En mis sueños oníricos que tuve este pasado fin de semana anduve como un delfín en las aguas de una piscina cualquiera de nuestra zona de España. Allí, en ese sueño, entraba en la memoria de ese delfín en busca de su madre, aquella que lo crio y puso en práctica todos aquellos dotes donde le enseñaría lo bueno y lo malo que se iba a encontrar en el mundo marino.
Reclutado para usos lúdicos, este delfín encontró la suficiente inteligencia para soportar la pérdida de su madre, tristemente fallecida hace ya algunos meses. Ante esa pena y ante esa desolación, entró la autosuficiencia para animarse y para encontrar sentido a la vida tras tan triste pérdida existencial.
Con ella pasó los maravillosos años de su vida. Aprendió a amar sin límites. Lo cuidó cuando en edad temprana cayó enfermo. Y él supo recompensarle a su madre ciertos actos no normales que tuvo con ella cuando poco a poco se fue haciendo mayor.
Pero cuando su madre enfermó, este grisáceo delfín utilizó su inteligencia y su humanidad para entregarse en cuerpo y alma a ella. Estuvo en todo momento con su madre, hasta que sus fuerzas la hicieron rendirse.
El pasado fin de semana, este entristecido delfín tuvo un sueño. En él, su madre recobraba vida. Era un sueño tan real, pero a la vez insuficiente para que fuese cierto. Lo llamaba para jugar juntos en la piscina, y su sonrisa parecía eterna para este delfín.
Lástima que solo fue un sueño, un pequeño sueño donde, a través de las tinieblas y de las nubes blancas, veía a su madre como si estuviese viva. Pero al despertar se encontró con la realidad: fue solamente eso, un sueño.
Tendría que aceptar nuevamente que tendría que seguir viviendo sin ella. Y que seguramente su madre le daría todas sus fuerzas para que siguiera jugando en el mejor de los juegos: la vida.
Volvería el delfín a disfrutar de los juegos en la piscina, haciendo alarde de su felicidad ante niños y mayores, porque sabía que su madre, desde el cielo, estaría muy orgullosa de él. Nunca dejaría de sonreír ni de disfrutar, agradecido a ese sueño, porque necesitaba reencontrarse con su madre, aunque fuera solo en sueños.
EL SUEÑO DEL DELFÍN
MOTÍVATE a cargo de un sueño tan real como fantástico que tuvo el otro día el articulista que escribe esta columna emocional.
¿Estás motivado?
¿Y tú, te motivas?
MOTÍVATE con este artículo sobre reflexiones y pensamientos emocionales para los lectores y lectoras de Infoguadiato.
Sergio Delgado Cintas





























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