“La persona que endulzó a Peñarroya-Pueblonuevo durante toda su vida”
El otro día me di una vuelta por la barriada de La Farola, en el corazón del distrito de Peñarroya. Mi mente retrocedió a mi juventud, aunque mis recuerdos son más recientes para todos aquellos y aquellas peñarriblenses que, tras una boda, una comunión o un bautizo —o tal vez después de terminar el baile en el restaurante San Fernando—, tenían una parada obligatoria: la Cafetería-Confitería Bécquer.
Y es que, si mencionamos dicho establecimiento hostelero, enseguida lo asociamos con su dueño, Rafael González Martínez, más conocido por todos como Rafalín «El Dulcero».
Quien pasaba por su pastelería podía percibir, solo con el olor, el exquisito gusto por la repostería que tenía Rafael. Desde sus deliciosos y famosos “cachondos”, petit-suisse, tarta de manzana, su fabuloso merengue o el sabroso tiramisú, hasta sus aclamados Roscones de Reyes en Navidad y las tradicionales Tortas de Pascua con su huevo cocido en el centro durante Semana Santa. Sus clientes nunca olvidarán estos sabores.
Los inicios de Rafael en la hostelería fueron muy tempranos. Entre los años 60 y 70 se formó como aprendiz de sus tíos, quienes lo criaron tras quedar huérfano de padre. Ellos le inculcaron el amor por la repostería y la vocación hostelera.
Tras el fallecimiento de sus tíos, Rafael tomó las riendas del Bécquer. Junto a su esposa Milagros y sus tres hijas —Mila, Mari Juli y Esther— formaron una familia muy unida y ejemplar.

Viviendo in situ en el negocio familiar, disfrutaron de los mejores años del Bécquer, especialmente en las décadas de los 80, 90 y principios de los 2000. Fue entonces cuando abrieron un segundo establecimiento: Bécquer II, que hoy continúa ofreciendo repostería y servicio de café-bar, aunque sin el toque magistral de Rafael.
Actualmente, el Bécquer II está a cargo de su hija mayor, Mila, quien ha heredado el talento y la dedicación de su padre para llevar adelante el negocio.
Rafael también fue un visionario. Cuando ya se empezaba a pagar por ver fútbol, él instaló una gran pantalla con proyector para ofrecer los partidos a sus clientes.
Y cómo olvidar aquellos fines de semana de pizzas, bocadillos y baguettes recién horneadas, que tanto socorrieron a los peñarriblenses.
Grandes historias de amor y de amistad se forjaron en la parte superior del Bécquer, donde entre sofás y sillones de terciopelo se encontraba un espacio único: una mesa de billar, una máquina recreativa, otra de preguntas al estilo «¿Quién quiere ser millonario?», y una diana de dardos. Todo esto convertía el lugar en punto de encuentro para la juventud que salía de marcha por Pueblonuevo.
Otra tradición inolvidable para quienes vivimos la historia del Bécquer eran los sorteos de juguetes en el Día de Reyes, con la visita de los tres Reyes Magos. Tampoco podemos olvidar su tradicional Candelaria, que reunía a amigos y clientes para compartir buenos momentos.
Fue un hombre adelantado a su tiempo. En verano, se hacía cargo del bar del parque de Peñarroya. Siempre fue un trabajador incansable, honrado, honesto, serio, pero con su toque de humor.
Una lástima que hace mas de un año nos dejara la persona que endulzó toda una población. En los días de feria, su pastelería era un hervidero de ciudadanos y ciudadanas que llegaban tras disfrutar de las tapas en los bares del centro, para terminar la velada con un café y un dulce que ya no volverán a saborear de sus manos.
Hasta sus últimos días, ya enfermo, ayudaba a su hija elaborando dulces.
Hoy, tristemente, ya no está con nosotros, pero siempre estará en nuestros corazones quienes tuvimos la suerte de conocerlo.
Este artículo va en su honor, porque fue y seguirá siendo parte viva de la historia de nuestro pueblo.
«Los mejores momentos no se olvidan.
Son palabras e imágenes vívidas que siempre irán con nosotros.»
Gracias, Rafael González Martínez, por haber endulzado también mi vida.
Sergio Delgado Cintas




























D.E.P Buena persona y gran profesional. Gracias por todo D.Rafael