17 de agosto de 2023

 “MEJOR MORIR DE PIE, QUE VIVIR DE RODILLAS”

Un pensamiento que, ¡ojalá!, todos nos lo apliquemos a nuestra vida, comenzando por nuestra clase política, tan deteriorada ante la opinión pública.

Se trata de una de las frases que se han hecho famosas a nivel mundial, y que grandes personalidades de la política y de la lucha social por la libertad de los pueblos, han tomado como referencia. Incluso podríamos afirmar que es el espejo en que se han mirado todos los que, a través de la Historia, han hecho causa común en la lucha por liberar a los oprimidos del yugo de los que, a cualquier precio, buscan ser dueños absolutos del poder. Entre estos grandes personajes históricos, cuya relación sería interminable, destaco a Nelson Mandela, Benjamín Franklin, Martin Luther King, Mahatma Ghandi, Rigoberta Menchú, Teresa de Calcuta…y tantos otros, cuyos nombres destacan grabados con letras de oro en el libro de las conquistas por las libertades y la paz.

La frase “mejor morir de pie que vivir de rodillas” se ha atribuido a diversos personajes históricos. pero su autor, casi seguro, es Emiliano Zapata, conocido como “El Caudillo del Sur”, considerado por muchos como máximo símbolo de la resistencia campesina, quien dio voz a las demandas sociales que pedían tierra y libertad en Méjico. Algunos se la atribuyen al “Che Guevara”. Lo cierto es que la primera vez que consta de forma fehaciente fue en un discurso de Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, pronunciado en 1936 en Paris, lo cual elimina a Che Guevara como autor de la misma, ya que en esa fecha sólo tenía 8 años. Pero tampoco parece ser La Pasionaria la autora de la misma, porque, como indica la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México, Dolores Ibárruri “se apropió de una de las frases de Emiliano Zapata (1.879-1.919) y la adecuó para sus propios fines”. Sea como sea, lo importante es el mensaje que se transmite a través de ella.

Por Dignidad entendemos la cualidad de sentirnos responsables, y sentir amor y respeto hacia uno mismo y hacia los demás, no permitiendo que otras personas nos degraden, ni a uno mismo ni a ningún ser humano, lo cual nos lleva a profundas reflexiones sobre la naturaleza humana y los límites de la libertad, o incluso al abuso y ataque de las mismas libertades, originado por quienes ostentan el poder o quieren ejercerlo sobre los demás. En realidad, la dignidad es el amor que nos debemos a nosotros mismos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su preámbulo, resalta la “dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana”, afirmando en su Artículo 1 que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Igualmente se recoge en la Constitución Española, en su Artículo 10: “La dignidad de la persona…el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.

Y NO HAY MAYOR ATAQUE A LA DIGNIDAD, QUE LA MENTIRA Y LA CORRUPCIÓN de los que ostentan el poder. Ojalá muchos de nuestros políticos hiciesen suyas las palabras del gran pensador Immanuel Kan: “mediante la mentira, el hombre aniquila su dignidad como hombre”. Y nos podemos preguntar: una persona que no lucha, día a día, por acrecentar su dignidad, ¿Cómo podemos pensar que vaya a respetar la dignidad de los demás?

El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente, así ha ocurrido históricamente. La corrupción política conduce a la decadencia y a la ruina de los pueblos. Como ocurrió con Cómodo, emperador romano, hijo del gran Marco Aurelio, cuya corrupción y falta de respeto a la dignidad del pueblo y sus instituciones, inicia la decadencia del Imperio Romano, y ha seguido ocurriendo con todos los imperios o naciones que han tenido la mala suerte de caer en manos de quienes se han ido apoderando del control de todas las instituciones que pudiesen controlarlos a ellos. Para ello intentan reunir bajo su control los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial. Dato curioso: todos estos dictadores intentan protegerse pajo el paraguas de que lo hacen por el Bien Común, en un intento de justificar lo injustificable. Todos los dictadores, como es el caso de los militares que dan un golpe de estado, ¿conocen alguno que no afirme que lo hacen buscando el Bien Común, y que convocarán elecciones para que el pueblo decida su destino?

No avalemos con nuestro voto, ni defendamos a ultranza por ser militantes de su partido, a aquellos políticos que no actúen con dignidad, ni respeten la dignidad de los ciudadanos. Bien claro lo ha dejado el Papa Francisco: “nunca más el poder ni el dinero, por encima de la dignidad humana”.

Carlos Serrano

 

 

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