Comenzamos un nuevo año con buenos propósitos y necesarias enmiendas. Intentaremos portarnos mejor, por el bien de nuestro pueblo: una Peñarroya-Pueblonuevo que ya mira al horizonte de febrero de 2027, cuando celebrará la unión de sus dos municipios.
Con ese espíritu nació, a comienzos de agosto del pasado año, esta sección de homenajes, en la que hemos ido descubriendo vecinos y vecinas extraordinarios, muchas veces silenciosos, pero imprescindibles.
Hoy, jueves 1 de enero de 2026, tenemos el honor de abrir el año rindiendo homenaje a nuestro amigo y vecino Miguel Díaz Ortega.
Miguel es una de esas personas que defienden sus valores —cristianos y sociales— con hechos y no con discursos. Entiende la vida como un camino de superación constante, marcado por emociones intensas y por golpes duros que supo convertir en aprendizaje y entrega a los demás.
Nació un 4 de mayo en Peñarroya-Pueblonuevo, en una casa llena de voces y de vida. Hijo de Benjamín y Carmela, creció entre seis hermanos, aprendiendo pronto que la familia no es solo un apellido, sino un refugio. Fue mellizo de Benjamín, compañero inseparable, y hermano de Pepi, Ángel y Mari Carmen. La vida, sin embargo, también le enseñó el dolor: primero con la pérdida de Antonio Luis, el mayor, y después con la de Angelete, el pequeño. Golpes que no le robaron la sonrisa, pero sí le regalaron una mirada más tierna y comprensiva hacia los demás.
Desde hace 42 años camina junto a Montse Rodríguez, su compañera fiel, con la que ha construido un hogar del que nacieron Montserrat y Lydia, su orgullo más constante. Miguel es de los que no presumen, pero cuyo amor se percibe en cada gesto.
Durante más de 35 años fue el alma de Electro Hogar. Allí no solo vendía electrodomésticos: escuchaba, aconsejaba y cuidaba a lo que él llamaba “su clientela”, que con el tiempo se convirtió en amistad. Amaba su trabajo, y cuando la enfermedad le obligó a dejarlo, no perdió ni la dignidad ni la cercanía que siempre lo definieron.
Entre 1987 y 1995 asumió la Concejalía de Cultura. Ocho años de entrega discreta, en los que, junto a su buen amigo Álvaro Muñoz, recuperó iniciativas que dormían en el olvido. El concurso de carnaval volvió a latir gracias a su empeño, como tantas otras actividades que devolvieron vida cultural y participación al pueblo.
Aunque hoy está alejado de la política activa, Miguel sigue fiel a sus ideas de progreso, justicia social y servicio a los demás, valores que ha practicado siempre desde lo cotidiano, sin ruido ni alardes.
Miguel es, sobre todo, un hombre de afectos sencillos: paseos diarios con sus hermanas, charlas interminables con amigos, libros leídos en calma y veranos de piscina compartidos. Fue catequista de niños de primera comunión en Santa Bárbara, sembrando valores con humildad, como se hacen las cosas verdaderamente importantes.
Alegre, simpático, servicial. Cariñoso con todo el mundo. Miguel Díaz Ortega es de esas personas que no hacen ruido, pero dejan huella; de las que sostienen un pueblo con humanidad, trabajo honrado y una sonrisa que nunca se rinde.
El hombre que jamás se rindió.
La persona adecuada para comenzar el año.
La chispa de ilusión para arrancar un tiempo nuevo lleno de homenajes sinceros.
Hoy, con Miguel Díaz Ortega, nos marcamos un propósito colectivo: que Peñarroya-Pueblonuevo tenga un año mejor, y que nuestros vecinos y vecinas sigan encontrándose en estos homenajes hechos desde el respeto, el afecto y la memoria compartida.
“Nuevo año, nuevas metas, mismos sueños grandes”
— Anónimo
Feliz Año Nuevo.
Te queremos mucho, amigo y vecino.
Te lo mereces, Miguel.
SERGIO DELGADO CINTAS






























Todo un hombre
Vuelve el hombre
Un gran AMIGO