Como reza el título de la canción del grupo aragonés Amaral, Días de verano, aún quedan días de verano. Y, del 21 al 29 de agosto, se ha celebrado en Almería la Feria en Honor a la Virgen del Mar.
Para Silvia se convertiría en algo enternecedor junto a su inseparable pareja, Aarón. Los dos, cogidos de la mano, llenarían de amor todos los rincones, entre casetas y atracciones, donde vivirían el amor y la pasión de esta joven pareja.
Con la vuelta al nuevo curso escolar a la vuelta de la esquina, terminaba este verano caluroso y pegajoso, y altamente inclusivo para la pareja más diversa del colegio y del barrio de El Puche.
Mientras tanto, la otra relación en ciernes, la de Ángel y Victoria, los dos profesores que rindieron culto al romanticismo por el mar Adriático, comenzaba a llenarse de reproches por no haber dejado definitivamente finiquitado Ángel su anterior matrimonio.
Victoria conocía la jugada de Ángel: quería jugar a dos bandas, y eso no casaba con una nueva relación. Surgirían así las primeras lagunas y crisis entre ellos. Victoria no consentiría que Ángel no fuera claro y leal con ella y que se viera con su exmujer a escondidas. Él ponía la excusa de que era por su hija.
Lo que no sabía Ángel era que el crucero por el Adriático conllevaría una carga y una vida más a su caótica vida, ya que Victoria se había quedado embarazada. En un cruce de declaraciones, Ángel se quedó patidifuso y no llegaría a encajar esta nueva situación.
Superando día a día su idílico amor, Silvia volaba a ras de ese suelo que, junto a Aarón, había formado entre su boca y la suya. Un Aarón cada vez más despierto, con esa alma libre, escribía junto a Silvia páginas de amor donde cabían los besos inocentes y los abrazos sinceros.
Si existiese el cielo, Silvia y Aarón cogerían el mejor sitio. Profundizar en amores sinceros y verdaderos era también lo que buscaban Ángel y Victoria. Pero pensar en batallas legales y guerras internas familiares por parte de Ángel hacía agua y causaba estragos en su relación. Una relación enturbiada por una tercera persona, que sería el vínculo para que no funcionase y llegase a tal punto de locura tras el embarazo de Victoria.
La exmujer de Ángel no soportaría aquella noticia, fatídica y horrible para ella, y se enzarzaría en una pelea con Victoria en plena Feria en Honor a Nuestra Señora la Virgen del Mar. Después de la tormenta, es decir, de la pelea entre la exmujer de Ángel y Victoria, no quedaría nada más que un único perdedor: Ángel.
Eran noticia y la comidilla de toda la Feria de Almería. En la soledad de Ángel se hallaban todas las respuestas, y él se iría con todas sus pertenencias a un piso de alquiler en el centro de Almería.
Las cosas que quedaron por decir a medias y las verdades que no supimos de las promesas que se juraron Ángel y Victoria hacían más insostenible la relación entre Ángel y su exmujer.
Alejándose de su antigua vida e iniciando una nueva con Victoria y su nuevo retoño, al que aún le quedaban más de seis meses para poder verle la carita, harían más mágica esta dulce espera.
Un verano que no sería ninguna broma del destino, sino fruto de lo que sucedería este pasado verano en una banda como la de Silvia y Aarón, donde las aventuras y las tramas no dejarían indiferente a nadie.
Llorar de felicidad y, como un náufrago en el mar, seguir soplando las velas por el cumpleaños de Aarón a finales de agosto: eso, en plena Feria de la ciudad, hizo que se encendiera todo un barrio como El Puche, que daría el contrapunto y pondría el punto final a unas fiestas de las más moviditas de todos los tiempos.
«Dime si estás conmigo o contra mí». Esa era la pregunta que llegaría a plantearse Ángel antes de volver a la rutina del curso escolar. Esta vez volvería a empezar de cero, tanto en el colegio como en su vida.
Una vida de lo más alejada de la que tenía antes. Victoria le había dado esa estabilidad emocional que no tenía con su exmujer. No todas las mujeres serían como su exmujer, y Victoria era de esa clase de mujer que, pese a su juventud, jamás le juzgaría por su forma de ser y de pasar por la vida.
Ángel cambiaría su forma de vestir. Vestiría más juvenil y dejaría atrás su indumentaria formal por otra más informal. Incluso, de vez en cuando, se pondría camisetas y pantalones tipo sport.
El verano en el barrio de El Puche daba sus últimas boqueadas, y todo el barrio y toda la familia se preparaban para el inicio del nuevo curso escolar. Una cosa a destacar es que el hombre del traje negro, antes de volar a Estados Unidos, dejaría un cheque en blanco para material y libros de texto de todas las familias vulnerables del colegio, que eran la mayoría, por no decir todas.
El calor todavía no se había ido del todo y septiembre anunciaba que la vuelta al colegio y a las clases estaba a punto de llegar. Con todo eso, se llevaría a cabo un plan de actuación y unos protocolos para que todas las familias estuvieran al corriente y sus hijos fueran desde el primer día al colegio.
En el anterior capítulo os anuncié que escribiría sobre el exalumno del CEIP El Puche que es toda una eminencia y un gran profesional en psiquiatría, y que daría una conferencia en su antiguo colegio. Pero he querido alargarlo hasta el próximo capítulo, el de la vuelta al colegio, porque sería él quien inaugurase el nuevo ciclo escolar.
Y quién mejor que esta eminencia de la psiquiatría —totalmente ficticia— para poner el énfasis en el valor de estudiar en un colegio público y en el de un barrio desfavorecido. Porque son muchos y muchas los que llegan lejos y no hay que menospreciar sus logros ni, sobre todo, sus orígenes.
Aunque suene a tópico y muchos no estén conmigo: «Todo el mundo tiene que tener acceso gratuito a la cultura y a todos sus edificios y centros educativos públicos».
Y todas las personas tienen que tener acceso a un desarrollo intelectual y profesional ecuánime, puedan permitírselo o no, sean ricas o pobres.
Todos tenemos derecho a estudiar y a formarnos para ser un hombre o una mujer de provecho el día de mañana.
Hasta aquí este nuevo capítulo de La Banda de Silvia y Aarón. Para finalizar este decimoquinto episodio, queremos concluir con nuestra frase célebre habitual:
«Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro».
SUN TZU
SERGIO DELGADO CINTAS





























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