Aquellos momentos a los que acudimos de forma delirante, en los cuales tomamos conciencia de que tenemos la daga en nuestras manos, lista para ser introducida en los corazones de las personas malhechoras. En ese éxtasis de noches frenéticas donde la bilirrubina coloreaba nuestro sex appeal y, en las azoteas, sonaban sutiles melodías.
En la plena madurez se descubren a los hombres justicieros sobre ese lienzo donde la daga hace de las suyas, incluso introducida en el mismo cuerpo para sanar viejas heridas y arrastrarnos hacia esa cierta desazón donde, en las noches de insomnio, descubrimos lo que verdaderamente nos importa: nuestra propia existencia.
Como pólvora activa y productiva, dada esta enigmática introducción, hoy lunes —y previa a nuestra Feria de Peñarroya en honor a Nuestra Señora Santísima del Rosario— queremos homenajear a nuestro vecino y amigo de la calle Huertas, Adrián Caballero Bejarano.
Un tipo de aquellos de pellejo duro y alma pura y limpia, que lo da todo por sus familiares y amigos. Hijo de Adrián Caballero y de Isidora Bejarano, les da siempre las gracias por su existencia y por haberle inculcado unos valores que ha sabido llevar a una vida donde el errar y el rectificar le han servido para sumar de dos en dos, y tener ese cierto trato con la vida que tanto le ha dado.
Su hermana Ascensión le ha dado la palabra de sangre de la lealtad, el cariño y la comprensión; junto a su sobrino Antonio, su hijo Adrián y sus nietos, le han sumado esos días de vino y rosas, aunque a veces le hayan privado o incautado de esa libertad que adquirió a marchas forzadas.
Amante de la cinegética, ostenta varios trofeos. Es un alumno y maestro aventajado de Miguel Delibes. Ante el aviso del huracán, aunque todo esto sea efímero, hay vicios que son básicos y necesarios, como el amor.
Ese gran amor lo encontró en los brazos de Elena Aldana, todo un torbellino que ha arrasado los cimientos de la felicidad de Adrián. Un cierto regusto, como buen colchonero, de ir partido a partido, día a día o minuto a minuto, de una larga vida que todavía les queda por saborear juntos.
Un hombre afín a sus ideales, y eso no le quita razón: es un hombre de palabra, y se puede confiar en él. Por eso le tenemos gran estima y le deseamos todo lo mejor que le pueda suceder en la vida.
Pasando a la acción, y en esta memoria desmedida, quiero trasladarle a mi amigo y vecino Adrián que, aunque la pólvora esté mojada y tenga días grises, debe dejar que le resbale todo aquello que le sea tóxico. Desechar todo lo que pueda afectar a su salud, porque alguien llorará más que tú. Y debes saber —porque pienso que te va a gustar— esto:
“La guerra que dura cien años corre a otra velocidad, porque sabe que esto que es la vida no se va a acabar.”
— Sergio Delgado Cintas
Volviendo a tu nueva vida, y esperando que disfrutes de la Feria de Peñarroya, quiero que te subas a las espaldas de la esperanza, que creas y tengas fe en ti. Déjate llevar por el narcótico sabor de unos labios que te quieren y te desean, y que nunca te abandonarán.
Quiero que sepas que este artículo, que te he realizado de forma novelada para tributar tu figura, querido amigo y vecino Adrián, es también parte de ese círculo de familiares y amigos que te quieren y se suman a este homenaje. Que te veas fortalecido, porque esta gran tormenta pasará y vendrán aquellas tempestades en forma de alegría.
Formas parte de la historia de Peñarroya-Pueblonuevo, y eres digno de aparecer en esta publicación. Desde Infoguadiato queremos reconocer tu labor como vecino ejemplar, siempre aportando tu sabiduría y tu forma de ser a nuestro pueblo.
Te queremos mucho, amigo y vecino.
Te lo mereces, Adrián.
SERGIO DELGADO CINTAS





























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