Según pasan los días, y en esos días raros donde domina mi mente el encierro eterno, acudo a mis voces eruditas.
Voces que me acompañan en mi estricta soledad, esa soledad en la que las letras, como la pluma, toman la empuñadura de una herida profunda, pero no de extrema gravedad.
Danza en el aire el alma que dormía en las raíces del origen. El mendigar en la extrema pobreza, el acercarse a la clase baja… son signos de que me avergüenzo del planeta en el que vivimos.
Serviles de traidores, tirantes de tiranos, y ombligo de un mundo que camina hacia el derrumbe.
Espero llegar a tiempo, a refugiarme de los tiros que asolan y asombran mi ciudad. Tejer sueños de napalm y pólvora entre bombardeos a civiles…
Acabar con la lacra de la soberbia y la opulencia, que nos tiene sometidos al caos. Mover cifras en esta morgue cada vez más creciente.
Noches para solitarios, amor para reos inocentes, plagiar a este mundo de mentira, dormir poco con la soga de la incertidumbre.
Y ante todas esas cosas, nos queda movilizar a la sociedad planetaria por una tierra en igualdad de condiciones para todos: tanto para ricos como para pobres.
El principio de repartir riquezas morales es tratar a todas las personas por igual. Sin eufemismos, sin etiquetas, sin cantos de sirena a la mediocridad ni a lo más ruin del ser humano.
¡Está en tu mano cambiarlo todo!
ME EXPRESO SABIENDO QUE VOLVERÁ.
Y TÚ, ¿TE EXPRESAS?
¿A qué esperas para leer esta nueva cápsula emocional, en exclusiva para los lectores y lectoras de Infoguadiato?
SERGIO DELGADO CINTAS





























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