Joaquín Rayego Gutiérrez
—“Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,/un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen/ y recuerdo una brisa triste por los olivos”.
“El nacionalismo andaluz no está muerto”, decía el sevillano Méndez Bejarano, allá por el año 1909, en una conferencia que tuvo lugar en el Ateneo de Sevilla. Y añadía que Andalucía era la “única tierra de España que podría vivir independiente por la rica variedad de sus producciones, por la extensión de su territorio…”.
Un 4 de diciembre de 1977, dos millones de andaluces se manifestaban en la calle por la Autonomía de Andalucía.
El gran promotor de esas señas de identidad que venían fraguándose en la mente de destacados ateneístas sevillanos en el primer cuarto del siglo XIX sería Blas Infante Pérez, nacido en Casares (Málaga), un 5 de julio de 1885, en el seno de una familia de acomodados agricultores.
Tras cursar estudios en Los Escolapios de Archidona y en el Colegio San Rafael, de Málaga; y realizar el Bachillerato en los Institutos de Cabra y Málaga, el joven concluirá la carrera de Derecho en Granada en el corto espacio de dos años.
En 1906, oposita a Notaría antes de la edad reglamentaria.
Y es en 1909, en el transcurso de los Juegos Florales que celebra el Ateneo de Sevilla , cuando tiene la oportunidad de asistir a la conferencia de un andalucista histórico, Mario Méndez Bejarano, a quien considera “el sabio patriarca de nuestra hermandad”.
Al año siguiente, cumplida la edad reglamentaria, ejerce como Notario en Cantillana (Sevilla); allí entra en contacto con el fisiocratismo de Henry George, movimiento económico – agrario cuya doctrina – “la tierra para el que la trabaja”– conoce gracias a Pascual Carrión y Antonio Albendín, dos ingenieros agrónomos que elaboran el catastro parcelario de la provincia de Sevilla.
Tras su participación en el I Congreso Georgista Internacional de Ronda, y tras las malas noticias que asolan Europa, en 1915 saldrá a la luz la primera edición de un Manifiesto por Andalucía.
Dos años después, en enero de 1917, tiene lugar el I Congreso Andalucista de Ronda donde por vez primera se concretan y definen los símbolos de Andalucía:
Por himno “Santo Dios”, canción popular que entonaban los trabajadores del campo; por escudo, el de Cádiz, con el símbolo de Hércules y la leyenda “Dominator Hercules Fundatur”; por bandera, la que lució la Giralda en 1195, tras la victoria almohade en Alarcos.
El 19 de enero de 1919 Blas Infante casa en Peñaflor (Sevilla) con Mª Angustias García Parias. La ceremonia tiene lugar a las dos de la madrugada en la intimidad de la capilla familiar de la calle Larga.
Fruto de aquella unión nacerán cuatro retoños.
En 1924, ya en plena guerra de África, D. Blas proyecta un emotivo viaje a Marruecos, en homenaje al más de un millón de “nuestros andaluces” injustamente expulsados del solar patrio. Un 15 de septiembre embarca desde Lisboa con destino a Agmat, junto a Marraquech, con el fin de visitar la tumba de Almutamid, el rey poeta de Sevilla.
En Marruecos descubre las Nubas, canciones en las que se aprecia un cierto parentesco con la “soleá”, por el tono nostálgico que ambas melodías comparten.
De estas vivencias saldrá un libro : Orígenes del flamenco y secretos del cante jondo, en el que apunta que el término “flamenco” con el que los andaluces denominan esta expresión musical, proviene de la palabra “felahmengu”, que hace alusión al “labrador huido, o expulsado”.
En este punto el apasionado estudioso se muestra crítico con las teorías apadrinadas por músicos y folcloristas de la talla de Felipe Pedrell, Rafael Mitjana, Manuel de Falla, Asenjo Barbieri, Machado Álvarez “Demófilo”, Rodríguez Marín y Mas y Prat, entre otros.
Por el contrario dedica los mayores elogios a Julián Ribera, por su concienzuda labor investigadora en los Códices, por poner en notación moderna la música de las Cantigas, por revivir viejas canciones musulmanas y sacar a flote una realidad: que la música popular que ahora tienen como propias todas las regiones de España “proceden de un fondo común (…) producto del poderoso e incomparable ingenio andaluz”.
No se limita tan solo a informar sobre flamenco, como haría cualquier docto; amén de manejar una vasta documentación sobre el tema, se deja atrapar por el arte y cultiva la amistad de flamencos de la talla de Juan Breva, de Bermúdez de Morón, y de Manuel Torre, por cuya cultura “natural” se pregunta emocionado.
Al tiempo es autor del Epílogo a Arte y artistas flamencos, de Fernando de Triana. Su generosidad y espíritu de trabajo, le llevan a empeñar su tiempo en ayudar al cantaor en la elaboración de este libro.
Como tantos hombres de su tiempo sus inquietudes le llevan a militar en la Masonería, y en 1925 figura inscrito en la Logia sevillana “Fe y Democracia”. Reconocidos intelectuales krausistas; los padres de “El Folk- Lore Andaluz”; los aristocráticos miembros de la Institución Libre de Enseñanza; los ateneístas, y hasta los más reputados pedagogos y anarquistas militaron en las filas de los “Hijos de la Viuda”.
Hay claros referentes masónicos en la estructura del Ideal Andaluz, que en su estructura semeja una “plancha”, amén del nombre del referido manifiesto, de claras reminiscencias krausistas, que lo ligan al “Ideal de la Humanidad para la vida”, obra del filósofo alemán Krause, traducida al español por el clérigo exclaustrado Julián Sanz del Río; también son visibles en la letra del himno, y en los múltiples detalles que adornan las paredes de la “Casa de la Alegría”, la residencia familiar de Coria del Río.
Tan radical anticlericalismo, que hasta en los clérigos krausistas fue norma, no era en absoluto contrario al sentimiento religioso, como Diego Martínez Barrio, Gran Maestre del G.O.E. proclama en la consagración del templo de la logia “Redención nº. 16”, de Ayamonte:
– “El Ilustre Hermano Blas Infante exaltaba y loaba el sentido místico de la existencia (…). Los hombres sin fe y los pueblos sin fe están condenados a desaparecer y a agotarse”.
Hay que subrayar que una postura ideológica contraria al clero y a la Semana Santa, no afecta en modo alguno al cultivo de la fe y las buenas obras; de hecho D. Blas fue un estudioso de Teosofía, amén de atender las necesidades económicas de Sor San Miguel de los Santos en su camino de monja, e incluso las de la congregación del convento de las dominicas, de la sevillana calle de San Vicente.
Connotaciones fraternas se vislumbran también en el abrazo que simboliza la Plaza de España, de Sevilla, obra cumbre de la Exposición Iberoamericana de 1929, fuente de prosperidad y foco de conflictos por el problema económico y habitacional con el que la ciudad se enfrenta en estos años.
“LA VERDAD SOBRE EL COMPLOT DE TABLADA Y EL ESTADO LIBRE DE ANDALUCÍA”.
Según el más afortunado biógrafo de Infante, el P. Enrique Iniesta Collaut- Valera, nuestro insigne andalucista fue vilmente engañado por el comandante Ramón Franco, por el doctor Pedro Vallina, y por algún otro compañero de andaduras, según demuestran los hechos.
“Fui yo quien promovió la cruzada”, escribe Blas Infante en su libro, asumiendo culpas que no tiene, de socios a quienes ingenuamente puso en los altares por la cantidad de piropos que les dedica.
La idea de presentar una “Candidatura Republicana Revolucionaria Federalista Andaluza” tenía a Ramón Franco como primerísimo representante, con el compromiso de anteponer la candidatura andaluza a la catalana en el caso probable de salir elegido diputado por Sevilla, acuerdo que nunca cumplió.
La Candidatura de Franco, como la llamaban, la integraron personajes como los aviadores Pablo Rada Ustarroz y Antonio Rexach Fernández de Parga; junto a Pascual Carrión y Antonio Balbontín, candidatos por la circunscripción de Sevilla.
Como publicista y apoyo moral de la candidatura estaba el doctor Pedro Vallina, anarquista, admirador del gaditano Fermín Salvochea, y dirigente de la C.N.T. de gran prestigio entre los trabajadores, con fama de “santo laico” y con un fuerte ramalazo anarquista, como se trasluce en Mis Memorias, su autobiografía.
Al parecer, y con el desconocimiento de D. Blas, la pretensión de estos amigos era la de provocar mucho ruido en vísperas de las votaciones, para lo cual al comandante Rexach no se le ocurrió mejor cosa que entrar en la Maestranza de Artillería, con todo un séquito de camiones, solicitando la entrega de quinientas bombas con sus respectivas espoletas.
Avisado el Ministro del Interior del “golpe de Estado”, envió a Tablada al general Sanjurjo y al mismísimo Martínez Barrios. Quiso la providencia que el oportuno aviso de la mujer de Franco, y un obligado cambio de planes —por la caída del tablado en un teatro de Lora del Río, donde Franco pronunciaba un mitin— impidieran al “alocado y poco reflexivo” personaje cumplir sus amenazas.
En 1932 los acontecimientos políticos habían llevado al gobierno republicano— socialista a muy disparatadas intervenciones tales como bombardear “Casa Cornelio”, un bar del barrio de La Macarena, donde acostumbraba a reunirse un grupo de comunistas en animada tertulia.
En enero de 1933 D. Blas estaba de mítines por la zona de Casas Viejas (Cádiz), cuando llegaron a sus oídos los terribles sucesos del día 12: la muerte alevosa del campesino Curro Cruz (alias “Seisdedos”) y de toda su familia, a manos del capitán Rojas, personaje sanguinario y de pocas luces.
Hasta allí acude D. Blas en compañía de su pariente Leandro Pérez de Vargas y de Eduardo Ortega y Gasset, director de “El Imparcial”, recibiendo de manos de un jornalero el regalo de una rosa roja del huerto de “Seisdedos”, como fiel testimonio que D. Blas plantó en su jardín.
En 1934 nuestro hombre tiene registrado su domicilio y notaría en Coria del Río, y su bufete en Sevilla, en el número 67 de la calle de Jesús del Gran Poder. En octubre de este año tiene lugar la Revolución de Asturias, dos semanas en las que Asturias es un polvorín.
El llamado Padre de la Patria Andaluza, hombre abierto al diálogo, enemigo declarado de quienes hacen de la política un oficio, a quienes califica de “pícaros”, fue un trabajador en la búsqueda la verdad. En su empeño echó mano de los medios disponibles : estudió Historia, Música, Teosofía, Idiomas; echó mano de los conocimientos que le brindaban personalidades de la talla de Joaquín Costa, Pi y Margall, y otros.
Cierto es que “a la luz” de los hechos no ha de faltar una mota de polvo, incluso a un “santo de palo” .
- Blas siempre tuvo presente las heridas de su pueblo; no fue pobre, como Cristo, su sueldo multiplicaba por cien el de un jornalero; incluso sus aspiraciones reformistas — federalismo, ley del divorcio…— quedaban muy lejos aún de la conciencia del pueblo, del nivel educativo que se le dispensaba, de la situación real de la mujer…
Tras la marcha de Alfonso XIII, la República había inflado el globo de las ilusiones, sin disponer de los mecanismos adecuados para ello…Al cierre de las Cortes, en enero del 36, los ases de la baraja aún seguían echándose en cara las corruptelas del juego; así el que fuera Ministro del Interior, D. Miguel Maura, despotrica contra D. Niceto Alcalá Zamora y contra Portela Valladares, su brazo derecho:
— “Yo, republicano del 14 de abril que luchó contra la Monarquía rompiendo con su pasado (…) afirmo que esto es veinte veces peor que aquello y que el actual Presidente de la República ha venido a realizar todo lo que la Monarquía hacía en sus últimos tiempos”.
( “Cambiar todo para que nada cambie”, lema al uso para quien la palabra gobierno es sinónimo de prácticas mafiosas, escuela de pastores, oficina de recomendaciones, negocio de estraperlo… ).
Por razones que desconoce, Infante fue detenido un 2 de agosto de 1936, y fusilado el día 11 junto al km. 4 de la carretera de Carmona. Ni siquiera Pedro Parias, Gobernador de Sevilla en 1936, y hermano de la suegra de D. Blas, levantó un dedo por él, ante el estupor de sus íntimos.
Así, en carta dirigida a su hijo Cástor, Dª Asunción de Sedas, esposa del escritor Luis Montoto, comenta la muerte de unos familiares de derechas en Lora del Río, y la posterior llegada de las tropas de Queipo de Llano; refiere que “Angustita Parias”, la esposa de D. Blas, había visitado al militar con el propósito de interceder por su marido, siendo su petición denegada.
Ni siquiera los ruegos de las monjas de San Vicente lograron disuadir al verdugo; que amén de significarse en la defensa de sus ideas, el mayor delito de D. Blas fue su generosidad y su sentido de la justicia; una generosidad franciscana que le impulsaba a adoptar animales, a comprar pájaros cautivos para darles la libertad; que le llevó, incluso, a prestar dinero a un familiar de su esposa, quien al parecer aprovechó la situación para quitarle de en medio y liquidar de un plumazo toda clase de compromiso.
Ante la terrible evidencia Dª Angustias García Parias escribe en la parte posterior de una foto de su tío:
—“Todos dicen es este el causante de su muerte”.
En el catálogo de mártires el pueblo y sus defensores son los grandes afectados. Los del Poder poderoso se las apañaron siempre para coger las de “Villadiego”.





























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