Don Manuel Rivas siempre soñaba que, en este mundo, o se aprovechaban los momentos, o currela que te cundió.
Con su locuaz verborrea, lucidez en los pensamientos, abierto de mente —tal vez un tanto benevolente con su forma de instruir, educar y formar a sus descendientes—, pero con una mirada crítica hacia lo que estaba sucediendo.
Las principales etapas de la vida son la del descubrimiento y la de la formación. Nada se enseña si antes no ha sido descubierto.
Elegimos: amigos, parejas, casas, coches, mascotas… La obviedad no nos hace elegir: familia, hijos y el destino.
Don Manuel atravesó un pequeño bache emocional en su vida. Muchas veces maldecía su propia existencia. A su vida le faltaba estructuración, como a las frases que les faltan el sujeto, el verbo o el predicado.
Y entre tanto hastío en su mente, le vino el diagnóstico facultativo clínico de depresión.
Una depresión que lo llevó, a sus cincuenta años, a estar muerto en vida, a distorsionar su realidad, y a jugar a la ruleta rusa con el tío de la guadaña detrás de la puerta de su domicilio.
Un día de Año Nuevo, se levantó de mejor humor, ya que había comprobado que la vida que llevaba entre cuatro paredes oscilaba hacia la muerte.
Nunca pudo superar la muerte de sus padres. Era tal el vacío y tan hueco el amor sentimental que sentía —ya que no tenía pareja ni hijos— que contaba los días para despedirse de este mundo, algunas veces irracional.
Tan solo llevaba un rato en la calle aquel día de Año Nuevo cuando encontró la guía perfecta para planear futuros viajes.
Viajes con el calor de una compañía. Viajes donde descubrir la fragancia y el aroma del amor, el placer de comerse el mundo, y la belleza de encontrarse a sí mismo.
Todo cambió en la existencia de Don Manuel. Se salió de la norma y de los prejuicios, y como decía Víctor Hugo: “Todos los seres humanos somos almas de Dios”.
Y en esa estructuración consabida de Don Manuel, llegó a cambiar sus planes y a llenarlos de sabores todos los días de su vida hasta su fallecimiento.
Como siempre él decía: “Si todo esto es el final, que no me llegue mi día, para seguir disfrutando de la vida”.
Esta historia de Don Manuel Rivas es ficticia, pero puede ser real.
Va dedicada esta cápsula emocional de M’EXPRESO a todos aquellos y aquellas que han pasado o están pasando por la enfermedad silenciosa de la depresión.
Quien ha escrito este artículo ha pasado dos veces por una depresión, y como el personaje de esta historia, halló tanto en el descubrimiento como en la formación que, a través de los libros y las letras, está la palabra liberación. Esa liberación la lleva a cabo en sus escritos y como norma en su vida.
Así que, pase lo que pase, siempre hay que sacar lectura positiva de todo lo que nos suceda, y siempre viajar de la mano de nuestra compañera, la vida, hasta el final de nuestros días.
M’EXPRESO, AUNQUE SÍ TODO ESTO SEA EL FINAL.
¿Y TÚ, TE EXPRESAS?
¿A QUÉ ESPERAS PARA LEER ESTA NUEVA CÁPSULA EMOCIONAL EN EXCLUSIVA PARA LOS LECTORES Y LECTORAS DE INFOGUADIATO?
SERGIO DELGADO CINTAS





























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