Todo un pueblo sabe cómo marchan las vidas de sus vecinos. Nadie como ellos para saber apreciar a esas personas que destacan por su servicio y su entrega a los demás.
Figuras que han mostrado todo su afecto y cariño desde la primera base: la familia.
Muy a pesar de las circunstancias que se han encontrado a lo largo de sus destacables y esforzadas vidas, donde entrarían por el umbral de sus casas el hambre y la desesperación.
No huir ni tampoco maquillar sus humildes orígenes es signo de esa valentía, como la vida que vamos a narrar de forma novelada: la de nuestra vecina y amiga Herminia Cabanillas, a quien hoy viernes tributamos y ensalzamos por su entrañable e interesante vida, la de una mujer luchadora y combatiente al paso del tiempo.
Herminia Cabanillas Molina nació en Fuenteobejuna, hija de Eugenio Amador y de Herminia, y apenas comenzó a andar cuando la guerra la obligó a caminar otros rumbos. Tenía dos años cuando la familia se refugió en Conquista, y aun así guarda recuerdos nítidos: el regreso del padre, las mudanzas improvisadas, el modo en que su madre protegía al bebé recién nacido mientras el país se deshacía a su alrededor.
Terminada la guerra, su padre volvió al volante del autobús y los llevó a fijar raíces en Peñarroya-Pueblonuevo. En la calle San Pedro, actual calle Lisboa, creció Herminia, la mayor de tres hermanos, despierta, responsable, absorbente de historias. A los 16 años entró a trabajar en la Empresa Peñarroya y, con apenas 18, ya dominaba los telares de yute en la Yutera. Su precisión la convirtió en la encargada de elaborar las muestras que viajaban a otras tierras para vender los sacos que allí se fabricaban. Tenía un don: nada se le escapaba, nada quedaba mal hecho.
En 1958 dejó la fábrica para casarse con Ezequiel Marcado. Con él formó una familia sencilla y firme, de la que nacieron Amador y Herminia. Años después, en 1976, tomó las riendas de un pequeño comercio de comestibles. Veintidós años detrás del mostrador la convirtieron en una figura entrañable del barrio: los niños iban por chuches y regresaban con sonrisas, porque Herminia atendía con una paciencia y un cariño que aún hoy se recuerdan.
Entre jornada y jornada, sus manos seguían creando: crochet, punto, labores minuciosas… Nada se le resistía, y más de un encargo llevó un pequeño ingreso extra a casa gracias a esa habilidad silenciosa.
Hoy, camino de los 92 años, vive acompañada y cuidada por su hija y por su yerno Antonio, a quien quiere como a un hijo por el cariño con que la trata. Sus nietos, Amador y Carlos, son su orgullo mayor. Habla del pasado con una memoria luminosa: recuerda vecinos, calles, mudanzas, voces. Y vive tranquila, rodeada del afecto que sembró durante toda una vida de trabajo, ternura y constancia.
La vejez le hace ser sabedora de que no habrá otra persona que guarde los grandes secretos de nuestro pueblo como Herminia Cabanillas.
Hoy, desde ese sillón o desde esa cama al cuidado de su hija y de su yerno, ve correspondido el amor fraternal de su familia, a la que ella cuidó al máximo.
Asume que lo que más le toca vivir es ese día a día que cabalga lento, pero con una sonrisa, con la cual sus amigos de Infoguadiato le mandan, con todos los respetos y afectos, este artículo para hacer llegar a sus lectores y lectoras que aún existen personas mágicas e imprescindibles en nuestro pueblo.
«El bien es hacer mejor el mal.»
Frase anónima dedicada a Herminia Cabanillas con motivo de llevar y hacer de ese mal que se ha encontrado a lo largo de su vida algo mejor.
Y todo ese bien que ha sembrado en su vida es por sus ganas de vivir y seguir luchando.
Te queremos mucho.
Te lo mereces, Herminia.






























Una gran mujer y mejor persona .Con todo el respeto del mundo !!!QUÉ GUAPA ESTAS SRA HERMINIA!!! Un fuerte abrazo y un beso mas fuerte todavía.