Hoy he pasado caminando por la calle de Protección Civil y he escuchado un trozo de un testimonio muy duro y difícil de gestionar… Hablaba de alguien que había sufrido en sus carnes un yugo opresor, un cinturón que le apretaba y no le dejaba respirar. Era sobre violencia machista y no he podido quedarme a escuchar.
Yo no sé si la he sufrido ni, a estas alturas, puedo ni debo acusar a nadie. A mí me han llamado “garrula” por mi acento; no será violencia machista, pero sí violencia verbal… Me han dicho que cómo escribo bien si no sé hablar… En fin, quizá lo escuchado hoy me ha hecho reflexionar.
Yo tuve una buena vida: tuve una familia grande, una tranquilidad económica… No sé si también felicidad. He tenido que escuchar cosas como “sólo sabes meter la tarjeta”, “no vales ni para p**** debido a tu edad”, “te verás bonita en pantalón corto”… y a todo esto le di normalidad.
Hoy yo no acuso a nadie, ni denuncio, ni me quejo, porque todo lo aguanté sin rechistar… Yo tuve una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Mi objetivo era mantener unida a mi familia y pensaba que, si no hablaba, todo seguiría igual… Dejé a un lado sueños, vivencias y una vida profesional… Yo tuve una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Al final el destino está escrito, la vida es dura y todo tiene un final… Yo tenía una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Por avatares de la vida, hoy no tengo ni familia; sí sueños, aunque a veces se me venga el mundo encima… Tengo que seguir dando explicaciones por todo; tengo un diagnóstico favorable que creo que me voy a tatuar en la frente para que nadie me pregunte más. Haga lo que haga, o “estoy entretenida” o “tengo que mover el cerebro”… Yo tenía una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Admiro a esas mujeres valientes que un día dieron un paso al frente; yo fui cobarde y hoy me toca pagar las consecuencias… Yo tuve una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Hoy los menosprecios no vienen de la misma persona; ya no escucho que sólo sé meter la tarjeta, y eso me da tranquilidad, pero a cambio lo he perdido todo… Mi familia, mi casa, mi hogar. Supongo que gané con el cambio, aunque sigo añorando esa familia numerosa que un día creé… Los hijos son hijos de la vida y ya no sé si volverán.
Admiro a mi hija que, con 18, no quiere atarse, que vive para ella y sus estudios, que decide por sí misma y, sobre todo, se hace respetar… Yo tuve una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Admiro a esas mujeres aparentemente fuertes, capaces de contar su vida y de decir alto lo que sienten… Yo tuve una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Hoy no puedo decidir por mí misma si puedo tener un hogar, si puedo ser dueña de mi destino, si puedo dejar de luchar duro y a contracorriente, y ya estoy cansada de eso. Yo respeto a todo el mundo y me pongo en el lugar de los demás, aunque no lo crean; así es. Pero bueno, en mi caso, no puedo dejar de demostrar.
Yo tuve una buena vida, ¿quién me la quiere comprar?
Marta Cascado García






























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