los criollos. Y de los tres países podemos destacar una rica tradición cultural e histórica, cuna de generaciones de grandes genios de la literatura y el pensamiento.
Tras esta breve introducción, viajamos hasta la calle Sevilla, en Peñarroya, a finales de los años cincuenta. Allí encontramos a un chavalín enclenque y desgarbado que despertaba la admiración de las muchachas por su sutil encanto. Hablo de Gregorio Mohedano, de la saga de los Quinteros, conocido como el auténtico Bolichero. Desde niño fue servicial, apuesto y de estilo elegante al modo sevillano.
Su juventud transcurrió sirviendo en el Restaurante San Fernando, donde nacería el gran amor de su vida: Loli. Su suegro, Antonio Porras, gran cocinero de renombre en el pueblo, la comarca y la provincia, vio en Gregorio al yerno ideal. Con Loli formó una familia ejemplar junto a sus dos hijos, Fernando y Luis.
El matrimonio también asumió con cariño el cuidado de un hermano y una tía de Loli. En ese contexto Gregorio descubrió una de sus pasiones: la cocina. De la mano de su suegro aprendió recetas tradicionales elaboradas con productos de la tierra, saber que aún hoy sigue transmitiendo a sus familiares.
Pero la vida le puso una dura prueba: hace alrededor de una década falleció su esposa tras una larga enfermedad. Gregorio había compartido con ella casi cuarenta años de vida en común. Nunca olvidará aquellas fiestas en la Peña de la calle Sevilla, las ferias de Peñarroya y Pueblonuevo, ni las manifestaciones en el Cabril junto a su gran amigo Rafael Muñoz —entonces alcalde— reclamando el Hospital Comarcal.
A pesar de la pérdida, Gregorio encontró un nuevo motor en sus dos nietos, María y Noah, a quienes adora. Nietos que su querida Loli no pudo conocer, pero que hoy son su razón de ser. También guarda un gran cariño por sus dos nueras, María Jesús y Ana Rosa, a quienes considera un apoyo fundamental y que le han regalado esas “criaturitas” que le devolvieron la alegría.
Su vida es un ejemplo de esfuerzo y dedicación. Ya en edad madura, pudo entrar como minero en las minas de la zona, y más tarde disfrutar de la prejubilación y la jubilación. Con tesón y sacrificio, supo sacar adelante a su familia, inculcando a sus hijos —y ahora a sus nietos— valores como la educación y el respeto.
Hoy, Gregorio vive con la satisfacción de haber llevado una vida plena y con el cariño de todos los suyos. Desde este espacio en Infoguadiato, queremos rendirle un sincero y merecido tributo a un vecino que forma parte de la historia de nuestro pueblo.
Seguiremos adelante con esta sección para mostrar a las nuevas generaciones que en nuestro pueblo hay, y siempre ha habido, personas ejemplares y dignas de ser recordadas.
Gregorio, espero que disfrutes de este humilde homenaje.
De tu amigo y vecino:
Sergio Delgado Cintas





























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