Cuando la vida nos exige más de lo previsto, también despierta en nosotros la fuerza para alcanzar aquello que un día quedó pendiente. Con los años aprendemos que la supervivencia no es solo resistir, sino avanzar con dignidad, sanar lo vivido y mirar al futuro con serenidad.
Hoy seguimos el rastro de una mujer que ha hecho de esa constancia su sello personal: Guadalupe Márquez Zacarías, poliédrica, disciplinada y capaz de convertir la responsabilidad en impulso.
Guadalupe nació en Córdoba —porque allí solían nacer los niños—, aunque hoy los de Peñarroya suelen hacerlo en Pozoblanco. Pero quienes la conocen saben que es tan hija de Peñarroya como sus calles antiguas y sus inviernos fríos. Creció entre el bullicio de cuatro hermanas: Jose, Montse, Yolanda y Rocío. En ese hogar lleno de vida aprendió pronto que el cariño también se demuestra cuidando. Su hermana Jose, con una discapacidad intelectual severa, fue siempre un centro silencioso en torno al cual giraba la familia. Guadalupe nunca rehuyó esa tarea: la asumió con la naturalidad de quien entiende el amor como compromiso.
A los 14 años conoció a Óscar Gallardo en el instituto. Él tenía 15 y esa mezcla de timidez y valentía que solo se conserva en la adolescencia. Desde entonces han caminado juntos durante 32 años, hoy acompañados por su hijo Guillermo, un reflejo luminoso de ambos.
La vida tampoco fue cómoda. Con 18 años dejó Peñarroya rumbo a Castellón, no por aventura, sino por necesidad. Sus padres, Enrique y Josefa, atravesaban un momento complicado, y ella sacrificó sus estudios —su vocación más íntima— para trabajar y sostener el hogar. Ocho años lejos la hicieron adulta antes de tiempo, pero también forjaron la determinación que la acompaña.
De vuelta en Andalucía encontró estabilidad en Mercadona, donde lleva cerca de 25 años. Entre turnos y madrugones nunca abandonó lo que la alimenta por dentro: estudiar, dibujar, viajar, escuchar música. Colabora desde hace años con la viñeta del periódico de Peñarroya Pueblonuevo, donde su trazo capta lo que a veces las palabras no dicen. Ha pasado por guitarra, piano y violín; ha cuidado perros, gatos, tortugas y periquitos; y cada diciembre abraza la Navidad como un refugio emocional.
Y, a pesar de lo recorrido, nunca renunció al sueño que dejó en pausa a los 18. Hoy cursa 3º de Psicología, compaginando trabajo, estudios y familia con una disciplina que impresiona. Su objetivo es especializarse en psicología infantil: quizá porque sabe, mejor que nadie, cuánta diferencia puede hacer alguien que cuida con paciencia.
Guadalupe no hace ruido, pero deja huella. Su historia es la de quien convierte el sacrificio en motor y la constancia en una forma de estar en el mundo. No presume de ejemplo, pero lo es. Su vida es un homenaje silencioso al esfuerzo, al cariño y a la dignidad.
En Infoguadiato lo sabemos bien: la formación continua no es solo un mérito, sino una actitud frente a la vida. Y Guadalupe, con sus pasos firmes y su capacidad de crear oportunidades allí donde parecía no haberlas, es una fuente de inspiración para todos.
Sentimos que hoy, sus compañeros de Infoguadiato, hemos encontrado otra fuente de inspiración a través de la trayectoria personal y profesional de Guadalupe. Nos sentimos muy orgullosos de que forme parte de esta gran familia que es este medio de comunicación.
“Las oportunidades no aparecen, las creas.”
Chris Grosser
Aparentemente esas oportunidades no han ido apareciendo solas en la vida de Guadalupe: las ha construido a base de trabajo, conocimiento y una voluntad serena pero firme. Su pueblo le estará siempre agradecido por iluminar mensualmente sus vidas a través de sus viñetas. Todo lo demás es silencio, mientras su mente viaja en otra dirección: la del éxito personal y la dignidad cotidiana.
Gracias por existir, Guadalupe.
Te queremos. Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas






























Es un ejemplo de superación constante digna de ser admirada.