La vida es una novela que comenzamos a escribir nada más nacer. En sus páginas vamos dejando palabras cargadas de luz y de sombra, de aciertos y errores, de momentos buenos y otros no tanto. Capítulos inesperados que se suceden como un prefacio continuo hasta el desenlace final. Y en ese camino, cada vida merece ser contada.
No hay mejor escritor de nuestra historia que nosotros mismos. En los renglones, a veces torcidos y otras rectos, vamos encajando relatos sencillos o épicos, historias que no necesitan grandes artificios para ser auténticas, como aquellas gestas humanas que se construyen a base de constancia, sacrificio y dignidad. A lo Cid Campeador, pero en la vida real.
Quizá no siempre seamos conscientes, pero cada persona es importante. Y hoy, los aplausos tienen un solo destino: una persona noble, cercana y de buen corazón.
Hoy lunes nos ha tocado una lotería distinta. Una de esas que no se cobra en ventanilla, pero que deja huella. La historia novelada de una persona afable, construida a base de amistades sembradas y cosechadas con el paso del tiempo. Una vida ejemplar y admirable que tenemos el honor de narrar.
Juan Carlos Herrero Fernández nació en Palma de Mallorca, donde sus padres trabajaban en el sector hotelero en las Islas Baleares. Con poco más de seis años, la familia regresó a Peñarroya-Pueblonuevo, donde Luis Herrero y María Luisa Fernández montaron una pescadería. Junto a su hermano Noé, Juan Carlos creció en una familia humilde, forjada en los valores del esfuerzo, la constancia y el trabajo diario.
En plena adolescencia dejó los estudios, pero la vida le tenía reservado otro tipo de formación: un auténtico doctorado en el empleo y en la calle. Panadería, hostelería, albañilería… y otros muchos oficios que fue desempeñando con responsabilidad. Trabajó como operario en Mercadona, en los túneles de Málaga y Asturias, demostrando siempre una capacidad de adaptación admirable.
Persona sociable, querida y respetada, dejó huella tanto en el colegio como en el deporte. Fue jugador del filial del Peñarroya Pueblonuevo C.F. hace ya dos décadas, donde aprendió valores que aún hoy le acompañan.
Su vida ha sido un continuo ir y venir, sin perder nunca sus raíces. También trabajó siguiendo la tradición familiar en los hoteles de Palma de Mallorca, donde aún conserva lazos familiares con su tío Emilio y sus primos.
Trabajador nato e incansable, nada se le ha resistido. Hasta hace poco ejerció como empleado de la funeraria de nuestro municipio; también ha trabajado como camarero los fines de semana con el catering Don Pepe y en el bar Porras, además de realizar trabajos eventuales de desratización en Plagastop. Un auténtico todoterreno, de los que nunca dicen no cuando hay que arrimar el hombro.
Además, Juan Carlos es componente activo del grupo del Puente Pa’rriba, una familia de amigos donde la convivencia, la amistad y el buen ambiente son seña de identidad. El pasado sábado 13 de diciembre se celebró la VIII Edición del Día de Convivencia, una jornada marcada por la unión, las risas y el compañerismo, valores que Juan Carlos representa a la perfección y que refuerzan ese tejido humano que hace grande a nuestro pueblo.
Pero si hay algo que define a Juan Carlos por encima de todo es su faceta personal. Padre ejemplar de Alejandro, fruto del amor compartido con Azahara, con quien ha formado una familia basada en valores incalculables: respeto, entrega y amor incondicional.
La vida de Juan Carlos es la de un joven inconformista que ha buscado siempre estabilidad sin perder la dignidad. Ha trabajado en innumerables bodas y eventos, y sigue haciéndolo, para aportar un esfuerzo extra a su hogar, sin quejarse y sin alzar la voz.
Hoy hemos contado la vida real de alguien que no necesita guiones ni escenarios para ganarse el aplauso. Su historia ha sido llevada de forma novelada y respetuosa a este medio digital, porque hay vidas que merecen ser contadas tal como son.
Juan Carlos es un ejemplo de superación para muchos jóvenes. Estuvo junto a su padre hasta el final de sus días, acompañándolo con entereza en una dura enfermedad que marcó a la familia. Hoy no solo cuida de su mujer y su hijo, sino que también está al servicio de su madre y atento al crecimiento de su sobrino Noé.
Amante de la naturaleza, la pesca y la micología, seguidor fiel del Real Madrid y excelente cocinero, destacan entre sus platos estrella el pollo al curry y el risotto de setas. Pequeños detalles que completan el retrato de una persona sencilla y auténtica.
Estas Navidades son especiales porque nos permiten contar historias emotivas de nuestros vecinos y vecinas. Historias que nos han tocado el “gordo” emocional, recordándonos la suerte de vivir en un pueblo lleno de personas entrañables.
No hay mejor premio que la salud, el amor y la amistad. Todo lo demás es material y, en ocasiones, arrastra valores insanos. Cuando miramos más al colectivo que a lo individual, la historia siempre termina mejor.
A Juan Carlos, como a nuestro pueblo, no le hace falta que le toque ningún premio. El mayor tesoro es contar con personas así, de valores que ningún sorteo podrá igualar.
Juan Carlos, el mejor premio es contar con tu amistad desde pequeño.
Admiro tu forma de ver la vida y valoro tu esfuerzo constante.
Gracias por ser como eres.
No cambies nunca, amigo.
“La felicidad verdadera no está en el tener, sino en el ser”
Marian Rojas
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas






























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