InfoGuadiato
Dentro del programa Siente los Sabores de Córdoba promovido por Sabores de Córdoba en el Mercado Victoria, el restaurante Cris y Kikka Trattoria, de La Granjuela, ha dejado una huella imborrable gracias a su apuesta por los postres artesanales, elaborados con ingredientes naturales y de proximidad.
Uno de los protagonistas indiscutibles de su carta dulce es la tarta de queso “Sabores a Córdoba”, una creación que rinde homenaje a la tierra. Esta tarta combina la cremosidad tradicional con matices locales, elevando el queso a un nivel de delicadeza sorprendente. Pero la joya de la corona es, sin duda, los profiteroles oro del Guadiato: rellenos de mousse de pistacho, cubiertos con ganache de chocolate blanco, espolvoreados con pistacho tostado y coronados con auténtico oro comestible de 24 quilates. Un postre que une lujo, técnica y tradición.

Detrás de esta maravilla están Cristian Marega, cocinero y químico alimentario formado en Italia —incluso en una cocina con estrella Michelin— y Francesca Dessi, apasionada de la producción artesanal. Juntos elaboran también sus propios helados naturales, sin aditivos químicos, utilizando leche de vaquerías cercanas, espesante de algarroba, y pectina extraída de la piel de la manzana para los sabores frutales. Los clásicos como pistacho, avellana, vainilla y turrón cobran nueva vida gracias al respeto por la materia prima.
En Cris y Kikka todo se hace a fuego lento, incluso los postres. Su horno de piedra, activo durante todo el año, no solo cuece pizzas como la de Los Pedroches, sino que da forma también a su roscón de Reyes con masa madre en enero.
Esta trattoria no importa productos italianos, sino que adapta las recetas al rico entorno cordobés. Usan harina de La Rambla, pistachos y almendras ecológicas del Valle del Guadiato, y aceite virgen extra de la cooperativa local. Incluso sus bombones de invierno se afinan con AOVE y miel de encina.
Los postres de Cris y Kikka no son solo un final dulce: son el reflejo del respeto por el entorno, la creatividad gastronómica y la fusión entre la tradición italiana y la riqueza natural de Córdoba. Una auténtica delicia que enamora a todos los que se acercan a su rincón en La Granjuela.




























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