3 de diciembre de 2023

ALGO PASA EN LA  ESCUELA       

El pasado lunes 27 se celebró el Dia del Maestro por San José de Calasanz. Con tan fausto motivo alguien hizo circular por las redes una frase, una opinión de Pepe Múgica (ex presidente de Uruguay) relacionada con la educación que dice así:

En la casa se aprende a saludar, a dar las gracias, ser limpios, ser honestos, ser puntuales, ser correctos, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes y a los no tan semejantes, ser solidarios, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, cuidar la propiedad y la propiedad ajena, ser organizados…

En la escuela se aprende Matemáticas, Lenguaje, Ciencias, Ingles, Geografía, Geometría…y se refuerzan los valores que los padres y las madres han inculcado a sus hijos.

Y termina: no le pidamos al maestro que arregle los agujeros que hay en nuestro hogar.  

Sin desperdicio. Ante cosas tan sencillas y tan evidentes como ésta, la reacción normal de quienes la leen es asentir, estar totalmente de acuerdo sin titubear y compartirlo con otras personas antes de continuar con nuestras faenas respectivas sin reflexionar demasiado, sin preocuparse, no reconociéndose en los agujeros que enumera el autor de la frase y, por supuesto, sin hacer propósito de enmienda alguno.

Si la leyeron bien se dieron cuenta que la frase es pura retórica porque da por supuesto que es así como sucede en la realidad, en la práctica al establecer algo tan básico como los aprendizajes que corresponden a la casa, a la familia y los que corresponden a la escuela, a la institución escolar. Pero todos sabemos que no es así. Incluso, diría que es al revés, pues a menudo uno se encuentra con una infancia que no viene de casa educada precisamente porque alguien cree firmemente que para eso está la escuela. Y lo mismo sucede con los llamados deberes escolares que se procuran fuera del aula y así tenemos cada tarde una academia en cada casa.

Y precisamente porque no es así como dice Pepe Múgica es por lo que hay tantos conflictos hoy en día en las escuelas sin que, a la sociedad, a las comunidades educativas, al profesorado les inquieten demasiado. Desde luego, algo pasa en las aulas, en los patios escolares, en los entornos cercanos. Todos tienen o tenemos quejas sobre el tema, pero leo pocas descripciones, pocos análisis de los motivos. Algo debe estar pasando, pero no lo sabemos con certeza. Mi lema es que antes de preocuparse hay que ocuparse; antes de lamentarse hay que indagar, comenzando por lo que tenemos más cercano que somos nosotros mismos. Antes de mirar hacia fuera hay que mirar hacia dentro y tener la actitud necesaria como para reconocer errores educativos en nuestro entorno antes de buscarlos en los demás. Es aquello tan, tan clarividente como ver la paja en el ojo ajeno antes de ver la viga en el propio ojo.

Desde luego no voy a seguir por esta senda pues puede sonar a un sermón rancio y antiguo. Además, no hace falta quebrarse mucho la cabeza ni buscar muchas responsabilidades porque ya tenemos una bien clara y es el teléfono que se ha convertido, en la causa de todos los males que acaecen a esta sociedad, incluida la escuela. Pero no sabemos explicarlo porque resulta que el teléfono (entiéndase, las nuevas tecnologías) es el paradigma de la hipocresía, todos lo usamos y todos lo censuramos; todos reconocemos su perversión potencial, pero pocos se aplican el cuento.  Lo único que hacemos, porque se nos da bien, es criticar.

Desde luego, algo está pasando en la escuela y no lo voy a resolver en un artículo de opinión, pero urge aplicarse en organizar un debate primero individual y luego colectivo  en torno a un diagnóstico que, al menos , nos permita reconocernos en los síntomas de esta agitada situación que se prodiga con tanta facilidad y velocidad y que está provocando que nadie esté contento, que muchos educadores( padres y profesores) lo traduzcan en ansiedad y en parálisis : no saber qué hacer ni cómo actuar.

Sólo dos cosas tengo claras como opinador: uno, que la educación es cuestión de modelos o sea que el ejemplo es lo que educa y no las palabras. Y dos, que la escuela no puede dejar de ser el epicentro de la educación, vamos, que no puede ser sustituida por las redes.

Ahí lo dejo.

 

Enrique Monterroso Madueño

 

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