Después de una década donde la movilización social en busca de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras estaba amordazada por medios de comunicación, gobiernos de comunidades autónomas, judicatura, etc., los problemas sociales no han tenido eco en los medios de comunicación. Y, ya se sabe: lo que no se ve ni se oye, no existe.
Podríamos entrar a valorar la acción del Gobierno central en toda su dimensión —también la internacional, en lo laboral y en lo social—, pero este documento no pretende eso. El análisis se refiere a: ¿por qué se activa la movilización social?
Y resulta evidente que, desde hace unos meses hasta la actualidad, La 1 de TVE está haciendo una labor informativa que contrarresta la sinrazón y la falsedad en las noticias —absurdas en muchos casos— de la derecha y la ultraderecha, que en el caso español son la misma cosa. Como decíamos, estos programas televisivos sí han vuelto a activar principios de la izquierda como la solidaridad, la explicación motivada y la digna contestación, en contraposición a los contertulios de la derecha y a sus amos políticos de VOX y del PP, así como a los medios de intoxicación seudoperiodística que imparten cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos del fascismo.
La sensibilidad de los distintos pueblos del Estado español, en su juventud y en sus personas mayores, sigue estando a flor de piel.
El hecho causante es el desahucio de MARICARMEN: una señora, como todos sabemos, de 87 años que vive sola y que lleva más de 70 años viviendo en un piso que ha comprado un fondo buitre de los que instaló en la ciudad de Madrid la Sra. Botella (esposa de Aznar). Sin piedad de ningún tipo por parte del fondo buitre, de la jueza ni de la policía, es lanzada a la fuerza de su casa. Esto desencadena una fuerte protesta social donde la policía, como suele ser costumbre, se emplea pegando palos de forma contundente contra los manifestantes, que por lo visto tienen la obligación de no poder defenderse. Y todo esto, televisado en directo por la Primera de TVE. Cientos de desahucios hay a lo largo de cada mes en todo el país; sin embargo, ningún medio de comunicación se había hecho eco. En esta ocasión SÍ, y la respuesta del pueblo del Estado español, ejemplar, se ha tirado a la calle en manifestaciones y en acampadas en muchas capitales de provincia.
Siempre es muy gratificante escuchar a cientos de miles de voces identificando a los jóvenes como antifascistas.
Pero desde la izquierda, que para nada estamos bajo el paraguas político de la monarquía liberal parlamentaria burguesa, pensamos que nada es espontáneo y que es falso que todo esto se mueva solo por la iniciativa popular. Lo que es más lógico pensar es que, cuando el vaso está a punto de rebosar, alguien de forma organizada se encarga de que no se derrame e va con un paño a envolverlo, recoger el agua sobrante y tirarla al sumidero del fregadero, es decir, al parlamento burgués monárquico. Ya ocurrió con PODEMOS y ahora vamos a ver lo que ocurre con este otoño.
Pero además es que el Sindicato de Inquilinas llama una vez más a las puertas de la «Iglesia» de este país, es decir, a UGT y CCOO, los que ya no son sindicatos, sino que se han reconvertido en agentes sociales que repudian la lucha de clases y enarbolan el pacto social burgués. Llevan 14 años sin convocar una huelga general —la huelga general de «punto final», porque al día siguiente se acaba todo—. Son los traidores de la clase obrera que han pactado y consentido el despido libre, todas las reconversiones industriales y no industriales que han tirado a millones de trabajadores al desempleo, que han destruido la formación profesional con sus cursillos, que consienten que la judicatura tarde años en dar sentencias por despido, que han permitido que se pierdan los salarios de tramitación, que firman convenios todos los días perdiendo derechos, que con cerca de 300 muertos por accidentes de trabajo han entregado a las mutuas patronales hasta el control de las enfermedades comunes, que están privatizando las pensiones en sectores tan importantes como la construcción o el metal, y que son los chivatos de la patronal ejerciendo la represión sindical contra quien se mueva en el seno de las empresas. En concordancia con estas, son los que han firmado que nos jubilemos a los 67 años, aunque ya han ampliado la edad hasta los 72.
Ahora ocurre el milagro, y una vez más UGT y CCOO, el bisindicalismo o los agentes sociales, son los que nos van a salvar de la agresividad que tiene la patronal contra los trabajadores en los centros de trabajo y del problema de la vivienda.
Que le pregunten a UGT y al yerno de Nicolás Redondo, exsecretario general de UGT, por la promoción de viviendas en cooperativa que llamaban la PSV, donde se quedaron con el dinero de los cooperativistas y tuvimos que pagar los demás ciudadanos la promoción de estas viviendas vía Presupuestos Generales del Estado.
En definitiva, el entusiasmo romántico y revolucionario nos va a lanzar una vez más a hacerles la movilización para la convocatoria de huelga a UGT y a CCOO, legitimando a estos traidores ante la juventud y ante la bastante desclasada población trabajadora. Y yo pienso que NO. Yo pienso que no hay que dejarse llevar a ese espectáculo de legitimación de CCOO y UGT, que van a llamar «HUELGA GENERAL» a algo que nada tiene que ver con eso. Por eso pensamos que la huelga general debe ser escalonada y comenzar por los medios de transporte, después los medios de comunicación, después la industria, después el campo, etc., y que sea una huelga prolongada en el tiempo, como en ocasiones hacen los franceses. Hay que pararle los pies a la patronal y al capitalismo. Los objetivos tienen que ser mucho más amplios: la vivienda, el despido libre, los salarios, la legislación laboral, la judicatura, el derecho de huelga, la derogación de la distribución irregular de la jornada, las pensiones, la sanidad, la dependencia, las privatizaciones del sector público (incluidos los ayuntamientos), las libertades públicas y la Ley Mordaza. En definitiva, el problema de la sociedad española y europea no es solo la vivienda: es el capitalismo. Por tanto, hay que hacer una huelga contra el capitalismo y concretarla en esa tabla de objetivos.
Si volvemos a momentos de ilusión que desembocaron en el parlamentarismo —donde también se le consiente todo a la derecha, toda clase de insultos y de faltas de respeto a la inteligencia—, la casilla de salida estará en el mismo sitio, como ocurre ahora tras el 15M y PODEMOS.
De verdad resulta insultante que se llame a CCOO y UGT para que convoquen una huelga general en nombre del pueblo. Son los legalizadores de la huelga: todo tiene que pasar por ellos.
Coordinadora de Trabajadores de Andalucía ( C.T.A. )




























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