Santiago Pando Quintanilla
En el corazón del siglo XIX, cuando la educación comenzaba lentamente a abrirse camino en los rincones rurales de España, la aldea de Pueblonuevo, entonces dependiente administrativamente del Municipio de Belmez, vivía aún en la sombra del olvido educativo. Hasta 1874, los niños y niñas de Pueblonuevo tenían que desplazarse a la vecina aldea de Peñarroya para recibir enseñanza, en una época en que los caminos eran de tierra y las distancias, mucho más largas.
Fue ese mismo año, 1874, cuando por fin se establecieron en Pueblonuevo dos escuelas, una para niños y otra para niñas, bajo la alcaldía de José Pablo Rivera. Las instalaciones —locales alquilados— y los salarios de los maestros eran sufragados por los ayuntamientos, una carga económica que muchas veces se traducía en desigualdades flagrantes.
Primeros nombres de la docencia
A pesar de no contar con documentación sobre quiénes fueron los primeros docentes oficiales en la aldea, sí se conocen los nombres de quienes ocuparon esas plazas poco tiempo después. En 1875, fue nombrada maestra interina Doña María Dolores Monsalve Morales, cubriendo una vacante, y cuatro años más tarde, en 1879, el maestro Don Aurelio Sánchez López fue designado interinamente tras la renuncia de su antecesor.
Ambos se convirtieron en figuras emblemáticas del magisterio local. Doña María Dolores Monsalve sirvió durante 29 años, jubilándose en 1904 con una pensión de 660,80 pesetas anuales, y Don Aurelio, por su parte, dedicó 35 años a la enseñanza, retirándose en 1914 con una pensión de 940 pesetas anuales.
Una educación marcada por la desigualdad
La comparación de los salarios y condiciones laborales de los maestros según el lugar donde ejercían deja entrever una clara discriminación hacia las aldeas, y en particular, hacia Pueblonuevo. En 1875, estas eran las cifras anuales:
- Belmez (cabecera del municipio):
- Maestro: 1.100 pesetas + 275 en material + 406 para vivienda
- Maestra: 733,50 pesetas + 183,37 en material + 275 para vivienda
- Peñarroya:
- Maestro: 750 + 155 + 160
- Maestra: 550 + 137,50 + 160
- Pueblonuevo:
- Maestro y Maestra: 365 pesetas, 91,25 en material, sin ayuda para vivienda
La diferencia era abismal. Mientras los maestros de Belmez y Peñarroya contaban con apoyo municipal considerable, en Pueblonuevo se carecía incluso de ayuda para alojamiento, una clara muestra del desdén institucional hacia esta comunidad que comenzaba a despertar social y económicamente.
Una deuda de reconocimiento
Los inicios de la enseñanza en Pueblonuevo no fueron fáciles. Fueron posibles gracias al esfuerzo de docentes pioneros, muchas veces sin recursos, y al anhelo de una población por ofrecer a sus hijos un futuro diferente. Aquellos primeros años marcaron el camino para una identidad educativa propia, que a pesar de las dificultades, fue creciendo con dignidad.
Hoy, al recordar estas historias, es justo rendir homenaje a quienes lucharon contra el olvido, a los maestros y maestras que, con poco más que su vocación, sembraron el primer grano de saber en las tierras del Pueblonuevo del Terrible.





























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