Mientras Peñarroya-Pueblonuevo se engalana para celebrar su Semana Santa, hay historias humanas que también merecen ser contadas. Historias sencillas, profundas, de esas que nacen en la vida cotidiana y terminan convirtiéndose en ejemplo.
Porque en cada pueblo existen personas especiales. Vecinos y vecinas que, sin hacer ruido, han construido una vida marcada por el esfuerzo, la familia y el cariño hacia los demás.
El homenaje de hoy nos acerca a una de esas personas.
Su nombre es María Luisa Cabrera Murillo, aunque en realidad casi nadie la llama así. Para su familia, para sus amigos y para todo aquel que ha tenido la suerte de compartir una conversación con ella, siempre ha sido simplemente Marisa.
En Peñarroya, a la sombra del Peñón que vigila la vida del pueblo desde hace generaciones, nació y creció Marisa. Hija de Francisco Cabrera Mata y Aurelia Murillo Pacheco, su infancia transcurrió en aquellos barrios donde las puertas siempre estaban abiertas, donde los vecinos eran casi familia y donde la vida se compartía en la calle, entre juegos, risas y conversaciones interminables.
Junto a su hermano Francisco Cabrera Murillo, con quien mantiene un vínculo profundo y lleno de cariño —tan cercano como el que comparte con su cuñada Juani Prado— fue creciendo en ese ambiente de afecto que marcaría para siempre su forma de entender la vida.
Porque si algo define a Marisa es su capacidad para hacer sentir a todo el mundo como en casa.
Tiene esa forma especial de tratar a las personas que no se aprende en ningún libro: cercana, amable, siempre con una sonrisa sincera y una palabra cariñosa para quien la necesite.
Pero si hay una historia que ha marcado su vida por encima de todas, es la que comenzó cuando aún era muy joven.
Fue entonces cuando apareció José Ruiz Amo, el hombre con el que iniciaría un camino que hoy se ha convertido en toda una historia de amor.
Su noviazgo fue largo, de los de antes. De esos que se construían con paciencia, con ilusión y con promesas silenciosas que el tiempo se encargaba de confirmar. Diez años de amor que desembocaron en el matrimonio y en una vida compartida que en 2027 celebrará sus bodas de oro: cincuenta años caminando uno al lado del otro, sosteniéndose en las alegrías y también en los momentos difíciles.
De ese amor nacieron sus dos mayores orgullos: Antonio José y Gema.
Antonio José Ruiz Cabrera, licenciado en Geología y trabajador en la Diputación de Sevilla, forma junto a María Otero una familia que ha llenado de felicidad el corazón de Marisa.
Por su parte, Gema Ruiz Cabrera, maestra de vocación y licenciada en Psicopedagogía, comparte su vida con Juan Miguel Revaliente, construyendo también su propio hogar.
Ambos viven muy cerca el uno del otro en Mairena del Aljarafe, en Sevilla. Y aunque la distancia pueda separar ciudades, nunca ha separado los afectos.
Porque si hay algo que verdaderamente ilumina la vida de Marisa son sus nietos.
El mayor es Juan Miguel, noble y cariñoso, de esos nietos que abrazan con el alma.
Después llegó Marisa, que ya ha escrito su propio nombre en la historia familiar al convertirse en campeona de España de cubos de Rubik, demostrando que el talento también forma parte de esta familia.
Y finalmente Lara, la pequeña, con apenas ocho años y esa energía que convierte cualquier reunión familiar en un estallido de alegría.
Pero la historia de Marisa no se entiende solo desde el amor a los suyos.
También se explica desde el trabajo, el esfuerzo y el compromiso con su gente.
Durante años ayudó a su madre en una pequeña tienda de alimentación del pueblo. Aquellas tiendas de barrio donde no solo se vendían alimentos: también se compartían confidencias, conversaciones y momentos de vida.
Cuando su madre se jubiló, Marisa tomó el relevo y mantuvo el negocio durante casi ocho años, con la misma dedicación y cariño que había aprendido en casa.
Había estudiado en el Instituto de Enseñanza Media Alto Guadiato, pero como tantas personas de su generación, su verdadera escuela fue la vida: el respeto por los demás, la constancia en el trabajo y el amor profundo por su tierra.
Porque si hay algo que Marisa nunca ha perdido es su vínculo con Peñarroya.
Un amor que permanece intacto con el paso del tiempo.
Sigue participando activamente en la vida social del pueblo, formando parte de asociaciones como Cultura Abierta, Centro de Mujeres o la Asociación de Vecinos El Peñón, además de colaborar en grupos de manualidades donde su creatividad y su espíritu alegre siguen encontrando su lugar.
Le gusta leer, hacer manualidades, disfrutar del cine —especialmente de las historias policiacas— y viajar siempre que puede. Pero sobre todo le gustan esas pequeñas cosas que hacen grande la vida: una tarde con amigos, la feria del pueblo, una conversación tranquila o una escapada en caravana junto a su hermano y su cuñada.
Los últimos años también han traído momentos difíciles.
Marisa ha tenido que enfrentarse a varios procesos quirúrgicos, situaciones que ponen a prueba la fortaleza de cualquiera.
Y es precisamente en esos momentos donde aparece la verdadera esencia de las personas.
Porque si algo define a Marisa es su fortaleza tranquila, esa manera serena de afrontar la vida sin perder nunca la sonrisa.
Es una mujer valiente, optimista, alegre y entusiasta. De esas personas que, incluso cuando el camino se vuelve cuesta arriba, siguen mirando al futuro con esperanza.
Una mujer leal, profundamente familiar, orgullosa de sus raíces y agradecida por cada momento compartido.
Y aunque su nombre completo sea María Luisa Cabrera Murillo, hay algo que todo el mundo sabe en Peñarroya.
Cuando alguien dice Marisa, no hace falta explicar nada más.
Todos saben de quién se habla.
De una mujer buena.
De una mujer querida.
De esas personas que dejan huella sin proponérselo.
De esas personas que, simplemente siendo como son, hacen mejor la vida de los demás.
Un homenaje sincero para una mujer admirable, amiga y vecina, a la que su pueblo guarda un profundo cariño.
Porque algunas personas no necesitan grandes gestos para ser recordadas.
Les basta con vivir haciendo el bien.
Te lo mereces.
Te queremos mucho.
Sergio Delgado Cintas





























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