Hoy es jueves y es Navidad. Papá Noel ha dejado juguetes en los zapatos pequeños, pero en Peñarroya-Pueblonuevo hay regalos que no caben en cajas ni se envuelven con papel brillante: los que se hacen con el corazón y se viven cada día.
En un rincón profundo del alma del pueblo habita una familia que ha hecho de la Navidad una forma de estar en la vida. Los Mohedano Jaraba. Y en ese jardín humano, donde florecen valores sencillos y firmes, hay una flor que destaca sin alzarse, sin hacer ruido, simplemente siendo. Esa flor es Lola Mohedano Jaraba, la mujer a la que hoy la Navidad le dice gracias.
Lola nació en una familia humilde, de esas donde no sobraba nada material pero abundaban el respeto, el trabajo y la dignidad. Desde muy joven entendió que la vida no se espera: se construye. Y con apenas dieciocho años decidió emprender su propio camino, formando una familia junto al amor de su vida, Francisco Rebollo, compañero inseparable y razón diaria de su fortaleza.
Juntos levantaron un hogar donde el sacrificio nunca fue una carga, sino una enseñanza. De ahí crecieron Paco y Azahara, hijos educados en el esfuerzo silencioso, en el ejemplo más que en las palabras.
Lola empezó como ama de casa, pero ese título se le quedó pequeño. Porque hay oficios que no figuran en nóminas ni reconocimientos oficiales y, sin embargo, sostienen el mundo. Cocinera en el comedor del CEIP Bilingüe Eladio León, cuidadora incansable de su marido —a quien una severa deficiencia visual cambió la vida—, Lola es hoy sus pies y sus manos… y también las manos que siempre se ofrecen a los demás.
Fue empresaria durante un tiempo, con un establecimiento de mimbres, demostrando que hay mujeres a las que nada se les resiste porque llevan la determinación cosida al alma. Todoterreno de la vida, sin alardes.
Desde hace unos años forma parte de la directiva de Adismor del Guadiato, donde no solo colabora, sino que inspira. Su historia es faro para quienes creen que cuidar, amar y resistir también es una forma de militancia.
La salud le ha dado algún que otro aviso, pero su fortaleza nace del amor recibido y entregado. De una familia numerosa, casi una pequeña nación, forjada por sus padres, Antonio Mohedano y Enriqueta Jaraba, a quienes Lola venera como raíces firmes. También ha conocido el dolor más hondo, el de perder a sus hermanos Gabriel y Paco, heridas que no cierran, pero enseñan a caminar con más humanidad.
Lola no busca aplausos. Nunca lo ha hecho. Busca cariño, y hoy Infoguadiato se lo devuelve en forma de homenaje sincero. Porque honrar a Lola es honrar a tantas mujeres invisibles que sostienen pueblos enteros sin pedir nada a cambio.
Hoy hemos tenido la fortuna de mirar de frente a una gran mujer, cuya vida entera se ha escrito en Peñarroya-Pueblonuevo, página a página, con humildad y verdad.
Gracias, Lola, por enseñarnos que el camino correcto no siempre es el más fácil, pero sí el más justo.
Porque, como bien dice la frase que acompaña tu historia:
«A veces es necesario perderse para saber cuál es el camino correcto.»
EL RINCÓN DE ÁNGELA
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas






























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