Hay personas que hacen del compromiso una forma natural de estar en el mundo. Personas empáticas, serenas, profundamente humanas, que entienden el pueblo como un espacio compartido donde todos somos vecinos y donde ayudar no es una excepción, sino una costumbre. A esa manera de vivir pertenece Víctor Carrasco Aguado.
Hoy rendimos homenaje a un amigo y vecino cuya trayectoria vital ha estado marcada por la entrega silenciosa a los demás, por la constancia en las buenas causas y por una presencia siempre cercana y generosa. Un recorrido humano que emprendemos desde esta redacción, con el cariño y el respeto de quienes lo conocen y lo aprecian.
Víctor Carrasco Aguado nació en Higuera de la Serena, pero su verdadera biografía comenzó muy pronto en Peñarroya-Pueblonuevo, adonde llegó con apenas año y medio de vida. Aquí echó raíces sin hacer ruido, como lo hacen las personas que no necesitan destacar para dejar huella. Con el paso del tiempo, su nombre se convirtió en sinónimo de compromiso discreto, de cercanía y de lealtad a su tierra.
Hijo de Joaquín y Amparo, creció en el seno de una familia numerosa y unida, junto a sus hermanos Kiko, Reyes, Josefina, Andrés y Quinito. De aquel hogar heredó valores sencillos y firmes: ayudar sin preguntar, cumplir la palabra dada y no olvidar nunca de dónde se viene. Esa misma forma de entender la vida la trasladó después a su propia familia, construida junto a María del Carmen Guisado Ibáñez, compañera inseparable y apoyo fundamental en cada etapa. Juntos formaron un núcleo sólido del que nacieron Yasmina y Estefanía, y más tarde llegaron Alba, Lucía y Laura, nietas que hoy son su orgullo silencioso y su mejor recompensa.
Su vida laboral fue la de tantos hombres de su generación: aprender un oficio y dignificarlo cada día. Se formó en la Academia Joaquín Ramos y en distintos cursos de electromecánica, repartió medicamentos cuando hizo falta y participó en los montajes de la Central Térmica de Almaraz. Desde 1979 desarrolló su trabajo en ENCASUR, entre el Pozo San José y el Pozo María, primero como electromecánico y más tarde como vigilante. En 1998 llegó la prejubilación, pero nunca el descanso moral.
Porque Víctor nunca dejó de estar donde se le necesitaba. Desde 1987 es voluntario de Cruz Roja, fue delegado de Donantes de Sangre y, desde hace más de una década, vicepresidente de la Asamblea Comarcal del Valle del Guadiato. Su compromiso con el bienestar colectivo también se manifestó cuando, junto a otros vecinos, acampó en El Cabril para reivindicar un Hospital Comarcal: una lucha cívica, paciente y honesta por la dignidad sanitaria de su comarca.
La música fue siempre uno de sus refugios. Guitarra en mano, compartió escenario y juventud en los grupos Apolo 70 e Impactos, junto a su hermano Quinito a la batería, y más tarde en la Comparsa El Peñón, donde la música se mezcló con carnaval, amistad y sentimiento de pueblo. En casa encontró otras formas de crear: la pintura al óleo, la talla en madera o el cuero repujado, trabajos realizados con la misma calma y dedicación con la que ha vivido.
Hay anécdotas que definen mejor que cualquier currículo. Durante la mili, una broma lo convirtió en barbero improvisado: nunca había cortado el pelo, pero aprendió. Desde entonces, familiares y amigos han pasado por sus manos entre risas, confidencias y conversaciones tranquilas. Así es Víctor: alguien que se adapta, que aprende y que se queda.
Muy unido a sus hermanos, cuñadas y a un grupo de amistades que ya son familia —Luis y Dori, Gregorio y Loli, Rafa y Tere, Evaristo y Mari Pili—, algunos de ellos ya ausentes pero siempre presentes en la memoria y el afecto, conserva también amigos de la infancia, como Antonio “Avenida 21” o Juan, que regresa desde Zaragoza cada verano para revivir largas charlas de recuerdos y batallitas compartidas.
Este homenaje no es solo a un hombre, sino a una forma de vivir: la de quien sostiene, acompaña y construye sin alardes. La de quien entiende el tiempo libre como una oportunidad para servir a los demás. Víctor Carrasco Aguado es memoria viva de su pueblo y ejemplo de que la grandeza, casi siempre, camina en silencio.
“Si hago una buena obra, me siento bien; y si obro mal, me encuentro mal. Esta es mi religión.”
Abraham Lincoln
Te queremos mucho.
Te lo mereces.
Sergio Delgado Cintas





























Como buen amigo doy fe de todo lo expuesto en este merecido homenaje. Muchas felicidades amigo y gracias de nuevo a nuestro amigo Sergio y lo animo a que continúe esa bonita labor.
Hermano » Enhorabuena » Todas las personas que te conocemos, sabemos que tienes muy bien merecido ese reconocimiento, por tu gran corazón y entrega desinteresada hacia los demás.
Querido Víctor,
tu vida es ejemplo de compromiso y entrega silenciosa a los demás.
Gracias por tanto. Dejas huella.