Hay personas que no necesitan grandes gestas para dejar huella. Les basta con estar, con permanecer, con abrir cada día la puerta de su trabajo y atender a quien entra como si fuera de la familia. Personas sencillas y constantes que acaban formando parte del paisaje humano de un pueblo. Así es la historia de Manuel Moraño Loro, un vecino querido y respetado en Peñarroya-Pueblonuevo.
Aunque nació en Córdoba, su vida siempre ha estado ligada a Peñarroya. En aquellos años era habitual que muchos vecinos nacieran en la capital, al ser el hospital más cercano, pero su raíz, su sentimiento y su forma de ser siempre fueron plenamente peñarriblenses. Vivió aquí hasta los dos años, cuando su familia se trasladó a Portmán, en Cartagena, en busca de un futuro mejor. Allí pasó parte de su infancia, hasta que a los doce años regresó definitivamente al pueblo junto a su padre, jubilado por silicosis con tan solo 37 años. Desde entonces, Manuel no volvió a marcharse, formando parte de esa memoria viva que da identidad a un municipio.
Hijo de Manuel Moraño y Julia Loro, creció en el seno de una familia trabajadora junto a sus hermanos Gumersindo y Julia, aprendiendo desde pequeño el valor del esfuerzo, la honradez y el respeto a los demás. Valores que han marcado su vida personal y profesional y que siempre ha transmitido con el ejemplo.
En septiembre de 1978 contrajo matrimonio con Catalina Prado Molero, su compañera de vida, con la que ha construido un hogar sólido, lleno de cariño y constancia. De ese matrimonio nacieron sus hijos, Manuel Ángel y Esther María, y con el paso del tiempo llegaron sus nietas Izaro, Enara y Sara, que hoy son su mayor alegría y el orgullo de toda la familia.
Manuel se formó en Electricidad en la Escuela de Maestría Industrial, Instituto Florencio Pintado, pero su nombre quedaría ligado para siempre a un comercio emblemático del pueblo: la ferretería La Campana. Durante 25 años trabajó en ella y otros tantos como propietario, en otro local de la misma calle y conservando el mismo nombre. La Campana fue mucho más que una ferretería: fue un punto de encuentro, un lugar de conversación, de soluciones y de confianza, donde siempre había una palabra amable y un trato cercano.
Además, también trabajó como camarero en distintos bares del pueblo, demostrando una vez más su carácter servicial y su facilidad para el trato con la gente. Siempre dispuesto a ayudar, a echar una mano y a atender con una sonrisa, se ganó el respeto y el cariño de generaciones de vecinos.
En lo personal, Manuel es un hombre fiel a sus afectos y también a sus pasiones. Entre ellas, su conocida condición de forofo del Barcelona, vivida con la misma lealtad con la que ha afrontado cada etapa de su vida. Hoy sigue manteniendo ese espíritu social formando parte del Club Municipal El Jardín, donde comparte tiempo, conversación y amistad, fiel a esa manera sencilla y auténtica de entender la vida.
Manuel Moraño Loro representa a toda una generación de hombres que, sin hacer ruido, sostuvieron el día a día del pueblo con su trabajo honrado. Su historia no es solo la de un comerciante o un trabajador; es la de un vecino ejemplar, de los que siempre están, de los que conocen a todo el mundo y a los que todo el mundo conoce.
Porque pueblos como Peñarroya-Pueblonuevo se construyen gracias a personas como él. Personas que hacen comunidad, que generan confianza y que dejan huella sin necesidad de levantar la voz.
Como dice la estrofa de “De vez en cuando la vida” de Joan Manuel Serrat:
“De vez en cuando la vida toma conmigo café, y está tan bonita que da gusto verla…”
Hoy, desde Infoguadiato, hemos querido sentarnos a ese café imaginario contigo, amigo Manuel, para decirte que tu forma de tratar a la vida —y a los demás— nos reconcilia con lo cotidiano y con lo auténtico.
Que nadie borre nunca tu sonrisa.
Gracias por tanto.
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas





























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