Las leyes para resolver problemas son ante todo unos asuntos para altos expertos en la materia tanto en lo judicial como en lo político.
Dejando a un lado los problemas judiciales y los problemas políticas, hay una persona que ha mediado para resolver nuestros principales problemas sociales, entre ellos problemas que tenía nuestro pueblo como nuestras fiestas y tradiciones como el carnaval, hace más de cuatro décadas en declive, pero hubo una mujer que supo darle juntos a otros pioneros ese auge a la festividad de Don Carnal como nuestro personaje de hoy que vamos a rendirle tributo, nuestra vecina y amiga: «Guadalupe Martín Ruiz, más conocida como «Lupi».
Mujer integra y trasgresora adelantada a su tiempo, para ella no había nada difícil, todo lo veía tan sencillo, que a través de su sencillez ha hecho de su vida un arte: El arte de vivir felizmente en su pueblo.
Implicada con las causas justas, siempre dispuesta a echar una mano a cualquiera, con ese don de gente y ese ingenio que ha sabido transmitirles a los suyos.
La cara más desconocida de Guadalupe contada de manera amena y sencilla por los redactores de Infoguadiato que a continuación os va a narrar de forma novelada:
Guadalupe Martín Ruiz, “Lupi”, nació en Peñarroya-Pueblonuevo en 1956, envuelta en ese calor familiar que marca para siempre: Juana y Blas, sus padres, y los hermanos que fueron su primera cuadrilla en la vida —Blas, Paqui y Andrés—. Creció entre risas, trabajo y un sentido profundo de pertenencia. Quizá por eso, desde muy joven, desarrolló ese instinto suyo tan característico: cuidar lo que ama y luchar por lo que cree.
Trabajadora incansable, empezó su camino laboral en el Hotel Sevilla, donde aprendió a tratar a la gente con esa mezcla de cercanía y firmeza que siempre la acompañó. Más tarde fue telefonista en Encasur, y nunca dudó en arrimar el hombro junto a su marido en tareas de pintura y decoración. En todo lo que hacía dejaba su sello: responsabilidad, cariño y una alegría que no sabía esconderse.
En 1977, cuando el Carnaval de su pueblo no era más que un eco gastado, Lupi decidió que no podía permitir que se apagara del todo. Fue ella quien, casi a pulso, recuperó esa fiesta que había quedado en silencio desde 1968. Nadie le dio un manual, ni ella lo pidió: bastó su voluntad para resucitar una tradición dormida. Y con esa misma energía, en 1984 fundó la Peña Cultural Nuevo Carnavales. Dos años después rompió otro techo: creó el primer cuarteto de la localidad, Los Antirracistas, cuyo nombre ya anunciaba quién era ella y por qué luchaba.
En 1988 dirigió su primera chirigota, Los Esclavitos. A partir de ahí, el Carnaval se convirtió en una extensión de su vida, de su carácter, de su voz. Más de diez agrupaciones pasaron por sus manos, por su oído fino, por su corazón exigente y generoso. Los premios —incluidas las deseadas “Agujas de Oro” en varios concursos de la provincia— fueron solo el reflejo público de lo que los suyos ya sabían: Lupi tenía un talento innato para unir, crear y dar alma a cada proyecto.
Pero su entrega no terminaba en febrero. También dejó su voz en los coros rocieros Virgen del Rosario y “Amigos del Acorde”, donde la música se volvía refugio. Su compromiso con las asociaciones culturales, como “El Cerro” y “Amigos del Acorde”, fue constante y sincero. Allí no era solo una mano más: era memoria viva, entusiasmo, una fuerza que empujaba sin imponerse.
Amante de los animales, compañera leal, mujer de principios firmes y corazón blando: así la describen quienes la conocen. Todos coinciden en algo: Lupi no necesitaba hacerse notar para ser imprescindible. Su manera de estar —serena, luminosa, entregada— bastaba para dejar huella.
Guadalupe Martín Ruiz no solo hizo Carnaval. Hizo pueblo. Hizo historia. Y sigue ahí, como siguen las personas que no se van nunca del todo: en el eco de una copla, en el brillo de una máscara, en cada febrero que revive gracias a su empeño. En el latido cultural de su tierra, su nombre ya es parte del compás.
Sin perder ese compás, hoy llena flores ese bosque encantado que con su sonrisa y amabilidad ha llenado los corazones de todos sus vecinos y vecinas.
Y sobre esa base se ha cimentado la vida de Guadalupe. Una vida intensa y valedora de ser contada con todo su esplendor y brío que se merece nuestra homenajeada.
«Y nunca estará sola, estarás acompañada por la magia y la compañía de un pueblo que te quiere y que te adora. Y eso, ya es soñar en grande».
Frase dedicada a Guadalupe Martín Ruiz por parte del redactor Sergio Delgado Cintas, al cual le está agradecido por ser un referente y haberle inspirado a hacerle este emotivo artículo para esta sección, al cual le damos el valor a los habitantes de un pueblo como Peñarroya Pueblonuevo, que sí por algo es muy grande y por el cual le hace diferente al resto es por los vecinos y vecinas que la habitan.
Y tenemos el lujo de contar y de convivir con una vecina y amiga como «Lupi».
Toda nuestra mayor suerte de conocerla desde hace mucho tiempo, y el hecho de realizarle este homenaje de manera respetuosa y afectuosa es por la dedicación y trabajo enorme para que no se pierdan nuestras tradiciones y costumbres en nuestro pueblo, y porque la palabra «amor», se queda corta por el amor que siempre ha procesado Guadalupe hacia a su pueblo.
Sirva de ejemplo para futuras generaciones en nuestro pueblo, que necesitamos y necesitaremos más personas como nuestra tributado de hoy.
Sin más que añadir a este artículo:
Gracias por todo.
Te queremos mucho.
Te lo mereces, Guadalupe.






























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