Sergio Delgado
La relación entre Silvia y Miguel Ángel rozaba la de una película empalagosa y romántica. Quedaban todas las tardes en el parque del barrio de El Puche. Lo que no sabía Silvia era que una tarde los padres de Miguel Ángel le dejaron sin salir de casa porque estaba sacando muy malas notas y no atendía en clase como debía para obtener mejores resultados.
Al ver que no acudía al lugar donde habían quedado, en el rincón situado detrás de la zona de los columpios, Silvia llamó a Aarón. Con la dislexia a flor de piel, Aarón confundió el lunes con el martes, pero le explicó que a Miguel Ángel lo habían castigado sus padres el fin de semana porque iba camino de suspender casi todas las asignaturas del primer trimestre. Sus padres querían atajar cuanto antes aquella sangría de suspensos.
Le prohibieron salir a la calle hasta que aprobase todas las asignaturas, ya que estaban a finales de octubre y todavía estaban a tiempo de reconducir la situación.
Lo que tampoco sabía Silvia era que los padres de Miguel Ángel le habían prohibido mantener la relación con ella. No entendía nada de lo que le estaba contando Aarón. «Presumir de algo que no tendrá», pensó Silvia. Le parecía una decisión ilógica e irracional por parte de los padres de Miguel Ángel.
Aun así, resignados, continuaron su relación a escondidas dentro del colegio.
Un colegio, el de El Puche, donde pronto llegarían buenas noticias. Había salido una bolsa de empleo con dos ofertas: una para conserje y otra para la cocina del comedor, donde toda la comida era tradicional y artesanal.
Los padres de Aarón, ambos en paro, se apuntaron a las dos ofertas. Superaron la entrevista realizada por profesionales del centro educativo y de la Junta de Andalucía y fueron seleccionados para ambos puestos.
Lo que en principio serían tres meses de prueba acabó convirtiéndose en una auténtica segunda oportunidad para ellos. Finalmente fueron contratados de forma indefinida y pudieron rehacer unas vidas que hasta entonces parecían estancadas. Gracias a la constancia, al trabajo y al tesón, ambos progenitores de Aarón lograron incluso comprarse una nueva vivienda gracias a sus nóminas y a una hipoteca a treinta años.
Un nuevo hogar para Aarón, cerca del colegio y también de las casas de sus mejores amigos, entre ellos Silvia y Miguel Ángel.
Mohamed seguiría destacando por sus habilidades con las matemáticas, siendo el más brillante de la clase. A Esperanza se le daba muy bien dibujar y realizó una caricatura de Silvia junto a Miguel Ángel que regaló a una entusiasmada Silvia.
Violeta, la profesora de Educación Física, les metió un buen tute y todos acabaron cansados para la última hora, dedicada a Geografía e Historia. Antes, Carla había realizado un buen ejercicio de listening en la clase de Inglés. Por otra parte, la asignatura de Lengua y Literatura resultó algo agobiante porque les habían mandado leer el cuento Los cinco hermanos, de Penélope Douglas.
La clase de Geografía e Historia les permitió viajar imaginariamente por la China milenaria y su interminable Muralla China. A raíz de aquella lección, la profesora Victoria les mandó un trabajo por parejas sobre la cultura china y les propuso buscar en internet una comida típica del país oriental para prepararla en casa y traer una fotografía la semana siguiente, siempre con la ayuda de sus padres.
El lunes y el martes dieron mucho de sí. Pronto llegaría el puente de Todos los Santos, aunque antes quedaban todavía tres jornadas escolares repletas de exámenes.
Miguel Ángel iba progresando y llevaba cada vez mejor el castigo. Además, este estaba dando resultado. Poco a poco llegaron las buenas notas y una mejora en su comportamiento. A veces, una corrección a tiempo puede convertirse en la mejor medicina.
El curso de 5º de Primaria era el más estudioso del centro y la mayoría de los alumnos obtenían buenos resultados. Solo Jaime, debido a su pesimismo, suspendía algunos exámenes a pesar de llevar bien preparadas las lecciones.
De manera casi milagrosa y a pesar de sus limitaciones, Aarón iba superando el curso y el primer trimestre con notas más que aceptables. Sin embargo, todos los honores recaían en Mohamed, uno de los últimos alumnos en incorporarse al grupo, que recibía elogios constantes por parte del profesorado.
Con la intención de mejorar y estrechar aún más la relación con su hijo, los padres de Aarón, Manuel y Marta, se apuntaron a clases para adultos con el objetivo de obtener el título de la ESO, algo que no pudieron conseguir durante su juventud.
Aquellas clases les resultaron de gran utilidad. Además, nunca descuidaron su trabajo diario en el colegio. Gracias a su esfuerzo, recibieron numerosos reconocimientos por parte de toda la comunidad educativa del CEIP El Puche, especialmente de profesores y alumnos, que estaban encantados con ellos.
Por fin llegó el ansiado viernes y, con él, un largo fin de semana que se prolongaría hasta el martes, ya que el lunes se celebraba el Día de Todos los Santos. Silvia acudiría con sus padres y con su abuelo materno al cementerio para llevar flores a su fallecida abuela Francisca.
Antes de comenzar aquellas pequeñas vacaciones, tendría lugar el último examen de Conocimiento del Medio. Susana Laviña, profesora interina, les evaluó sobre la flora y la fauna de nuestro territorio. Para Aarón fue una prueba bastante sencilla, ya que veía con frecuencia documentales sobre naturaleza en La 2.
Estamos acostumbrados a ver por televisión centros educativos similares al de El Puche. Sin embargo, en barrios con dificultades sociales como este se necesitan más medios para sostener a una población que, en ocasiones, carece de recursos, personal docente y herramientas suficientes para garantizar el bienestar de sus habitantes.
Por ello, este serial semanal de La Banda de Silvia y Aarón quiere poner el foco en poblaciones y barrios desfavorecidos como El Puche, en Almería, al igual que podría hacerlo con otros entornos similares de nuestro entorno más cercano.
El día a día, con sus conflictos, ilusiones y enredos, es precisamente el eje central de esta serie por capítulos, inspirada en situaciones que vemos y escuchamos con frecuencia.
Las segundas oportunidades son necesarias para todo el mundo. También lo son el acceso a un trabajo y a una vivienda digna, cuestiones que hoy siguen siendo especialmente difíciles para muchos jóvenes.
Este capítulo muestra cómo los padres de Aarón supieron aprovechar la oportunidad que se les presentó. Una historia que, aunque parezca ficción, podría ser perfectamente real.
A cualquiera de nosotros puede presentársenos una segunda oportunidad. Solo hay que estar preparado para reconocerla y aceptarla cuando llegue.
Y quiero terminar este tercer capítulo con una frase cargada de esperanza para quienes continúan luchando por alcanzar sus sueños:
«En medio de la dificultad reside la oportunidad».
ALBERT EINSTEIN





























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