Sergio Delgado
A una semana de que les den las vacaciones por Navidad, la clase de 5º de Primaria ultima los últimos exámenes antes de recibir las notas de la primera evaluación. El colegio de El Puche se engalana para celebrar esta divina y cristiana festividad.
Todos los alumnos y alumnas del centro ayudaron a adornar el colegio con un enorme árbol de Navidad ubicado en el hall.
Todas las clases presentaban un aspecto navideño. El espíritu de la Navidad invadía a todos por igual, tanto a profesores como a alumnos. La directora del colegio, María del Carmen, organizaría un evento para el último día lectivo de la primera evaluación con una cita ineludible para esas fechas: un concurso de villancicos donde participarían todas las clases, desde Primero de Primaria hasta Sexto.
Una bonita y solidaria iniciativa, ya que todos los participantes tendrían que llevar un kilo de alimentos no perecederos para las familias más desfavorecidas del barrio de El Puche.
Silvia veía que su relación con Miguel Ángel iba cada vez a más, pero tenía la sensación de que los padres de su novio no la querían. Eran muchas las trabas que le ponían a su chico para que no se vieran todos los días, como así quería ella.
Los padres de Aarón, cada vez más integrados en el colegio, serían sin duda las personas encargadas de darle al propio Aarón unas primeras Navidades acordes a una familia que anhelaba momentos como estos.
Diciembre poco a poco se iba prestando a normalizar lo que sería un consumo acorde a un barrio austero, pero la felicidad de todo un colegio público, como cualquier otro, celebraría con entusiasmo la llegada de la Navidad.
Mohamed, musulmán, lo celebraría a su manera, ya que en los próximos meses se acercaría el mes del Ramadán, y su familia respetaría dicha celebración recogida en el Corán.
A Esperanza le brillaban los ojos porque recientemente sus padres habían traído al mundo a un nuevo miembro de la familia: un hermanito llamado Yeray.
Siempre que se habla de Navidad se habla de entusiasmo, y los profesores indicaron a sus alumnos y alumnas que celebraran con fe dicha festividad, porque el mejor regalo de Navidad es la llegada al mundo del Rey de Reyes.
La primera evaluación daría para sacarla a estudio, porque la mayoría de los alumnos aprobarían todas las asignaturas. La nota discordante sería la de «Pesi», es decir, la de Jaime, al que le quedarían cuatro asignaturas y sería recluido a un encierro durante aquellas Navidades, aunque seguro las afrontaría con cierto optimismo de cara a las dos siguientes evaluaciones.
Lo que daba cierto anhelo a Silvia en estas fechas era no poder disfrutar de su abuela Paqui, pero hubo una cosa que le haría pensar con ilusión en unas Navidades diferentes: serían las primeras Navidades acompañada de su novio Miguel Ángel.
Y los planes saldrían estupendamente aquellas Navidades: salidas al cine, a la pizzería del barrio, al centro de Almería, a visitar los grandes almacenes acompañados de sus padres. Todas esas cosas que se hacen por Navidad.
Lo que hace diferente a este barrio del resto de barrios es lo solidarios y empáticos que son sus vecinos. Y el colegio del barrio es un claro ejemplo de cómo la fraternidad y la relación entre todos sus alumnos es muy buena y fructífera.
Ángel, el tutor de 5º de Primaria, daría las notas de la primera evaluación antes de darles las vacaciones por Navidad, siendo, como no, Mohamed el centro de todas las miradas por sus magníficas notas cosechadas a lo largo del primer trimestre.
Lo que dejaría a todos atónitos fue la llegada al colegio, el último día de clase, del hombre del traje negro, que en sus dos manos traía dos sacos con chuches y juguetes para toda la clase. Este gesto se prolongaría durante todo el día para el resto del alumnado del colegio.
Sus misteriosas apariciones puntuales a lo largo del curso lo hacían aún más enigmático, porque desconocíamos su procedencia. Lo único que le podíamos sacar era que, hacía más de veinte años, también había sido alumno del colegio y vecino del barrio, pero que trabajaba en New York para una reconocida empresa informática. Eso era lo único que le podíamos sonsacar a este hombre que, cada vez que venía al colegio o al barrio, era para realizar gestos solidarios en beneficio tanto del colegio como del propio barrio.
Todavía no sabíamos el nombre de este misterioso hombre. La felicidad inundaría a todos los compañeros y compañeras de clase con sus chuches y juguetes, y se irían felices a disfrutar de sus merecidas, para algunos y algunas, vacaciones.
Silvia, por otro lado, había sacado buenas notas, al igual que Miguel Ángel. Aarón, a pesar de sus limitaciones, también obtendría unas calificaciones decentes. El barrio se teñiría de blanco y de unas temperaturas gélidas, aunque habría días placenteros para disfrutar en familia de estas fechas tan señaladas en el calendario y que Silvia viviría como lo que era: una «Enana».
Las vacaciones más felices para Silvia y Aarón, donde pondrían lo mejor de sí mismos para disfrutar juntos de sus aventuras colegiales diarias y de las de fuera del colegio, que unirían para siempre su bonita y diversa amistad.
Los profesores quedaron en un céntrico restaurante de Almería para celebrar la Navidad. Risas, complicidad y el juego del amigo invisible hacían acto de presencia en una distendida comida que se alargaría hasta altas horas de la noche.
El Puche. Un barrio con mucho sentimiento y dedicación a fomentar la buena relación entre vecinos, pese a ser, a veces, un barrio incomprendido y desfavorecido. Pero eso es precisamente lo que lo hace distinto al resto.
Y, por lo tanto, lo convertiría en un barrio sin complejos, muy a pesar del déficit de acceso al mundo laboral de sus vecinos y de las distintas y diversas capas sociales que conviven en él, plasmadas muchas veces por la delincuencia y los hurtos que se producen a diario.
Pero es un barrio en el que todos se sienten identificados con él, y por el colegio han pasado grandes alumnos que hoy son grandes profesionales, como su directora o el hombre del traje negro, por poner dos claros ejemplos.
Las Navidades son para disfrutar en familia. Silvia y Aarón lo pasarían genial, y guardarían para sus recuerdos unas Navidades donde reinarían la paz y la concordia entre vecinos y amigos del barrio.
Para el día de Navidad harían en el parque de El Puche una gran paella para el deleite y disfrute de todos los vecinos y vecinas.
Además de la paella, también hicieron roscos y pestiños caseros por parte de la Asociación de Vecinos de El Puche. Una digna y dichosa convivencia que se extendería con cantes de villancicos y una zambombá flamenca, por la que todo el barrio se congratularía debido a esta iniciativa creada por sus vecinos.
Destacaría dos arraigos fundamentales de un barrio: sus tradiciones y sus festividades. Llevadas a cabo en este humilde barrio durante la Navidad, contribuyen a hacernos partícipes de que todo el mundo tiene derecho a celebrar y disfrutar de una de las celebraciones más bonitas del año.
Dicho todo esto, Diciembre, como he titulado este quinto capítulo del serial de esta novela juvenil La Banda de Silvia y Aarón, lo he querido nombrar como se tituló el primer disco en solitario de Leiva tras separarse de Rubén Pozo y del grupo madrileño Pereza: Diciembre.
Tengo marcadas muchas fechas, pero como las Navidades, ninguna. Porque como se viven a través de la mirada de un niño no hay moneda ni plata que las pague, dada la inocencia y la creatividad de una banda de niños y niñas del Colegio Público El Puche, cuya única visión es la de ser felices.
Como finalización de este quinto capítulo os dejo con esta frase sobre la Navidad:
«Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año.»
Charles Dickens






























Que manera de tratar a los arboles para hacer tonterias