El amor, como se suele decir, está en el aire, pero la búsqueda del verdadero amor está en la complicidad y generosidad de los buenos seres humanos hacia su pueblo y su gente. En quienes siempre están en la sombra para que otros y otras brillen.
Parece ser que hoy en día se han inventado —o hemos inventado— nuevas maneras de escribir o narrar historias de nuestro pueblo y de su mundo social, cultural o deportivo. Pero pensemos que no estamos en lo cierto: hace ya cuatro décadas había profesionales que ponían su voz y su pluma al servicio de oyentes y lectores. Allí estaba, desde bien joven y con la mejor predisposición, nuestro homenajeado de hoy lunes: José Antonio Crespo Castilla.
Un hombre poco dado a ser el centro de atención, aun llevando una vida en primera plana. Siempre en su línea: respetuoso, querido entre nuestros vecinos, al servicio de asociaciones, peñas o clubes deportivos. El amor le vino de flechazo, como suele ocurrir cuando menos se espera, y dio sentido máximo a la palabra lealtad.
Conjugando pasión y dedicación sin intereses personales, su vida se construyó desde la honradez y la justicia, siempre volcado en causas sociales y en el beneficio colectivo, lejos de ese individualismo del que jamás bebió.
Hoy honramos la figura de José Antonio Crespo Castilla, y ofrecemos a continuación su vida, contada y narrada de forma novelada por sus amigos de Infoguadiato.
José Antonio Crespo Castilla vino al mundo en 1966, en Peñarroya-Pueblonuevo. Nació en el Cerro, aunque pronto su familia se trasladó a la barriada de La Guita, (Santiago García Fuentes). Allí crecieron los hijos de Siro Crespo, minero, y de Remedios Castilla, madre valiente que sacó adelante a siete criaturas, quedando finalmente José Antonio junto a sus hermanos Siro, Julia, Raquel y Remedios.
Su juventud quedó marcada por la mina. En 1984, cuando su padre quedó inválido tras toda una vida bajo tierra, José Antonio decidió ocupar su lugar. No por ambición, sino por necesidad y responsabilidad familiar, esa que solo entienden quienes saben lo que pesa un hogar sobre los hombros de un joven.
Pero la mina no apagó su voz. Mientras trabajaba, comenzó a colaborar en Radio Joven de la mano de Paco Calderón, y aquella afición se convirtió en vocación. Continuó muchos años en las ondas, llegando a Radio Peñarroya – Cadena SER. Fue en Radio joven, en esos encuentros cotidianos entre pasillos y clases particulares, donde conoció a Loli. Ella acudía a dar clases, él a la radio. De aquel ir y venir nació una historia común que sigue viva.
También dejó huella en el Periódico de Peñarroya, colaborando junto a su amigo Pepe Sánchez, ya fallecido, con quien compartió letras, proyectos y una amistad verdadera.
La familia se completó con sus dos hijos gemelos, José Enrique y Luis Miguel, muy buscados y aún más celebrados cuando llegaron.
Su implicación con el pueblo nunca fue pequeña. Participó en asociaciones deportivas y culturales, fue presidente de la Peña Barcelonista de Peñarroya, socio y directivo del Peñarroya CF en dos legislaturas —primero en los años 80-81 con Maribel Castillejo y después con Antonio Gómez—. Cuando la salud lo obligó a retirarse, sus propios hijos tomaron el relevo, continuando el vínculo con el club que vio crecer a toda la familia. También entrenó a los juveniles, siempre sintiendo los colores de su Peñarroya CF y, cómo no, de su querido Fútbol Club Barcelona. Fue él quien organizó aquella primera ruta histórica por el pueblo, con más de cuarenta coches celebrando un triunfo del Barça, entre pitos, banderas y alegría.
Tampoco faltó su apoyo al baloncesto local ni al fútbol sala.
En la vida política, entró en el PSOE de Peñarroya-Pueblonuevo en 1985, de la mano de Alejandro Guerra y junto a su amigo Enrique Triviño. En la mina fue enlace sindical de UGT. Y finalmente dio un paso adelante en la gestión pública: concejal desde 2003 hasta 2011, al frente de Deporte y Festejos.
En Deportes llevó a Peñarroya-Pueblonuevo a lo más alto: campeonatos de trial comarcales, provinciales, andaluces, el Nacional e incluso el Mundial. Puso al pueblo en el mapa deportivo, impulsando a la vez actividades para los más pequeños: fútbol, baloncesto, tenis, rugby, atletismo…
En Festejos, junto a Luisa Ruiz, trajo a artistas como Merche, Silahé, Haze, La Húngara, Kiko y Shara, y a grandes orquestas como Medina Azahara o Libertad. Los propios feriantes lo recuerdan aún como uno de los mejores concejales de festejos que han tenido.
En 2012 se marchó a Puertollano, convirtiéndose en el último minero de Peñarroya. El último de una estirpe dura, honesta y silenciosa. Y ya eso, por sí solo, sería una historia.
Pero la verdadera historia está en lo que la gente dice de él.
José Antonio Crespo ha sido —y es— una persona muy querida por todo el pueblo. Antes que cualquier cargo, bandera o título, fue un buen padre, un buen marido y un buen amigo. Siempre que alguien lo necesitaba, allí estaba.
Hoy la vida le ha puesto la prueba más dura: la ceguera. Y aunque ya no puede estar al cien por cien, sigue siendo el mismo hombre que construyó su historia a base de compromiso, cercanía y dedicación a su pueblo.
Este homenaje quiere dejar constancia de todo lo que ha dado, de lo que ha sido y de lo que aún es para tantos.
Tanto buen currículum de buenas obras y servicio dan para contar una extensa y productiva vida.
Sí: existen las buenas personas, y las tenemos aquí al lado. A veces no somos conscientes del maravilloso pueblo que somos ni de lo que podemos destacar cuando reconocemos a quienes nos rodean.
Esta sección nació con la intención de valorar a las personas que habitan en Peñarroya-Pueblonuevo. Ya va camino de cumplir cuatro meses desde la primera publicación con Rafael González Martínez, “Rafalín el dulcero”, y hoy nos detenemos en un hombre que ha entregado todo su tiempo a su pueblo.
Dice una frase anónima:
«El destino pone a muchas personas en tu vida, pero solo los mejores permanecen para siempre.»
Siguiendo el hilo, en la vida de José Antonio Crespo Castilla han permanecido siempre esas buenas personas —familiares, amigos y vecinos— que nunca le fallaron, y cuyo apoyo él siempre supo valorar.
Sus compañeros valoramos su trabajo, y nunca lo dejaremos solo.
Sirva este artículo para agradecerle todos esos años fructíferos y provechosos para nuestro pueblo. Nuestra memoria no olvidará tanta dedicación a quienes siempre consideró sus vecinos.
Estas líneas están escritas desde el cariño, el afecto y el convencimiento de que merece ser reconocido y tributado con este homenaje.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
SERGIO DELGADO CINTAS






























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