Atestiguamos la vida como algo útil, servicial, como algo natural y no artificioso. En la osadía de las tenencias y las ganancias sustanciales y reales que tenemos a lo largo de nuestras vidas, son más dolorosas y dañinas las pérdidas existenciales, cuando nos hacen un siete en el corazón y nos rocían de lágrimas el cuerpo y el alma.
Hoy me ha impresionado cómo ha sonado la pieza musical de Mozart. Ha sonado de fondo en la Parroquia de El Salvador y San Luis Beltrán un Réquiem de Mozart por la pérdida de un gran hombre: Fernando González León, que ha sabido decir “hasta luego” y nunca “adiós” a lo que fue su propia realidad. Un traje de madera ha sido estrenado esta mañana para la posteridad y, como última voluntad, no ha sido obligado a dar el último beso a su amada mujer, Josefina García.
Fernando, discípulo del bien, hombre justiciero, donde su mayor fortuna fue crear su fortín: una familia que no olvidará los esfuerzos y el trabajo de un padre ejemplar y un abuelo admirable. Deja dos semillas que nunca dejarán de germinar: sus hijas Nuria y Mirella.
A ello se suman sus cuatro nietos: Rocío, Cristina, Nazaret y Manuel. Este último, el único varón, fue quien más lo disfrutó y a quien más mimó, acompañándolo a los entrenamientos en Córdoba y a los partidos por toda Andalucía e incluso por el territorio nacional. Se ha marchado con el sueño de ver a su nieto triunfar en el mundo del fútbol.
Proveniente de una familia trabajadora, Fernando comenzó en la Plaza de Pueblonuevo, en el negocio familiar junto a sus padres y hermanos, donde vendían pollos, huevos y otros productos del campo. Más tarde se incorporaría a la mina, hasta su prejubilación y jubilación, dedicando todo su tiempo y esfuerzo a su familia.
Fue un hombre que se desvivió por los suyos, y la mayor de sus suertes es haberse marchado lleno de amor por dentro y por fuera, escuchando en su cáscara de nuez, como desde el feto de su madre, los planes de ésta para vivir plácidamente la vida junto a su familia.
Por desgracia, la vida pasa y para algunos se termina la fiesta. Pero no hay que llorar por la pérdida de un ser querido, como en este caso de Fernando, sino sonreír a cada instante que lo recordemos, porque la mayor obra que ha realizado ha sido su maravillosa familia.
Ejemplo de superación hasta que el corazón dijo “hasta aquí”. Antes de que la marea destruyese todo lo bueno que había vivido, dejó un margen de oasis donde los bereberes se detienen a descansar antes de continuar caminando por el desierto de las vivencias de los días de grana y oro.
Y, envuelto en un impoluto silencio, se marchó al cielo un hombre que supo mirarle a la muerte con dignidad y, como Morante de la Puebla, supo irse saliendo por la puerta grande.
Admirable vida la de un Fernando eterno, plena e intensa, con la belleza y la pulcritud del legado que deja a su familia y a todos los que lo conocimos.
Desde Infoguadiato nos sumamos junto a sus familiares y amigos al inmenso dolor por tan irremediable pérdida. Pedimos nuestra humilde plegaria y oración por nuestro amigo y vecino Fernando González León.
Que la tierra te sea leve.
D.E.P.
Sergio Delgado Cintas





























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