InfoGuadiato
La Parroquia de Santa Bárbara vivió este pasado sábado 27 de septiembre una noche histórica con la interpretación de la Novena Sinfonía en re menor, op. 125, de Ludwig van Beethoven, una de las cumbres de la música universal. Bajo la dirección del maestro Alejandro Muñoz, un conjunto de 90 componentes entre la Camerata Gala y el Coro de Ópera de Córdoba, junto a un elenco de brillantes solistas, ofrecieron al público del Guadiato un acontecimiento cultural de primer nivel que permanecerá en la memoria colectiva de Peñarroya-Pueblonuevo.
Los solistas Lucía Tavira (soprano), Clara Fernández (mezzosoprano), Rafael Díaz (tenor) y Víctor Cruz (barítono) acompañaron a la orquesta y al coro en una memorable Novena que culminó con la célebre Oda a la Alegría, himno universal de fraternidad entre los pueblos. Su programación en Peñarroya-Pueblonuevo fue un hito cultural para toda la comarca del Guadiato.
El concierto fue organizado por la Asociación Cultural y Patrimonial Desde la Cima, en colaboración con la Camerata Gala y el Coro de Ópera de Córdoba, y contó con el apoyo del Ayuntamiento de Peñarroya-Pueblonuevo, el Conservatorio Rafael Orozco, la Diócesis de Córdoba, la Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno y la Fundación Progresa.
Un concierto de esta magnitud no solo supuso un desafío artístico, sino también un símbolo de unión y de apuesta por la cultura en nuestra tierra. Allí estuvieron presentes InfoGuadiato y el Periódico de Peñarroya-Pueblonuevo, representados por Adalberto García Donas, José Manuel Hierro, Agustín Navarro y María Teresa Peinado, quienes tuvieron la oportunidad de dialogar con el director tras el éxito rotundo de la velada.

Tras el concierto, el maestro Alejandro Muñoz compartió sus impresiones en esta entrevista exclusiva:
¿Qué retos supone interpretar la Novena Sinfonía en un espacio como la Parroquia de Santa Bárbara?
Una iglesia, en contraste con un auditorio, plantea una serie de retos acústicos muy difíciles de superar. Las iglesias, por su construcción, sus bóvedas, etc. hacen que los sonidos se mantengan durante unos segundos cuando los músicos ya han dejado de emitirlos. Esta reverberación, tan positiva en algunos aspectos, puede dificultar mucho la interpretación de una partitura como la 9ª sinfonía de Beethoven, que exige una precisión rítmica absoluta y una escucha atenta de todas las secciones de la orquesta, el coro y los solistas.
¿Qué mensaje desea transmitir al público con esta obra monumental de Beethoven?
El mensaje no es mío personal, yo me limito a interpretar o traducir en música las ideas de Beethoven y el texto de Schiller. La música y la palabra nos transmiten aquí una idea de fraternidad universal que pensamos que es muy necesaria en los tiempos actuales. Partituras como la 9ª sinfonía de L. v. Beethoven tienen el poder de hacernos ver más allá de nosotros mismos y de acercarnos a valores como el amor, la paz, el compañerismo o la unidad entre los pueblos. Lo que ocurre entre la orquesta, el coro, los solistas y el público durante el concierto es un reflejo de ese poder oculto de la música.
¿Cómo abordaron el equilibrio entre la orquesta y el coro en el cuarto movimiento, considerando la acústica particular del templo?
Interpretar este repertorio en un espacio como la Parroquia de Santa Bárbara de Peñarroya-Pueblonuevo es sin duda un privilegio, pero también un desafío. Hemos intentado que el coro sea siempre protagonista y hemos trabajado mucho en la inteligibilidad del texto con la dicción y la pronunciación en alemán. También hemos tomado conciencia en la orquesta de que en muchos momentos teníamos que estar en un segundo plano, dejando espacio sonoro a los solistas y al coro, pero como digo, es todo un reto.

¿Qué sintió al recibir una ovación tan larga y acalorada por parte del público?
Ese momento fue único para mí. Creo que los aplausos finales celebraban el momento que acabábamos de compartir, pero también la emoción de algo irrepetible. La naturaleza propia de la música, que cuando la disfrutamos se está creando y a la vez extinguiendo, es tan volátil y mágica que pienso que el público, a través de la calurosa ovación que nos regaló, intentaba expresar la emoción de haber disfrutado en directo de una obra enorme, de una catedral sonora, y a la vez lo irrepetible de cada momento de la 9ª Sinfonía de Beethoven.





























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