(Jardinero del Llano)
Ya que alguien lo menciona
en una prosa-poesía,
había un cuidador del Llano
que por Raimundo atendía.
Su indumentaria sencilla,
(a lo Cela y Gil),
del sobaco suspendía,
nos hablaba de otros tiempos
que de modas no entendía.
Eran tiempos de respeto…
de respeto y armonía.
Por eso no es de extrañar
que de su panza emergieran
más de sesenta botones,
o al menos lo parecía.
En los arcos tan frondosos,
alguien dice que meaba…
La selva, puesta por él,
su permiso le otorgaba.
También cuidaba el honor
de almas descarriadas,
pues hasta en la Quinta Avenida…
su labor consideraba.
Su manguera era tremenda,
desde el quiosco partía;
le daba tres vueltas al Llano,
pero no se retorcía.
Eran tiempos de respeto…
de respeto y armonía.
Honor y reconocimiento
al genial profesional;
petunias, rosas y lirios
recuerdan su Majestad.
RAIMUNDO: no se te ocurra volver,
¡presa tu selva ahora está!
En tiestos que, sin braguetas,
los perros suelen mear.
Victor Jurado





























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