Hay personas que llegan de fuera y, sin hacer ruido, terminan formando parte de la memoria íntima de un pueblo. Personas que no necesitan haber nacido en un lugar para ganarse el respeto, el cariño y la admiración de todos. Lauro Medina Domínguez es, sin duda, una de ellas.
Entre acentos castellanos del norte y el habla propia de Peñarroya-Pueblonuevo, Lauro fue construyendo algo más profundo que un negocio: construyó vínculos. Hombre cabal, educado y honesto, entendió siempre el trabajo como un acto de convivencia, de amistad y de respeto. Supo situarse en ese término medio entre lo divino y lo humano donde solo habitan quienes viven con coherencia y dignidad.
Muchos recuerdan aún aquella frase repetida en su restaurante: «Llénanos, Lauro, que nos vamos». Y todos saben que marcharse de Los Corales antes de tiempo era misión imposible. Aquel lugar no era solo un restaurante: era un punto de encuentro, un espacio de conversación, de risas y de humanidad. Lauro no servía solo mesas; servía cercanía.
Este homenaje no puede entenderse sin mencionar a Lourdes Cebrero, su esposa en segundas nupcias, a quien conoció tras su llegada a Peñarroya-Pueblonuevo. Junto a ella encontró no solo el amor, sino el apoyo y la complicidad necesarios para levantar un proyecto de vida y de trabajo compartido. Sin Lourdes no se explican tantas horas, tanto esfuerzo ni tantos éxitos. Gracias a ambos, hoy podemos decir a los más jóvenes que existió un lugar donde padres y abuelos fueron felices, y que ese espacio forma parte de la historia sentimental del pueblo, hoy a la espera de un digno sucesor.
Lauro nació en Ceinos de Campos (Valladolid), hijo de Teodomiro y Albina. Cursó estudios hasta Bachillerato en Salamanca y desde muy joven inició un recorrido laboral que lo llevó por Gijón, Mallorca, Valladolid, Cataluña y Córdoba. Ese camino fue forjando a un gran profesional, pero, sobre todo, a una gran persona.
Padre de Jordi, Mónica y Laura, y orgulloso abuelo de Aída, Joaquín, Saúl y Carlota, encontró en Peñarroya no solo un destino laboral, sino un hogar definitivo.
En 1990 llegó a Peñarroya-Pueblonuevo para trabajar en El Complejo Deportivo Tiro Olímpico, actual La Dehesa, junto a Antonio García. ( La Castilleja). Más tarde pasó por Los Corales, hasta que dio el paso definitivo y adquirió su propio negocio. Desde ahí dejó una huella profunda en la hostelería local. Cambió la manera de entenderla: atención, respeto, honradez y un trato que hacía sentir a cualquiera mejor que en su propia casa.
Su vocación lo llevó también a ser profesor de hostelería en el colegio Fray Albino – Escuela Hogar, donde transmitió su conocimiento y su pasión a nuevas generaciones, dejando enseñanza y ejemplo.
Hoy, ya jubilado, goza de una salud de hierro y disfruta del tiempo recuperado con su familia, viajando y pescando, dos placeres siempre presentes en su vida. Hace once años, en el acto de su despedida profesional, Lourdes le regaló un momento inolvidable: una emotiva actuación del Coro Rociero Nuestra Señora del Rosario, preparada especialmente para él. Un gesto sincero que Lauro recuerda aún con emoción.
Hoy rendimos homenaje a este vallisoletano que eligió Peñarroya-Pueblonuevo para siempre. A una persona amable, educada, responsable y cercana. A un hombre que dejó una huella imborrable en la hostelería y, sobre todo, en el corazón de quienes lo conocieron.
Porque hay personas que no nacen en un lugar, pero lo eligen para siempre.
Y Lauro Medina Domínguez es, sin duda, una de ellas.
«Con el corazón en la mano y el alma encendida, Peñarroya agradece su ejemplo, su trabajo y su humanidad».
SDC
Simplemente, el mejor.
Te queremos.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas





























Una gran persona y un magnífico profesional. Su trato con los clientes era cercano y amable.